Conferencia de 2026 del Partido Socialista de los Trabajadores

Construir partido de la clase trabajadora sobre bases marxistas en la lucha por el poder obrero en medio de crisis y guerras capitalistas

Por Steve Clark
y Roy Landersen
14 de septiembre de 2026
Jack Barnes, secretario nacional del Partido Socialista de los Trabajadores, presenta el informe político en la conferencia internacional del partido celebrada en junio. “¡El Partido Socialista de los Trabajadores existe, nacido en lucha de clases, constrúyalo!” dice la pancarta. Junto a Barnes, desde la izquierda, los dirigentes del PST Paul Mailhot, Mary-Alice Waters y Steve Clark.
Militante/Laura AndersonJack Barnes, secretario nacional del Partido Socialista de los Trabajadores, presenta el informe político en la conferencia internacional del partido celebrada en junio. “¡El Partido Socialista de los Trabajadores existe, nacido en lucha de clases, constrúyalo!” dice la pancarta. Junto a Barnes, desde la izquierda, los dirigentes del PST Paul Mailhot, Mary-Alice Waters y Steve Clark.conference. With Barnes, from left are SWP leaders Paul Mailhot, Mary-Alice Waters and Steve Clark.

(primero de dos artículos)

OBERLIN, Ohio —“El Partido Socialista de los Trabajadores existe, nacido en la lucha de clases. ¡Constrúyanlo!”. Eso decía la pancarta desplegada sobre la tribuna de oradores de la Conferencia Internacional de 2026 del partido, celebrada aquí del 11 al 14 de junio.

La pancarta es audaz y correcta, además de oportuna, señaló Jack Barnes, secretario nacional del PST en su informe político de apertura. Sin embargo, y aun en el mejor de los casos, ninguna pancarta puede hacer más que afirmar el carácter revolucionario y obrero de tal partido, añadió Barnes, pero no revelarlo con mayor gama de detalles y colores.

“Esa es la tarea en la que trabajaremos juntos durante la conferencia”, dijo Barnes. “Sobre todo, por supuesto, todo depende de lo que sigamos haciendo para construir el partido”. Lo que hagamos aquí en la conferencia, afirmó, contribuirá a preparar el congreso constitucional del partido que se celebrará en diciembre en la ciudad de Nueva York. Allí, incorporando las experiencias de la política en Estados Unidos y el mundo entre entonces y ahora, “ratificaremos, corregiremos y ampliaremos nuestra línea y rumbo políticos” y elegiremos el Comité Nacional del partido.

El PST es un partido marxista, tanto en su programa como en su composición social, dijo Barnes. Somos un partido “nacido en la lucha de clases”, como dice la pancarta, en el camino hacia la victoria revolucionaria del poder obrero. Ese curso determina nuestra vida política, nuestro entorno, nuestras normas organizativas y nuestro ritmo semanal de actividades.

El mismo criterio político fue central en las otras dos presentaciones principales de la conferencia: “Defender a Cuba, defender la revolución socialista de Cuba” por Mary-Alice Waters, e “Irán, Israel y Estados Unidos en la época imperialista: dos guerras en una”, por Steve Clark. Las tres presentaciones abordaron las crisis y los colapsos económicos y sociales que enfrentan los gobernantes capitalistas de Estados Unidos hoy, incluyendo sus crecientes guerras, amenazas bélicas y otros enfrentamientos militares.

Washington está luchando para defender su dominio como potencia mundial ––debilitada pero económica y militarmente más poderosa que ninguna otra a pesar de su debilitamiento–– frente a la agudización de las rivalidades entre los imperialistas y otras importantes clases explotadoras y estados nacionales. Todos pugnan entre sí para dividir y redividir el control de mercados, por acceso a recursos naturales y a mano de obra barata, y el control de estratégicos puntos geográficos de tránsito económico y militar.

La conferencia estuvo marcada por la creciente resistencia en la clase trabajadora y el movimiento sindical a la intensificación de la explotación de los patrones, y por otras luchas sociales y políticas.

