Después de que el pueblo trabajador cubano derrocara en 1959 a la dictadura de Fulgencio Batista y tomara el poder, el país se transformó en una potencia deportiva. Cuba está a la cabeza de todas las naciones de América, con excepción de Estados Unidos, en cuanto al número de medallas de oro ganadas en los Juegos Panamericanos y los Juegos Olímpicos de verano.
La respuesta del gobierno estadounidense, tanto bajo administraciones republicanas como demócratas, ha sido ponerle obstaculos a los equipos cubanos, negandoles progresivamente las visas necesarias para competir en torneos en Estados Unidos y la colonia estadounidense de Puerto Rico.
Este año, casi todos los equipos cubanos han sido blancos de estos ataques, desde los atletas de pista y campo que fueron impedidos de participar en el Campeonato Mundial de Atletismo Máster en Florida hasta los jugadores de tenis de mesa que fueron excluidos de la Copa Panamericana en California.
Cuba, que no es conocida por sobresalir en el baloncesto, derrotó al gran favorito en 2024, el equipo de Estados Unidos, ante un animado público en La Habana. Los jugadores cubanos esperaban con gusto una revancha en Puerto Rico. Esta no ocurrirá, ya que las autoridades estadounidenses les han negado las visas.
La selección cubana de voleibol femenino fue una vez el número uno del mundo, con tres medallas olímpicas de oro. Este año, con una nueva plantilla de jugadoras prometedoras, aspiran a ser una de las contendientes principales. Pero en una decisión particularmente cruel, Washington les negó visas a las atletas, entrenadores y oficiales para un torneo en Puerto Rico. Esto limita drásticamente su capacidad de alcanzar la clasificación necesaria para competir en los próximos Juegos Olímpicos. “La decepción fue enorme”, dijo la jugadora Laura Suárez a Associated Press.
Los cubanos son conocidos por su pasión por el béisbol y sus equipos han ganado numerosos títulos. En 2006, cuando se les prohibió participar en el Clásico Mundial de Béisbol, las protestas obligaron a Washington a ceder.
En 2023, el equipo cubano —compuesto por jugadores residentes en Cuba y cubanos que formaban parte de equipos de las Grandes Ligas en Estados Unidos— participó en las semifinales del Clásico Mundial de Béisbol en Miami. Opositores de la Revolución Cubana intentaron interrumpir el partido, pero la mayor parte del público apoyó al equipo cubano. Hasta el momento, el gobierno estadounidense le ha prohibido al equipo cubano regresar a Miami para el Clásico Mundial de Béisbol de 2026 en marzo. Partidarios del derecho de Cuba a participar están protestando, pero el tiempo se está agotando.
Las autoridades estadounidenses dicen que impiden la participación de los atletas cubanos en Estados Unidos porque Cuba es un “estado patrocinador del terrorismo”. Lo absurdo de todo esto quedó en evidencia este verano cuando a los entrenadores de un equipo de softbol compuesto por niñas cubanas de 9 y 10 años se les negaron las visas, lo que impidió que el equipo participara en la Serie Mundial de Pequeñas Ligas en Puerto Rico.
Los despiadados ataques de Washington contra los atletas y aficionados cubanos son parte de la guerra económica, política y militar que Washington ha librado por décadas para estrangular la Revolución Cubana, incluyendo sus logros en los deportes.
Antes de la revolución de 1959, eran los ricos en Cuba quienes controlaban los deportes. Después de que el gobierno revolucionario liderado por Fidel Castro reemplazara al régimen capitalista, la práctica del deporte fue abierta para los trabajadores de todas las edades, tanto en el campo como en la ciudad.
La educación física pasó a ser parte del currículum escolar y se construyeron instalaciones deportivas por toda la isla. Se organizaron torneos en las comunidades.
A diferencia de Estados Unidos, el deporte cubano no es un negocio con fines de lucro, con altos precios de entrada y reglas de juego que conducen a las lesiones de los jugadores. Ya que los atletas no reciben grandes salarios, ni se enriquecen con patrocinios corporativos, compiten principalmente por el reconocimiento y la pasión por el deporte, y para mostrar orgullo por su país. Una víctima de la guerra económica de Washington contra Cuba ha sido el deterioro de las instalaciones deportivas.
En 2001, Castro inauguró una escuela deportiva en Cuba donde atletas de otros países podían recibir entrenamiento gratuito. “Cuba lucha hoy prácticamente en solitario contra un repugnante mercachiflismo que se ha introducido en el deporte”, dijo.
Castro era conocido por su amor al deporte y su entusiasta apoyo a los héroes atléticos cubanos. Pero en este discurso, enfatizó que el deporte y el ejercicio físico no se tratan principalmente de medallas, sino del disfrute, la salud y el bienestar cotidiano de todos.