Como parte de su bloqueo de los puertos iraníes, los gobernantes norteamericanos continúan acumulando fuerzas militares en el Medio Oriente, amenazando a Teherán con nuevos bombardeos y ataques militares junto con el colapso de la economía iraní, si no cede a las exigencias de Washington.
El USS George H.W. Bush llegó el 23 de abril, sumándose a otros dos portaviones y a decenas de miles de tropas en la región. El Grupo Anfibio del USS Boxer, con otros 4,200 efectivos, está en camino.
“Las fuerzas norteamericanas no están allí para ayudar a los pueblos de Irán, ni para defender la existencia de Israel como refugio frente al odio antijudío y la amenaza de otro Holocausto”, explica a los trabajadores Paul Mailhot, candidato del Partido Socialista de los Trabajadores a gobernador de Nueva York, cuando hace campaña. “Están allí para promover el dominio imperialista norteamericano y el saqueo de la región. Los trabajadores de todo el mundo deben exigir la retirada de todas las tropas, bases y buques de guerra de Estados Unidos del Medio Oriente y abogar por la defensa de Israel como refugio para los judíos”.
La prensa burguesa —desde el New York Times hasta el Wall Street Journal— califa las pequeñas lanchas rápidas de Teherán como grave amenaza para el imperialismo norteamericano, a pesar de que Washington devastó la armada, fuerza aérea, defensas antiaéreas, lanzamisiles y fábricas de armas de Teherán durante su guerra de 40 días. Dan a entender que la prórroga del alto el fuego por parte de la administración Trump prueba que el régimen reaccionario de Irán ha salido fortalecido.
La realidad es muy diferente.
Las fuerzas navales norteamericanas han obligado a decenas de petroleros y otros buques involucrados en el comercio con Teherán a dar marcha atrás, y han interceptado buques con petróleo iraní a miles de millas del Golfo Arábigo-Pérsico.
Cerca del 90% de la economía de Irán depende del comercio marítimo internacional. Con buques cisterna impedidos de cargar petróleo iraní por el bloqueo, la industria petrolera del país se está quedando sin espacio de almacenamiento. Si eso ocurre, Teherán tendrá que empezar a cerrar pozos petroleros. El hacerlo, aún por un breve periodo, conlleva el riesgo de dañar permanentemente los yacimientos petrolíferos, y las ganancias de los gobernantes capitalistas de Irán.
En busca de aliados para presionar a Washington a poner fin al bloqueo, Abbas Araghchi, el ministro de asuntos exteriores iraní, se reunió con funcionarios en Pakistán y Omán los días 25 y 26 de abril, y posteriormente con el presidente ruso, Vladímir Putin. Putin le dijo a Araghchi que Moscú hará cuanto esté a su alcance “para que se logre la paz lo antes posible”. Esa es una forma de decir que Moscú no tiene planes de hacer nada más.
Aunque Moscú y Beijing han sido socios comerciales clave de Teherán y han proporcionado cierta ayuda militar, ninguno de ellos busca provocar un enfrentamiento grave con Washington ni poner en riesgo sus relaciones con los demás gobiernos del Golfo.
Teherán no tiene las “cartas”
Sin embargo, Mohammad Bagher Qalibaf, presidente del parlamento iraní, dijo que Teherán aún tiene importantes “cartas” que jugar.
Pero, la única “carta” con la que cuenta —salvo iniciar nuevos ataques con misiles y drones en todo el Medio Oriente— son sus lanchas rápidas que amenazan a los buques que intentan cruzar el Estrecho de Ormuz sin el permiso de Irán. A pesar del alto el fuego, las fuerzas iraníes han abordado y tomado posesión de varios buques portacontenedores. Esto afecta más directamente a los competidores de los gobernantes estadounidenses.
El presidente Donald Trump advirtió el 23 de abril que las fuerzas estadounidenses destruirán todo buque iraní que coloque minas en el Estrecho de Ormuz. Su advertencia no incluyó ordenar a las fuerzas iraníes cesar de apoderarse de buques de otras naciones.
Eso no es un descuido. Solo el 7% del petróleo utilizado en Estados Unidos pasa por el Estrecho de Ormuz. Pero China importa cerca del 70% del petróleo que consume, con la mitad proveniente del Medio Oriente, especialmente de Irán. Japón, India y Corea del Sur, entre otros países, dependen especialmente del transporte marítimo a través del estrecho.
Beijing ha sido forzado a reanudar la compra de gas natural licuado y petróleo crudo de Estados Unidos, dado que Washington ha extendido su control sobre los mercados petroleros mundiales en el transcurso de su guerra en Irán y su intervención militar en Venezuela en enero.
Ganancias de empresas EEUU
Estados Unidos es el mayor productor mundial de petróleo crudo. Las exportaciones estadounidenses de crudo y otros productos petrolíferos aumentaron de 11 millones de barriles diarios al comienzo de la guerra a un máximo histórico de casi 12.9 millones a mediados de abril. Esto es un gran aumento en ganancias.
Araghchi presentó nuevas propuestas, afirmando que Teherán pondría fin a sus ataques en el Estrecho de Ormuz a cambio de garantías de que no se llevarían a cabo más operaciones militares estadounidenses o israelíes contra Irán o Hezbolá en Líbano. A esto seguirían conversaciones sobre “la administración del Estrecho de Ormuz”, un eufemismo para el control de Teherán sobre tráfico marítimo. Solo más adelante estaría Teherán dispuesto a discutir su programa nuclear.
El secretario de estado Marco Rubio respondió en nombre de Washington el 27 de abril, diciendo que “la cuestión nuclear es la razón por la que estamos aquí en primer lugar”. Dijo que Washington no permitiría que Teherán “decida quién tiene derecho a utilizar una vía navegable internacional y cuánto se les debe pagar por usarla”.
Ni Rubio ni Trump han dicho nada sobre la demanda de Teherán de que Israel cese sus ataques contra Hezbolá en Libano.
Israel lucha para prevenir Holocausto
Esto se debe a que, si bien Washington e Israel coordinaron sus operaciones militares contra Irán, estaban librando dos guerras diferentes. Washington busca utilizar el poderío militar estadounidense para obligar a una facción del régimen iraní —plagado de divisiones internas— a ser más sumisa al imperialismo norteamericano.
Israel está luchando para existir como refugio frente al odio antijudío y los pogromos, y para evitar otro Holocausto. El régimen burgués-clerical de Irán —y sus aliados: Hamás, Hezbolá y los hutíes— tienen como objetivo central destruir a Israel y eliminar a los judíos que viven allí.
Desde el 28 de febrero, las tropas israelíes han ocupado una franja del sur de Líbano a lo largo de una cresta situada a unas 5 o 6 millas de la frontera israelí. Al igual que Hamás en Gaza, Hezbolá ha creado una extensa red de túneles. El 28 de abril, las Fuerzas de Defensa de Israel destruyeron más de una milla de túneles en el sur de Líbano, diseñados como plataforma de lanzamiento de ataques contra Israel.
Poco después de que se anunciara un alto el fuego de dos semanas en la guerra con Teherán, la Casa Blanca presionó a Israel para que aceptara un alto el fuego en Líbano.
Sin embargo, Hezbolá —que está mejor armado que el ejército libanés— ha declarado que no acatará ningún acuerdo entre el gobierno libanés e Israel, y continúa lanzando cohetes hacia el norte de Israel. Israel continúa con los ataques aéreos contra combatientes de Hezbolá en el sur de Líbano, a pesar de la orden de Trump, mientras que se abstiene de atacar a Hezbolá en Beirut y en el valle de la Becá.