Miembros y partidarios del Local 7 del sindicato UFCW en planta procesadora de carne JBS en Greeley, Colorado, el 24 de marzo, durante exitosa huelga de cuatro semanas por 3,800 trabajadores. La resistencia sindical frente a ataques patronales va en aumento.
Militante/Joel BrittonMiembros y partidarios del Local 7 del sindicato UFCW en planta procesadora de carne JBS en Greeley, Colorado, el 24 de marzo, durante exitosa huelga de cuatro semanas por 3,800 trabajadores. La resistencia sindical frente a ataques patronales va en aumento.

Miles de empacadores de carne sindicalizados y de diversos orígenes nacionales, en huelga por cuatro semanas contra la empresa JBS en Greeley, Colorado, acababan de concluirla victoriosos. Las luchas sindicales de trabajadores de plantas procesadoras de carne, de almacenes de azúcar, de enfermeras y de trabajadores de hoteles se están expandiendo. Lo mismo está sucediendo con las protestas de trabajadores inmigrantes, sus familias y sus partidarios en los sindicatos y otros lugares. Y hay un aumento en las acciones contra el gobierno de EE.UU. y su endurecimiento del bloqueo petrolero y otras medidas draconianas impuestas contra la soberanía de Cuba, con el objetivo de aplastar el único bastión revolucionario de las Américas, e intentar dividir a la dirección cubana.

El encuentro internacional del PST congregó a 300 personas provenientes de Estados Unidos, Australia, Canadá, el Reino Unido, Francia, Grecia y Nueva Zelanda. Hubo tres días de sesiones a las que asistieron todos los participantes, además de numerosas clases y amplios debates informales.

El evento culminó el último día con resúmenes de los tres oradores de las sesiones plenarias, y con un mitin nocturno en el que participaron activistas de diversas luchas sociales y políticas centradas en la labor de los candidatos del Partido Socialista de los Trabajadores y de las Ligas Comunistas para cargos públicos.

Estos debates fueron optimizados por paneles políticos y fotográficos que cubrían una pared entera de la sala de conferencias, y por mesas de literatura asiduamente concurridas. La campaña de verano de recaudación de fondos logró recolectar más de 48 mil dólares.

Construir el partido, no crearlo

Aquí en Estados Unidos, el bastión del imperialismo mundial, “no tenemos que crear el partido revolucionario”, dijo Barnes. “Ya existe”.

Los partidos obreros de vanguardia pueden crecer con una asombrosa rapidez en medio de profundos acontecimientos revolucionarios, añadió.

De hecho, esa es una característica de la época que vivimos: la época del imperialismo, que es también la época de la revolución proletaria. Eso ha sido demostrado en la práctica por las dos grandes revoluciones socialistas del siglo 20. La primera fue la revolución de octubre de 1917 en Rusia, liderada por el Partido Bolchevique bajo la dirección de V.I. Lenin. La segunda fue la revolución socialista de Cuba a principios de la década de 1960, liderada por Fidel Castro y el movimiento de trabajadores, campesinos y estudiantes que él organizó políticamente y condujo a la victoria: el Ejército Rebelde y el Movimiento 26 de Julio.

“Pero ni el PST ni ningún otro partido puede dormirse en los laureles de lo logrado en el pasado”, subrayó Barnes. “Seguimos construyendo el partido mediante nuestra participación en la lucha de clases y en todo tipo de trabajo de masas”.

Las campañas electorales del Partido Socialista de los Trabajadores son hoy, como durante muchas décadas, la más importante vía que tenemos para dar a conocer el partido, señaló Barnes. Cuando nuestros candidatos se pronuncian o emiten una declaración —ya sea contra el injustificable bloqueo petrolero de Washington a Cuba, contra la guerra de saqueo imperialista en Irán, exigiendo amnistía para los trabajadores inmigrantes, o contra la violencia de odio contra los judíos— esas declaraciones no representan solo al partido. También hablamos y actuamos en defensa de los intereses de clase de la totalidad de la clase trabajadora y los explotados, así como de su solidaridad y unidad en la acción.

