LA HABANA —Conocí a Eulogio Rodríguez Millares por primera vez en 2008 cuando era cónsul de Cuba en Monterrey, México. Él acompañaba a Armando Hart, uno de los dirigentes históricos de la Revolución Cubana, en una gira de conferencias. En el transcurso de una semana Hart habló ante cientos de personas en varios encuentros en Monterrey y Zacatecas.

Entre evento y evento, tuve el privilegio de conversar con Eulogio. Me enteré de que, además de representar a Cuba como diplomático en diversos países a través de las décadas, su actividad política se remonta a los inicios de la revolución. Su vida es un ejemplo de cómo millones de trabajadores y campesinos en Cuba se convirtieron en seres humanos diferentes al derrocar el dominio capitalista y llevar a cabo una revolución socialista, al tiempo que se solidarizaban con luchas por la libertad por todo el mundo.
En febrero pasado tuve la oportunidad de encontrarme nuevamente con Rodríguez durante un viaje a La Habana. Él aceptó sentarse a contarme un poco más de su historia.
Eulogio creció en los años 40 y 50 en el pueblo rural de Güira de Melena, un centro de la industria azucarera al sudoeste de La Habana. “Mi padre era obrero agrícola. Trabajaba cortando caña, en la cosecha de papas y otros cultivos o donde pudiera conseguir empleo. Mi madre era lavandera”, dijo. “Empecé a trabajar en la agricultura a los ocho años”.
En 1953, a los 13 años, siendo ya miembro de la juventud masónica, se incorporó a la lucha revolucionaria contra la dictadura de Batista.
¿Por qué?
“No fue por ideas”, dijo Rodríguez. “Fue porque me cansé de pasar hambre. Me cansé de la discriminación por ser pobres. No me gustaba ver que mi mamá no pudiera obtener medicina para su asma.
“Fue solo más tarde que comprendí por qué era necesaria una revolución social”.
Cuba había estado bajo una dictadura apoyada por Washington desde 1952, cuando el caudillo militar Fulgencio Batista derrocó al gobierno electo de Carlos Prío. En respuesta al golpe, Fidel Castro, quien dos años antes se había graduado de la escuela de derecho, comenzó a organizar un movimiento para tumbar al odiado régimen. El 26 de julio de 1953, dirigió a 160 jóvenes revolucionarios que asaltaron los cuarteles del ejército en las ciudades orientales de Santiago de Cuba y Bayamo.
Ese ataque, aunque fue suprimido brutalmente, tuvo un efecto electrizante entre el pueblo trabajador y la juventud de la isla. Fue el inicio de una guerra revolucionaria que costó 20 mil vidas —mayormente personas asesinadas por los esbirros de Batista— y triunfó con la caída de la tiranía el 1 de enero de 1959.
Clandestinidad revolucionaria
En Güira de Melena, los militantes de lo que llegaría a ser el Movimiento 26 de Julio se habían organizado desde el golpe de Batista. A Eulogio a veces le tocaba vigilar cuando se realizaban reuniones clandestinas. “La policía no me hacía caso. Solo veían a un niño que jugaba en la calle”, dijo.
Más tarde consiguió trabajo como práctico de farmacia y pudo suplementar el ingreso de su familia, especialmente durante los largos meses de “tiempo muerto” entre las zafras, cuando no había trabajo. Pero pronto los esbirros de Batista lo arrestaron por actividades “subversivas”.
“Por suerte, los compañeros de mi logia masónica, que también militaban en el movimiento revolucionario, ayudaron a sacarme del calabozo”, dijo. Hablaron con el dueño de una de las fincas donde trabajaba el padre de Rodríguez y que también era masón. “Era un personaje de la élite burguesa en esa zona”, y usó su influencia para que lo soltaran.
“Cuando el guardia me sacó de la celda y me dijo que lo siguiera, yo estaba seguro que me iban a matar”, relató Rodríguez. “Le dije a un primo que estaba preso conmigo, ‘Si desaparezco, cuenta la historia para que sepan que me mataron’. Para sorpresa mía, me estaba esperando el rico, y él me dijo que me montara en su carro lujoso.
“Me preguntó, ‘¿Te hicieron daño?’ Ni se había dado cuenta que yo apenas podía pararme porque los testículos los tenía así de hinchados por la tortura”.
