Los gobernantes capitalistas de Estados Unidos han impuesto un acuerdo de “paz” en el Medio Oriente que ha aplacado los combates en Gaza, dándole a Hamás espacio para recuperarse. Los imperialistas norteamericanos pretenden reconfigurar la región para su propio beneficio. Pero la guerra por el control de Gaza continúa.
Hamás ha desatado un régimen de terror contra los palestinos para imponer su dominio dictatorial. Ha aplastado cualquier avance hacia las luchas del pueblo trabajador. Se está reconstruyendo para perpetrar más pogromos contra los judíos.
Hamás nunca tuvo intención de deponer las armas, ni de renunciar a su objetivo de destruir Israel y exterminar a los judíos. Cada paso que toma hoy en día está dirigido a impulsar esos objetivos.
El plan de “paz” de Washington preserva intacto al grupo. La Casa Blanca propuso que el gobierno de Turquía, con un largo historial de apoyo a Hamás, aporte tropas para vigilar la “paz” en Gaza. El desplazamiento de las fuerzas armadas turcas en Gaza amenazaría la existencia de Israel, e Israel ha rechazado la “oferta”.
Solo la derrota decisiva de Hamás por las fuerzas israelíes y la incorporación de Gaza a Israel, de una forma u otra, pueden prevenir que Hamás lleve a cabo un nuevo Holocausto.
El odio antijudío no es una cuestión del Medio Oriente. Es una característica permanente de la época imperialista a nivel mundial. Los judíos son utilizados como chivos expiatorios para desviar la atención de sectores de la clase media que se encuentran al borde de la ruina y trabajadores desmoralizados del verdadero origen de los problemas que confrontan: el funcionamiento del propio sistema capitalista.
A medida que la crisis se profundiza, fuerzas fascistas se prestarán para servir a la clase capitalista. Serán desatadas contra la clase trabajadora y los sindicatos. Derrotar el odio antijudío es una cuestión crucial para los trabajadores de todo el mundo.
La defensa de la existencia de Israel —hogar para la mitad de los judíos del mundo— es parte fundamental de la lucha contra el odio antijudío y de la lucha para evitar que el imperialismo conduzca a la humanidad hacia el fascismo y una tercera guerra mundial.
En Estados Unidos el odio antijudío se ha vuelto cada vez más común entre sectores de la izquierda de clase media y grupos entrenados por el estalinismo, y está siendo normalizado en la política burguesa. Los judíos no pueden depender de los partidos imperialistas como los demócratas o los republicanos para que los defiendan. Combatir el odio antijudío, dondequiera que surja, recae sobre la clase trabajadora y nuestros sindicatos.
Muchos trabajadores han visto el trato bárbaro de Hamás hacia los palestinos en las últimas semanas. Esto brinda la oportunidad para explicar el carácter nazi del grupo y lo que está en juego en la lucha para derrotarlo. Las raíces de Hamás se encuentran entre las fuerzas que colaboraron con los nazis de Hitler durante la Segunda Guerra Mundial para extender el Holocausto al Medio Oriente. Hamás toma de modelo a los escuadrones de la muerte nazis para sus ataques contra judíos y palestinos.
Las Fuerzas de Defensa de Israel son la única fuerza capaz de desmantelar a Hamás. Ningún gobierno árabe se comprometerá a enviar tropas para combatir a Hamás en Gaza. Integrar Gaza a Israel hoy es la única manera de llevar esa lucha hasta el final y asegurar las fronteras de Israel.
Libre del terror de Hamás, el pueblo trabajador de todas las nacionalidades —palestino, judío y otras innumerables nacionalidades en la región— estará en mejores condiciones para impulsar la lucha por sus intereses de clase y forjar alianzas. Siguiendo ese rumbo los trabajadores podrán forjar sus propios partidos políticos para impulsar la lucha contra las décadas de explotación capitalista y opresión imperialista en el Medio Oriente, y a favor de las aspiraciones nacionales de todos los habitantes de la región, incluso los judíos.
Mientras exista el capitalismo, el odio antijudío brotará de sus entrañas. Pero el dominio capitalista no es permanente. La revolución encabezada por los bolcheviques en Rusia en 1917 y la Revolución Cubana en 1959 muestran que, con liderazgo los trabajadores somos capaces de tomar el poder y transformar la sociedad. Los bolcheviques situaron la lucha contra el odio antijudío en el centro de su programa, en un país donde los pogromos zaristas eran legendarios.
Para unirte hoy a esta batalla, únete al Partido Socialista de los Trabajadores.