Lo decisivo en este momento no es el tamaño del partido, afirmó Barnes. El tamaño está determinado en gran medida por las condiciones actuales de la lucha de clases en Estados Unidos y en el mundo, y por el liderazgo colaboracionista de clase del movimiento sindical. Esos factores están, en gran medida, fuera de control. Tal como ha ocurrido a lo largo de la historia del capitalismo, esos factores cambiarán imprevisible pero inevitablemente con estallidos de resistencia de la clase trabajadora, luchas antiimperialistas y nuevos avances de la revolución socialista mundial.

Hoy, señaló Barnes, el PST es proletario en nuestro programa, en nuestra composición de clase y en nuestras normas y hábitos de conducta política. “Nuestro programa comunista es más fuerte que nunca,” afirmó.

“Nos mantenemos fieles a ese partido”, dijo Barnes. “Mantenemos la vista puesta en la única clase y en las únicas instituciones de clase a través de las cuales se puede organizar una vanguardia y dirigir a millones en una exitosa lucha revolucionaria por el poder obrero”.

En defensa del marxismo

Una guía esencial para la construcción del partido, indicó Barnes, son las lecciones políticas y organizativas que se estudiarán en el libro En defensa del marxismo, del dirigente comunista León Trotsky. En vísperas de la conferencia socialista de junio, acababa de salir de la imprenta una nueva edición de esa obra, publicada originalmente en 1942. Desde entonces hasta hoy, ha sido y sigue siendo un fundamento programático del Partido Socialista de los Trabajadores y de nuestro movimiento internacional.

En defensa del marxismo recoge el testimonio de la estrecha colaboración de Trotsky con la dirección del PST en 1939 y 1940, durante los últimos meses de su vida, cuando lideró una lucha política decisiva por el futuro comunista del movimiento internacional que él mismo había fundado. Lo que estaba en juego, en palabras de Trotsky, no era “ni más ni menos que un intento de rechazar, descalificar y derribar los fundamentos teóricos, los principios políticos y los métodos organizativos de nuestro movimiento”.Farrell Dobbs, SWP’s 1948 candidate for U.S. president, campaigns in Detroit working-class neighborhood.

“Las campañas electorales del Partido Socialista de los Trabajadores son la vía más importante para conocer a trabajadores y hablarles sobre el partido”, dijo Jack Barnes en la conferencia del PST de 2026. Arriba: Farrell Dobbs, candidato del PST para presidente de Estados Unidos en 1948, hace campaña en barrio obrero de Detroit. Abajo: Paul Mailhot, candidato del partido a gobernador de Nueva York, y Joanne Kuniansky, candidata al Senado por Nueva Jersey, en una protesta realizada el 22 de febrero en Nueva York en defensa de la soberanía de Cuba y su revolución socialista.
Militante/Roy Landersen“Las campañas electorales del Partido Socialista de los Trabajadores son la vía más importante para conocer a trabajadores y hablarles sobre el partido”, dijo Jack Barnes en la conferencia del PST de 2026. Arriba: Farrell Dobbs, candidato del PST para presidente de Estados Unidos en 1948, hace campaña en barrio obrero de Detroit. Abajo: Paul Mailhot, candidato del partido a gobernador de Nueva York, y Joanne Kuniansky, candidata al Senado por Nueva Jersey, en una protesta realizada el 22 de febrero en Nueva York en defensa de la soberanía de Cuba y su revolución socialista.

Mientras la clase dominante de Estados Unidos se encaminaba a asegurar su supremacía uniéndose a la segunda masacre imperialista mundial que ya asolaba Europa, una minoría del Comité Nacional del partido comenzó a ceder ante las presiones patrióticas de la guerra. Los artículos y cartas de Trotsky surgidos de aquella lucha, subrayó Barnes, sirven como fundamental guía programática y política para hoy. El PST está utilizando la introducción de esta nueva edición de 2026 para la preparación política de su próximo congreso en diciembre de 2026.

