Uno de los acontecimientos más importantes para la clase trabajadora en Estados Unidos durante los últimos 75 años fue el surgimiento del masivo movimiento proletario liderado por los africano americanos, que estalló en el Sur en los años 50 y 60 y logró derrocar el brutal sistema de segregación racial de Jim Crow que había existido por décadas. Esta victoria transformó y fortaleció enormemente a la clase trabajadora en Estados Unidos, abriendo la puerta para la lucha de clases unificada. Solo una sangrienta contrarrevolución podría revertir esta conquista.
Sin embargo, académicos “progresistas” de clase media y otros sectores de la izquierda burguesa niegan los importantes logros de esta lucha e insisten en que nada fundamental ha cambiado. Ejemplos como El Proyecto 1619, una muy lucrativa colaboración entre Nikole Hannah-Jones y el New York Times, se convierten en bestsellers y son utilizados para denigrar a la clase trabajadora en su conjunto. Argumentos similares inundaron recientemente los medios liberales, afirmando que un fallo de la Corte Suprema sobre la manipulación de los distritos electorales socava la Ley de Derecho al Voto.
La difusión de la verdad sobre las conquistas históricas en la lucha contra la segregación racial de Jim Crow ayuda a la clase trabajadora a comprender mejor sus logros. Nos permite reconocer nuestra capacidad de unirnos y luchar contra los esfuerzos de los patrones para cargar el peso de la crisis capitalista sobre nuestras espaldas y sus preparativos para las guerras.
La Segunda Revolución Norteamericana —la Guerra Civil contra la esclavitud y la década posterior de reconstrucción en defensa de los derechos de la población negra— abrió las puertas a la unidad de la clase trabajadora contra la creciente tiranía de clase de los capitalistas.
En su afán de poder y lucro, la creciente clase capitalista dominante consintió el derrocamiento de los gobiernos de Reconstrucción a finales de la década de 1870. Este sistema fue reemplazado por la segregación racial de Jim Crow en el Sur, la derrota más grave jamás sufrida por la clase trabajadora estadounidense. Los derechos de los negros fueron sistemáticamente aplastados por los patrones y terratenientes sureños, con la ayuda del Ku Klux Klan y otros matones. Los africano americanos fueron relegados a la condición de ciudadanos de segunda clase en todos los niveles. Se les negó la tierra para cultivar, se les excluyó de muchos empleos y se les impidió ejercer su derecho al voto.
Los gobiernos a nivel federal y estatal, junto con los partidos Demócrata y Republicano, la policía y los tribunales, respaldaron este sistema.
Nuevos vientos comenzaron a soplar con el surgimiento del Congreso de Organizaciones Industriales (CIO) en los años 30, y con las experiencias de los negros en la lucha por la desegregación del ejército estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial. Los defensores de los derechos de los negros se inspiraron en la ola de luchas por la independencia colonial en África y otros lugares tras la guerra.
Al mismo tiempo, un gran número de negros emigraron desde las zonas rurales del Sur relativamente aisladas hacia las ciudades del norte, integrándose a la clase trabajadora y sus luchas.
A partir de mediados de los años 50, estallaron luchas valientes y disciplinadas de negros en todo el Sur contra las leyes de segregación racial. Recibieron apoyo de trabajadores de todo el país. Esta revolución social transformó las actitudes de los trabajadores de todas las razas y nacionalidades.
La historia de esta lucha histórica ha sido en gran medida ocultada —o gravemente distorsionada— por recientes estudios revisionistas.
Historia oculta de lucha
Una de las primeras manifestaciones de la determinación de acabar con la violencia utilizada para imponer las leyes de segregación racial fue la respuesta en Chicago a la espantosa mutilación y asesinato de Emmett Till, de 14 años, en Money, Mississippi, en 1955. Su linchamiento fue parte de una ola de terror racista que azotó el Sur tras la decisión de la Corte Suprema en 1954 que ilegalizó la segregación en las escuelas públicas.
Cuando el cuerpo de Till fue trasladado a Chicago, su madre, Mamie Till, insistió en que el ataúd permaneciera abierto durante el funeral. “Que la gente vea lo que yo he visto”, dijo. Más de 100 mil personas desfilaron ante el féretro durante cuatro días. A petición suya, la revista Jet publicó una fotografía del cuerpo de Till que fue vista por millones de personas. Esto provocó protestas de miles de personas de costa a costa, respaldadas por la NAACP, el Sindicato de Trabajadores del Acero USW, otros sindicatos y el Comité Laboral Judío.
Pero la principal lucha para desmantelar el sistema de Jim Crow se desarrollaría en el Sur. Estalló con el trascendental boicot en Montgomery, Alabama, que puso fin a la segregación en los autobuses de la ciudad. Luego, con las batallas para integrar las escuelas públicas en Little Rock, Arkansas; Clinton, Tennessee; y otros lugares. Estas valientes luchas demostraron en la práctica el poder del movimiento obrero liderado por los negros.
Cómo se logró la victoria en Montgomery y otras batallas claves que derribaron las leyes de segregación racial serán el tema de artículos en números futuros.
