El debate en la Asamblea General de Naciones Unidas comenzó el 23 de septiembre. El tema central fue la lucha de Israel para destruir a Hamás y prevenir otro Holocausto. Esto es de vital importancia para el pueblo trabajador en todo el mundo.
El pueblo israelí está siendo atacado desde muchos frentes. Francia, el Reino Unido y otras potencias imperialistas se pronunciaron por primera vez a favor del reconocimiento de un estado palestino, a la vez que se oponen a la guerra de Israel. Dada la realidad actual en el Medio Oriente, un estado palestino solo sería un ente controlado por Hamás. Hamás ha declarado abiertamente que no descansará hasta que Israel sea destruido y se mate o expulse a todos los judíos.
El gobierno de Estados Unidos dice que se opone a la decisión de París y Londres. Pero Washington también es un obstáculo para prevenir un nuevo Holocausto. No le interesa ni Israel ni los judíos. Los gobernantes capitalistas norteamericanos buscan poner fin a la guerra e imponer una “Pax Americana” para defender su ambición de saqueo y poder en el Medio Oriente.
Nada beneficioso para la clase trabajadora puede salir de la ONU. En enero de 1919, V. I. Lenin, el líder de la Revolución Bolchevique de 1917 en Rusia, denunció a la recién creada Liga de las Naciones, la antecesora de la ONU, como “un nido de ladrones”. La Liga acababa de ser fundada por los vencedores imperialistas de la Primera Guerra Mundial.
Dijo que era «una farsa de principio a fin». Se creó para imponer “una paz de usureros, una paz de opresores, una paz de carniceros, porque Alemania y Austria fueron saqueadas y repartidas”, y el 70% de la población mundial vivía en servidumbre.
Veinticinco años después, Washington creo una nueva guarida de ladrones, las Naciones Unidas, en connivencia con Londres y los gobernantes estalinistas en Moscú. Washington buscaba imponer su “paz” y “seguridad” manchadas de sangre para dominar el mundo, como vencedor de la segunda carnicería imperialista mundial, y ejercer un poder policial sobre el orden mundial posterior a la guerra.
La brutal guerra que Washington libró contra el pueblo coreano de 1950 a 1953 se llevó a cabo con el auspicio de la ONU, con sus “fuerzas de paz” en cascos azules, al igual que su intervención en el Congo en 1960 y numerosas injerencias posteriores.
Hoy, ese antiguo orden mundial —y la ficción de que la ONU es un organismo mundial que está por encima de los conflictos entre las potencias capitalistas— se está desmoronando, a medida que el dominio de Washington se debilita y crecen las rivalidades entre los gobiernos imperialistas y sus competidores capitalistas, desde Beijing a Moscú.
El único camino hacia la liberación de la clase trabajadora, el fin de las guerras imperialistas y la amenaza de una aniquilación nuclear es la creación de un partido revolucionario capaz de liderar a la clase trabajadora y a sus aliados oprimidos para tomar el poder político.