La lectura y el análisis de esta edición de 2026 de En defensa del marxismo, incluida su nueva introducción, corrigen una idea errónea muy común sobre el lugar que ocupa Trotsky en el movimiento comunista moderno. Refuta la falsa noción de que, independientemente de su reputación como escritor y “teórico” de talento, Trotsky siempre se quedaba corto en cuestiones de organización, actividad de la clase trabajadora y disciplina. Esta falsificación es difundida, entre otros, por estalinistas y otros radicales de clase media con el fin de menospreciar y desacreditar tanto a Trotsky como al movimiento mundial forjado por los bolcheviques liderado por él.

Pero este libro demuestra que nada está más lejos de la verdad, señaló Barnes. Desde 1917, cuando Lenin logró atraerlo al Partido Bolchevique, no hubo nadie que interiorizara más profundamente que Trotsky las enseñanzas y la práctica de Lenin sobre la inseparable interconexión entre política proletaria y organización proletaria; entre palabra y acto.

De hecho, en un momento decisivo de la lucha interna del PST entre 1939 y 1940, Trotsky señaló la “carencia de comprensión del centralismo revolucionario y la hostilidad hacia él” como rasgo característico “típico” de los partidarios de toda tendencia pequeñoburguesa no proletaria.

Más aún, insistía Trotsky, las cuestiones políticas y programáticas en juego en dicha lucha —oposición incondicional a la guerra imperialista, defensa del estado obrero soviético, y método materialista del marxismo— no podían ser comprendidas ni llevadas a la práctica en un partido “inundado de elementos no proletarios”. La tarea, escribió Trotsky, consiste en “orientar” el partido “hacia las fábricas, las huelgas y los sindicatos”.

Ese es el camino, afirmó Trotsky, para forjar cuadros “revolucionarios proletarios capaces de comprender lo que es el partido, lo que significa la lealtad a la bandera y lo que implica la disciplina revolucionaria”.

Barnes señaló que varias ramas del PST en Estados Unidos y de las Ligas Comunistas de otros países, ya han iniciado clases semanales de sus miembros para discutir En defensa del marxismo, y que esto también había sido incorporado a las clases de la conferencia. Los participantes adquirieron más de 200 ejemplares de la nueva edición.

Barnes también recalcó la importancia de la próxima edición de La lucha por un partido proletario de James P. Cannon, también con una introducción nueva. Cannon —dirigente fundador en la época de Lenin del movimiento comunista en Estados Unidos y de la Internacional Comunista— fue secretario nacional del PST durante la disputa de 1939-1940. El libro incluye el folleto de idéntico título que Cannon redactó en vísperas del congreso de abril de 1940 donde se votó rechazar el curso propuesto por la minoría y se reafirmó la orientación proletaria del partido. La obra también recoge las cartas que Cannon escribió a Trotsky y a otros dirigentes del PST.

Tras el éxito de aquella lucha política, Trotsky escribió al dirigente del partido Farrell Dobbs que el folleto de Cannon era un indispensable manual escrito por “un auténtico dirigente obrero. Si el debate no hubiera producido más que este documento, ya estaría justificado”.

Por supuesto, nadie en ninguno de los bandos de aquella disputa cuestionó que Trotsky había liderado la lucha dentro del PST en torno a cuestiones tanto programáticas como organizativas que estaban en juego. Sin embargo, al estudiar el libro de Cannon junto con el de Trotsky —señaló Barnes— los lectores llegan a comprender cómo Trotsky “dirigió a los líderes del PST, que figuraban entre los mejores organizadores que jamás haya producido el movimiento comunista en cualquier lugar del mundo”.

Incluso antes de librar aquella significativa batalla, afirmó Barnes, Trotsky ya había reconocido conscientemente al PST, y a sus probados dirigentes proletarios —Cannon, Dobbs y otros— como un partido capaz de asumir el liderazgo mundial para mantener en alto la bandera desplegada por Lenin más de un cuarto de siglo antes.

