Al centro de los debates en la Asamblea General de las Naciones Unidas se encuentran los intentos contrapuestos de todas las potencias imperialistas y otras clases dominantes para poner fin u obstruir la guerra defensiva de Israel contra Hamás. Cada potencia espera obtener una parte de la explotación de los recursos naturales y de los trabajadores del Medio Oriente.
Desde Francia hasta el Reino Unido, desde Canadá y Australia hasta Estados Unidos, los gobernantes imperialistas están tratando de obligar a Israel a aceptar un alto el fuego que dejaría a Hamás intacto para preparar más pogromos.
Hamás masacró a 1,200 personas, lesionó a miles más y violó y mutiló a mujeres el 7 de octubre de 2023, el peor pogromo antijudío desde el Holocausto. Aún mantiene a 20 rehenes que se cree que siguen vivos y los cadáveres de otros.
En vísperas de las reuniones de la ONU, Hamás publicó un vídeo que muestra a sus escuadrones de la muerte ejecutando públicamente a tres hombres en la Ciudad de Gaza acusados de ser colaboradores de Israel. Casi simultáneamente, publicó otro video de Alon Ohel, a quien tomaron como rehén en el festival de música Nova el 7 de octubre. Ha permanecido retenido en condiciones horrendas durante más de 700 días. La publicación del video “constituye terror psicológico”, dijeron sus padres.
El 24 de septiembre, las Fuerzas de Defensa de Israel publicaron un video que muestra a combatientes de Hamás disparando contra tropas israelíes desde posiciones en el Hospital Shifa de la Ciudad de Gaza. Para Hamás, los civiles son escudos humanos y potenciales “mártires” de su despiadada guerra contra Israel.
La brutalidad de Hamás subraya lo que sus líderes han dicho repetidamente: su objetivo es matar o expulsar a todos los judíos y destruir a Israel.
A pesar de ello, los gobiernos imperialistas de Australia, Canadá, Francia, Portugal y el Reino Unido han anunciado que reconocerían un estado palestino como parte de una “solución de dos estados”.
“¿Por qué todos estos países están reconociendo ahora a Palestina?”, se jactó el líder de Hamás, Ghazi Hamad, el 2 de agosto. Debido al “duro golpe que recibió Israel el 7 de octubre”.
Keir Starmer, primer ministro del Reino Unido, dijo en su declaración: “Hamás no puede tener futuro, ni papel en el gobierno, ni papel en la seguridad” en Gaza. Pero la única fuerza capaz de garantizarlo es Israel, que ahora controla al menos el 75% de Gaza y está avanzando en su ofensiva contra el grupo antijudío.
“Al legitimar una entidad estatal mientras Hamás sigue controlando Gaza y continúa su campaña de terror, no se está promoviendo una solución; sino se está prolongando el conflicto”, dijo en un comunicado Emily Damari, ciudadana con doble nacionalidad británica e israelí que sobrevivió 471 días en cautiverio de Hamás.
‘Plan’ de la Casa Blanca para Gaza
El presidente Donald Trump rechazó el llamado al reconocimiento de un estado palestino, afirmando que sería una “recompensa” por las atrocidades de Hamás. Trump tiene su propio plan para imponer la estabilidad en la región y así promover los intereses imperialistas norteamericanos. De hecho, la mayor presión sobre Israel para que ponga fin a la guerra proviene de la clase dominante de Estados Unidos.
“Tenemos que detener la guerra en Gaza inmediatamente”, dijo Trump ante la Asamblea General de la ONU el 23 de septiembre.
Más tarde esa noche, Trump se reunió con representantes de los gobiernos de Qatar, Arabia Saudita, Indonesia, Turquía, Pakistán, Egipto, los Emiratos Árabes Unidos y Jordania. Comenzó la reunión con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, a su lado. El gobierno turco rompió prácticamente todas sus relaciones comerciales con Israel después del 7 de octubre.
Cuando la ONU fue constituida el 24 de octubre de 1945, apenas dos meses después del final de la Segunda Guerra Mundial, Washington la vio como una herramienta del imperialismo norteamericano para promover la supremacía mundial que había ganado en la guerra. Pero la ONU se ha vuelto menos útil para los gobernantes estadounidenses.
En Gaza y otras partes, sus agencias se han convertido en facilitadoras y apologistas de Hamás. Un informe de 72 páginas del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, publicado el 16 de septiembre, acusó a Israel de “genocidio” en Gaza. Ignora todos los hechos: el objetivo de Hamás de aniquilar a Israel; su armamento y financiamiento por Teherán; los años de preparación para un nuevo Holocausto, incluido la construcción de un masivo sistema de túneles.
En cambio, el informe afirma que los ataques de Hamás del 7 de octubre “fueron brutales crímenes de guerra, pero no representaron una amenaza existencial para el estado de Israel”. Sin embargo, el grupo de carácter nazi ha dejado claro que sus objetivos son una “amenaza existencial” para el pueblo judío y para cualquier trabajador árabe o inmigrante que trabaje con judíos.
¿Autoridad Palestina en Gaza?
Una característica común de todos los planes imperialistas para una Gaza de posguerra —incluidos algunos impulsados por Trump— es poner al mando a la Autoridad Palestina. La Autoridad Palestina, que administra gran parte de la Ribera Occidental, se describe como corrupta e incompetente, pero “mejor” que Hamás.
El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, intenta presentarse como una alternativa confiable frente a Hamás, que reconoce la existencia de Israel y es amigo de los judíos.
Pero durante décadas la Autoridad Palestina ha fomentado el mismo odio antijudío que está en el corazón de la existencia de Hamás.
Gazatí: Hamás inició esta guerra
Los trabajadores de Gaza siguen encontrando maneras de expresar su oposición al dominio de Hamás. “Dondequiera que van, hay destrucción y ruina”, dijo una mujer de Gaza en un video reciente publicado en línea. “Lo que ocurrió el 7 de octubre no nos representa a nosotros”.
“Si hubiera aceptado la entrega de los rehenes desde el principio, se hubieran podido evitar estas masacres al pueblo de Gaza, y no habríamos llegado hasta aquí”, publicó otro gazatí en su cuenta de Facebook.
Derrotar a Hamás evitaría un nuevo Holocausto en el Medio Oriente y eliminaría el mayor obstáculo para que los trabajadores —judíos, árabes, drusos, cristianos, inmigrantes y más— encuentren formas de unirse y defender sus propios intereses de clase.
