Los líderes de Hamás dejan claro que no tienen intención de desarmarse, renunciar a su brutal control sobre Gaza ni abandonar su objetivo de destruir Israel y eliminar a los judíos. A medida que pasan las semanas sin que se tomen medidas para desarmar a Hamás, crece el envalentonamiento de los matones pronazis.
Si Israel quiere sobrevivir como refugio para los judíos, tarde o temprano tendrá que pasar a la ofensiva para destruir a Hamás e incorporar más territorio de Gaza a Israel. Ninguna otra fuerza es capaz de hacerlo.
Con Israel controlando el 53% de Gaza y Hamás el resto, la “línea amarilla” que separa ambos territorios se ha convertido en “una nueva frontera”, dijo el Teniente General Eyal Zamir, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel el 8 de diciembre. Esto coloca a Israel en una mejor posición para impedir ataques de Hamás pero no elimina la causa principal de las guerras allí: el uso por parte de Hamás del territorio que controla para preparar pogromos antijudíos.
Si bien Israel controla la mayor parte del territorio, Hamás mantiene un control casi dictatorial sobre la gran mayoría de la población de Gaza.
Un aspecto central de la estrategia de Hamás siempre ha sido utilizar la muerte de palestinos para convencer a la opinión pública burguesa mundial de que Israel tiene la culpa. De hecho, estas muertes ocurren porque Hamás expone deliberadamente a los civiles a las represalias israelíes por sus ataques contra los judíos.
“El fin de la guerra se declaró hace dos meses, pero la batalla no ha terminado”, dijo Khaled Mashaal, dirigente de Hamás, en la conferencia del Pacto por Jerusalén celebrada en Estambul el 6 de diciembre. Se jactó de que la Inundación de Al-Aqsa —el nombre que Hamás da al sangriento pogromo perpetrado el 7 de octubre de 2023 en Israel— ha “preparado el ámbito internacional” para tratar a Israel como un “paria”.
“La resistencia y sus armas son el honor y la gloria de la nación islámica”, afirmó Mashaal. Rechazó “toda forma de tutela” sobre Gaza, Ribera Occidental y “toda Palestina”, lo que representa un rechazo al plan del presidente Donald Trump de que una fuerza internacional ocupe Gaza.
Al día siguiente, Bassem Naim, dirigente de Hamás, dijo a Associated Press que Hamás vería con agrado una fuerza de la ONU, pero solo a lo largo de la frontera como barrera para bloquear a las Fuerzas de Defensa de Israel.
Hamás reconstruye escuadrones de la muerte
Hamás está aprovechando el alto el fuego impuesto por Washington para reconstruir su maltrecho ejército de escuadrones de la muerte, intimidar a los palestinos de Gaza que se resisten a su brutal régimen y acumular arsenales para uso futuro contra los judíos e Israel.
Cada semana aparecen nuevos reportes de palestinos golpeados, torturados o ejecutados por matones de Hamás, o de empresarios secuestrados y retenidos para pedir rescate.
Mientras tanto, la administración de Trump sigue intentando convencer a gobiernos de países de mayoría musulmana a que acepten enviar tropas para integrar la “Fuerza Internacional de estabilización” prevista en su plan de “paz” para Gaza.
El gobierno turco insiste en que se le permita enviar miles de sus tropas como parte de esta fuerza. El gobierno israelí lo ha vetado. Y con razón.
El gobierno turco se ha opuesto vehementemente a la guerra defensiva de Israel y acoge a los líderes de Hamás. Un funcionario turco declaró al Jerusalem Post: “Los estadounidenses también mucho desean nuestra presencia allí” y han estado presionando a Israel para que lo permita.
“Israel viola el alto el fuego a diario”, dijo Hakan Fidan, ministro de asuntos exteriores de Turquía. Dijo que el gobierno turco quiere que Hamás sobreviva intacto. “El desarme no puede ser la primera etapa de este proceso”, afirmó, añadiendo que el papel de la fuerza de estabilización debería ser “vigilar la paz, no imponerla”.
Los gobernantes estadounidenses quieren el fin de la guerra en Gaza. La consideran un obstáculo para el avance de sus propios intereses económicos, políticos y militares en el Medio Oriente. No les preocupa defender a los judíos en Israel, o los derechos de los palestinos.
Minorías árabes en ejército israelí
El pogromo del 7 de octubre y los golpes de Israel a Hamás, Hezbolá en el Líbano y a los gobernantes de Irán que ayudaron a orquestar la masacre, han fortalecido la determinación de los trabajadores israelíes de enfrentarse a Hamás y defender la existencia de Israel. Con todas las contradicciones inherentes a un país capitalista, el gobierno israelí es el único en el mundo que ofrece a los judíos un refugio incondicional y lo defiende con las armas en la mano. Sin esto, podría producirse un nuevo Holocausto.
Dentro de Israel, la determinación de defender la existencia del país se extiende a las minorías de habla árabe, que representan alrededor del 20% de la población. Cuando los escuadrones de la muerte de Hamás asesinaron a 1,200 personas en su pogromo del 7 de octubre, había 24 árabes israelíes y más de 50 trabajadores inmigrantes entre los asesinados.
“Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) observan un fuerte aumento en el alistamiento de drusos, beduinos y cristianos árabes”, se titulaba un artículo del 6 de diciembre en el Jerusalem Post. “El cambio más sorprendente ha surgido en los Altos del Golán, hogar de más de 20 mil drusos”, dijo el Post. Desde que Israel anexó los Altos del Golán en 1981, la mayoría de los drusos que viven allí no han obtenido la ciudadanía israelí y no están sujetos al servicio militar obligatorio, a diferencia de los drusos de otras partes de Israel.
Por lo menos 300 drusos del Golán se han alistado voluntariamente en las FDI desde el inicio de la guerra en Gaza. Los ataques aéreos israelíes ayudaron a defender a los drusos en Siria este verano cuando fueron atacados por diversas fuerzas, incluidas tropas del nuevo régimen del presidente Ahmed al-Sharaa.
Un pequeño pero creciente número de palestinos musulmanes se ha ofrecido como voluntarios para servir en unidades de combate del ejército, dijo Safi Ibrahim, druso y coronel de las Fuerzas de Defensa de Israel. “No importa de qué grupo minoritario provengan, todos vieron la crueldad del 7 de octubre y se dieron cuenta de que al enemigo no le importaba si era una mujer beduina con un pañuelo en la cabeza o un judío de un kibutz”, dijo Ibrahim al Post.
