La ola de redadas migratorias de la administración del presidente Donald Trump tiene el objetivo de profundizar las divisiones entre los trabajadores con y sin papeles en Estados Unidos, e intensificar la explotación de todos.
Tanto los demócratas como los republicanos —los dos partidos principales de los gobernantes capitalistas— procuran garantizar la mano de obra inmigrante explotable que los grandes agricultores capitalistas y otros patrones necesitan. La administración de Joseph Biden excluyó o deportó a más de 4.6 millones de inmigrantes durante su mandato.
Trump ha hecho de la detención y deportación de inmigrantes un sello de su administración, utilizando medidas especialmente crueles para imponer el temor en una capa significativa de la clase trabajadora. O sea, crear condiciones que los patrones esperan que obliguen a los trabajadores a aceptar los ataques a sus salarios y condiciones de trabajo y de vida.
La cifra de arrestos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) es más del doble, y el número de trabajadores sin documentos encarcelados ha alcanzado un máximo histórico. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) afirma haber realizado unas 400 mil deportaciones.
A medida que el gobierno intensifica sus ataques contra los inmigrantes, una encuesta reciente del New York Times y de la Universidad de Siena reveló que hasta las personas que están a favor de deportar a los inmigrantes que entran al país ilegalmente están cada vez más incomodos con la magnitud de las redadas y la negación del derecho de estos trabajadores al debido proceso y a una audiencia judicial. Muchos están dispuestos a ofrecer solidaridad a estos trabajadores, muchos de los cuales han vivido en el país por muchos años.
Uno de los casos más conocidos es el de Kilmar Abrego García, un aprendiz de chapa de 30 años de edad y miembro del sindicato de trabajadores de ferrocarriles y transporte SMART-TD. El ICE lo deportó a una prisión de máxima seguridad en El Salvador sin una audiencia, a pesar de que un fallo judicial había prohibido su deportación.
Abrego García, con el apoyo de su sindicato, está ahora de regreso en Estados Unidos luchando por su libertad.
Construir el movimiento obrero
El hecho de que un gran número de trabajadores inmigrantes han convivido y trabajado junto a los trabajadores nativos durante décadas está creando oportunidades para resistir los ataques del gobierno. Se enfrentan a los mismos ataques a su nivel de vida. Han participado juntos en algunas luchas sindicales.
El jardinero Narciso Barranco fue detenido por ICE mientras podaba arbustos en un restaurante IHOP en Santa Ana, California, el 21 de junio. Barranco, nacido en México, lleva 30 años viviendo en Estados Unidos. El DHS dice que amenazó a los agentes con la desbrozadora cuando lo confrontaron. Lo rociaron con gas pimienta, lo golpearon, lo encadenaron y lo arrestaron.
Barranco le pidió a su hijo Alejandro que vendiera la camioneta que usa en su negocio de jardinería para poder contratar a un abogado. Pero Alejandro y sus dos hermanos abrieron una cuenta de GoFundMe, donde explicaron el caso de su padre y recaudaron más de 200 mil dólares en contribuciones. Además de financiar su defensa legal, parte del dinero se depositó en la cuenta de Narciso Barranco. Lo usó para comprar comida para otros detenidos en el centro del ICE y para que los presos pudieran llamar a sus familias.
Sus hijos establecieron contacto con un grupo local de derechos de los inmigrantes y organizaron una vigilia y una marcha en apoyo de su padre.
Veinticuatro días después de su arresto, Barranco fue puesto en libertad. “Hay mucha más gente pasando por situaciones como esta”, dijo Alejandro Barranco a la prensa. “Me di cuenta de que esto es más grande que nosotros”.
En Rochester, Nueva York, agentes del ICE hicieron una redada en una obra de construcción el 9 de septiembre y arrestaron a un trabajador que estaba trabajando en un tejado. Otros dos que también estaban allí se negaron a bajar. Unas 100 personas se congregaron en el lugar para protestar contra la redada, organizados por grupos de derechos de los inmigrantes e iglesias locales. Después de cuatro horas en espera los agentes del ICE se retiraron. Los dos trabajadores lograron escapar.
No todas estas luchas terminan en una victoria. Harjit Kaur, costurera de 73 años de edad, fue arrestada en San Francisco el 8 de septiembre. Cientos de personas se unieron a una protesta contra su detención el 12 de septiembre. A pesar de haber vivido en Estados Unidos durante más de tres décadas, Kaur fue deportada a la India.
Estas luchas cuentan con un amplio apoyo de la clase trabajadora. Sin embargo, los medios de comunicación se centran en los enfrentamientos y asaltos a las instalaciones del ICE perpetrados por Antifa, y de otros grupos e individuos radicales de clase media woke.
Joshua Jahn, por ejemplo, se subió a un edificio aledaño a un edificio de ICE en Dallas el 24 de septiembre y abrió fuego contra este. Mató a un inmigrante detenido e hirió a otros dos antes de suicidarse. Escribió “ANTI-ICE” en sus balas.
La administración de Trump aprovechó los enfrentamientos con grupos de enmascarados vestidos de negro frente a una instalación del ICE en Oregón como justificación para ordenar el despliegue de la Guardia Nacional en Portland el 28 de septiembre.
El gobierno está probando hasta dónde puede llegar con el despliegue de tropas como fuerza represiva en el país. Es parte de preparar el terreno para su uso en guerras futuras en el extranjero y contra los sindicatos y otras luchas obreras futuras en Estados Unidos.
Los sindicatos deben tomar el liderazgo de las luchas contra las deportaciones. Una lucha por la amnistía para todos los trabajadores sin papeles en Estados Unidos liderada por los sindicatos puede unificar a la clase trabajadora y fortalecer a los sindicatos en la lucha por los intereses de todos los trabajadores.