El terrateniente entregó al muchacho a sus padres. Al otro día regresó y le dio un pasaporte flamante y un boleto de avión con destino a Venezuela.
“Mira, yo sé que vas a volver a caer preso, y eso me va a perjudicar”, dijo. “Más vale que te vayas ya del país”.
Eulogio no dijo nada pero pensó, “Soy hijo de guajiro. Tengo 15 años. ¿Qué voy a hacer yo en Venezuela? Así que pasé a la clandestinidad y continué mi trabajo en el Movimiento 26 de Julio en Güira”.
Ya para fines de 1958, bajo la dirección de Fidel Castro, el Ejército Rebelde y el Movimiento 26 de Julio habían derrotado al ejército de la tiranía. Batista huyó y millones de cubanos respondieron el 1 de enero de 1959 a la convocatoria a una huelga general revolucionaria e insurrección popular.
Dirigido por el Movimiento 26 de Julio, el pueblo trabajador en Güira tomó control del pueblo, como sucedió en toda la isla. Rodríguez fue uno de los rebeldes que tomaron el cuartel de la Guardia Rural del ejército.
Después del triunfo del 1 de enero, Eulogio formó parte de la dirección local del Movimiento 26 de Julio. Se incorporó a las milicias populares que se crearon para defender al nuevo gobierno revolucionario. En 1961 ayudó a organizar la participación en la campaña en que 100 mil jóvenes maestros voluntarios a nivel nacional eliminaron el analfabetismo en un año.
Defensa de Che Guevara
En 1960 Rodríguez fue elegido a la dirección de la Asociación de Jóvenes Rebeles, una fusión de los grupos juveniles del Movimiento 26 de Julio; el Directorio Revolucionario, de base estudiantil; y el Partido Socialista Popular, el partido pro-Moscú. Esa nueva organización después pasó a ser la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC).
Unos años más tarde la dirección de la UJC le pidió que asumiera una responsabilidad en la Federación Mundial de Juventudes Democráticas (FMJD), integrada por grupos juveniles de Partidos Comunistas y movimientos de liberación nacional. Se desempeñó como uno de los vicepresidentes de la Federación en su sede en Budapest, Hungría.
Eulogio fue uno de los tres delegados de la FMJD en la Conferencia Tricontinental de 1966 en La Habana. Al año siguiente participó en la conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), también en La Habana. Estas iniciativas eran parte de los esfuerzos de la dirección revolucionaria cubana para apoyar las luchas de liberación anticoloniales y antiimperialistas por todo el mundo.

Los debates que se desarrollaron entonces en el movimiento obrero internacional y las fuerzas de liberación nacional se vieron muy marcados por la creciente ruptura sino-soviética, en la que tanto Moscú como Beijing pugnaban por el predominio.
Además, explicó Rodríguez, los PC pro-Moscú que dirigían la Federación se oponían a la trayectoria internacionalista revolucionaria del liderazgo cubano. Propugnaban la “coexistencia pacífica” con el imperialismo y “la vía pacífica al socialismo”, objetivo que se pretendía lograr en el futuro lejano.
Por ejemplo, dijo, “la dirección del Partido Comunista Boliviano traicionó a Che”. Se refería al hecho de que sabotearon los esfuerzos de la guerrilla encabezada por el líder revolucionario cubano Ernesto Che Guevara que batallaba contra la dictadura militar en Bolivia. En octubre de 1967 Guevara fue capturado y asesinado por el ejército del régimen con ayuda de la CIA.
Rodríguez participó en estos debates en la dirección de la FMJD y en los encuentros más amplios que ellos organizaron. “Recuerdo cuando un día, un representante de la juventud del Partido Comunista Argentino entró a mi oficina en la sede de la Federación. Empezó a hablar mal de Che, diciendo que era un ‘aventurero’. Al final ya no lo aguanté y le di un puñetazo al argentino, que fue cayendo por la escalera. Más tarde pedí disculpas. Pero nunca más me hablaron mal de Che”, dijo Eulogio con una sonrisa.
