Washington lanza nuevo ataque contra Teherán, le exige que ceda

Por Seth Galinsky
27 de julio de 2026

Washington ha llevado a cabo diariamente intensos ataques militares contra cientos de objetivos en Irán desde el 11 de julio, después de que Teherán ignorara el ultimátum del presidente Donald Trump que le exigía al régimen que emitiera una declaración pública afirmando que el Estrecho de Ormuz está abierto y que no atacará a los barcos que transiten por él.

En respuesta, Teherán atacó más buques comerciales y lanzó misiles y drones contra bases norteamericanas en Omán, Catar, Jordania, Kuwait y Baréin.

Mientras tanto, el Pentágono regresó 20 buques de guerra al Golfo Arábigo-Pérsico, entre ellos dos portaviones, para restablecer el bloqueo de los puertos iraníes. El impacto del bloqueo recaerá con mayor dureza sobre el pueblo trabajador de Irán, agravando las escaseces y los aumentos de precios.

“Vamos a destruir todas sus centrales eléctricas. Vamos a destruir todos sus puentes a menos que se sienten a negociar”, dijo Trump el 14 de julio.

Si bien Trump ha declarado que el alto el fuego del 8 de abril y el posterior “Memorando de Entendimiento” han quedado sin efecto, el objetivo central de la guerra de Washington —y de sus negociaciones— es obligar al régimen iraní a cooperar, de modo que los gobernantes estadounidenses puedan imponer cierto grado de estabilidad que les permita defender y ampliar su dominio sobre la región.

Washington lo considera como el camino para maximizar las ganancias de los gobernantes estadounidenses derivados de la explotación del petróleo, el gas y otros recursos naturales del Medio Oriente, así como para frenar los traspasos de otras potencias.

Israel, que anteriormente había asestado golpes significativos a la capacidad militar y nuclear de Irán, no ha participado en los últimos combates. A diferencia de Washington, Israel ha estado librando una guerra defensiva, orientada a impedir que Teherán y sus aliados —desde Hezbolá hasta Hamás— lancen más pogromos contra los judíos y contra Israel para provocar un nuevo Holocausto.

Desde el inicio del alto el fuego, Teherán no ha lanzado nuevos ataques directos contra Israel. Espera poder aprovechar la determinación de Washington de alcanzar un acuerdo para lograr que la Casa Blanca mantenga la presión sobre Israel e impida así que este aseste golpes decisivos a Hezbolá.

Con su base entre los musulmanes chiitas, que constituyen apenas un tercio de la población de Líbano, Hezbolá es más poderoso que el ejército libanés. Entrenado, financiado, armado y, hasta cierto punto, dirigido directamente por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, Hezbolá comparte el objetivo de Teherán de destruir a Israel y eliminar a los judíos que viven allí.

Para impedir que Hezbolá siga atacando el norte de Israel y evitar que lleve a cabo pogromos contra los judíos, las Fuerzas de Defensa de Israel han ocupado una amplia franja del sur de Líbano.

Israel tomó el histórico castillo libanés de Beaufort y las alturas circundantes, situados a apenas tres millas de la frontera israelí, el 31 de mayo. Hezbolá había utilizado una red de túneles construida con la ayuda de Teherán debajo de la fortaleza para lanzar cientos de cohetes contra el norte de Israel.

A solo unas millas de distancia se encuentra otra instalación subterránea “estratégica” en la cresta de Ali Taher. Sin embargo, Washington ha impedido que Israel la capture y destruya. La administración Trump no quiere que se altere el “alto el fuego” en Líbano, independientemente del peligro que Hezbolá representa para los judíos.