Festival juvenil mundial de 1965
Como vicepresidente de la FMJD, Rodríguez pasó seis meses en Argel como parte del Comité Internacional Preparatorio que estaba organizando el IX Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, previsto para el verano de 1965. Pero en junio de ese año, pocas semanas antes de las fechas del festival, el gobierno revolucionario de trabajadores y agricultores en Argelia, encabezado por Ahmed Ben Bella, fue derrocado en un golpe militar. El festival fue pospuesto. Después fue programado para Accra, Ghana, pero resultó cancelado nuevamente tras el golpe de estado en 1966 que derrocó al gobierno de Kwame Nkrumah.
“Entonces, a iniciativa de Fidel, la dirección de la UJC propuso que el festival de la juventud se celebrara en Hanoi, porque la heroica lucha del pueblo vietnamita debía ser el eje de la solidaridad antiimperialista mundial”, dijo Rodríguez. Los vietnamitas estaban luchando contra la guerra de ocupación de Washington y por la reunificación de su país.
“La UJC me dio la tarea de llevar esa propuesta a la reunión en Praga del Comité Internacional Preparatorio. Fue como una bomba”, dijo. Los representantes de los grupos juveniles de los Partidos Comunistas pro-Moscú “dijeron que era peligroso hacer el festival en Hanoi en medio de la guerra”. Pero la verdadera objeción política de estos grupos era su oposición a la campaña del liderazgo cubano para que la prioridad central—y no solo con palabras—fuera la solidaridad activa con la lucha vietnamita. Al final, el festival mundial de la juventud se celebró en Sofía, Bulgaria, con el argumento de que era un lugar “más estable”.
Apoyo a lucha en Guinea-Bissau
Otra controversia ocurrió en una conferencia juvenil celebrada en Conakry, Guinea, en abril de 1967. El tema del evento, auspiciado por la FMJD, era la solidaridad con las luchas independentistas en las colonias portuguesas en África.
A nombre de la delegación juvenil cubana, dijo Rodríguez, “yo hablé a favor de una resolución que apoyaba la guerra de liberación en Guinea-Bissau contra el colonialismo portugués”, dirigida por el Partido Africano por la Independencia de Guinea y Cabo Verde (PAIGC) bajo el liderazgo de Amílcar Cabral.
“La resolución fue aprobada con el apoyo de todos los delegados africanos”, dijo. “El único que votó en contra fue el presidente de la FMJD”, líder del grupo juvenil del PC italiano. Este se opuso a un párrafo en el documento que afirmaba que la lucha armada era “la única vía hacia la liberación”. El liderazgo de la Federación no podía anular la votación, así que “simplemente engavetaron la resolución como si nunca se hubiera aprobado”.
En respuesta, el liderazgo del PAIGC suspendió una visita de la delegación de la FMJD a las zonas liberadas de Guinea “Portuguesa”. En cambio, el PAIGC invitó a la delegación cubana —Rodríguez y Jesús Pérez Othon de la UJC— a visitar el Frente Sur.
“En camino al Frente Sur, nos detuvimos en Boké, un pueblo fronterizo en Guinea-Conakry, donde el PAIGC tenía su base de retaguardia”, dijo Eulogio. “Ahí Amílcar Cabral nos invitó a almorzar y nos agradeció el apoyo de Cuba”.
“Pasamos unas semanas con la guerrilla. Nos entregaron un fusil a cada uno y nos llevaron de aldea en aldea, caminando muchas horas por la selva y los ríos. Esa experiencia nos dio una idea de cómo era la vida en medio de la guerra”.
Durante ese viaje en 1967, Rodríguez también conoció a Víctor Dreke, entonces jefe de los voluntarios internacionalistas cubanos que combatían junto a los guerrilleros del PAIGC.
Casi seis décadas después, en febrero pasado, Rodríguez, ya jubilado, participó en un evento muy concurrido en la Casa de África, un centro cultural en Habana Vieja. El mitin fue el lanzamiento de un nuevo libro de Dreke, Cuba y la guerra de independencia de Guinea-Bissau y Cabo Verde: La caída del último imperio colonial en África.
Rodríguez se sintió a gusto en ese encuentro. “Me alegró mucho ver de nuevo a Dreke y a muchos otros combatientes”, dijo. “Es importante que la gente conozca la historia que él relata”.
Lo mismo puede decirse de la historia de Eulogio Rodríguez.