Un movimiento, no una doctrina

“¿Cuáles son los fundamentos del marxismo?”, preguntó Barnes. Es preciso comprender eso a medida que construimos un partido proletario “capaz de organizar y dirigir la lucha por el poder obrero”.

Barnes se centró en tres pilares de fundamento.

Uno de ellos es la superación de la idea errónea de que el comunismo es “un conjunto de ideas”. Esto fue aclarado por primera vez en 1847, cuando los jóvenes Carlos Marx y Federico Engels fueron reclutados al primer partido comunista del mundo por un grupo de trabajadores de mentalidad revolucionaria en Europa. Aquellos cuadros veteranos pidieron a Marx y Engels que redactaran un programa para la nueva organización, la Liga de los Comunistas, fundada a finales de ese año.

Carlos Marx (izquierda) y Federico Engels, líderes fundadores del movimiento comunista, revisando un periódico en 1848. “El comunismo no es una doctrina, sino un movimiento”, escribió Engels el año anterior. “No parte de principios, sino de hechos”.
Carlos Marx (izquierda) y Federico Engels, líderes fundadores del movimiento comunista, revisando un periódico en 1848. “El comunismo no es una doctrina, sino un movimiento”, escribió Engels el año anterior. “No parte de principios, sino de hechos”.

Mientras trabajaban en el borrador, un demócrata radical de clase media llamado Karl Heinzen publicó varios ataques contra los comunistas, presentándolos como sectarios doctrinarios que estaban dividiendo la lucha política por libertades democráticas y una república en Alemania y en el resto de Europa.

Engels respondió a estas falsedades en un artículo de octubre de 1847. Heinzen “se imagina que el comunismo es una determinada doctrina que parte de un principio teórico concreto… y de ello es de donde saca otras conclusiones”, escribió.

Heinzen “está muy equivocado”, respondió Engels. “El comunismo no es una doctrina, sino un movimiento. No parte de principios, sino de hechos… El comunismo, en tanto que teoría, es la expresión teórica de la posición del proletariado en esta lucha [de clases] y la suma teórica de las condiciones para la liberación del proletariado”.

Más adelante, en 1847, Marx y Engels incorporaron este pilar fundamental de nuestro movimiento al programa adoptado por la nueva organización. “Desde entonces, ese documento se conoce como El Manifiesto Comunista”, añadió Barnes.

En resumen, señaló: “Los comunistas nunca partimos de ideas que creemos haber ‘descubierto’ de alguna manera. Partimos de hechos aprendidos de las luchas de la clase trabajadora, tanto aquí y en todo el mundo. Y luego generalizamos y ajustamos esas lecciones con el paso del tiempo”.

“Es así como nuestro programa crece y evoluciona”.

Transformar las relaciones de clase

Solo esta comprensión de nuestro programa marxista, dijo Barnes, es coherente con nuestra concepción materialista de la historia; sea historia natural o humana.

Los marxistas no tenemos ningún “plano” ni de la lucha de clases de nuestra época ni de una futura sociedad comunista, señaló Barnes. Más bien, tenemos “un programa y una estrategia de la clase trabajadora para la transformación de la realidad material. Un programa y una estrategia para la transformación revolucionaria de las explotadoras relaciones de clase de la sociedad capitalista. A través de estas luchas, la clase trabajadora y otros productores transformamos nuestra conciencia de clase y a nosotros mismos”.

“Para entender el método del marxismo, no empiecen con la dialéctica”, aconsejó Barnes. “Empiecen con la realidad material, empiecen con el materialismo”.

En este sentido, Barnes instó a los participantes de la conferencia a hacer más uso de El trabajo, la naturaleza y la evolución de la humanidad, el libro de Engels, Marx, George Novack y Mary-Alice Waters, publicado hace unos años. Ayuda a explicar a trabajadores como nosotros lo que el subtítulo del libro denomina “La visión larga de la historia”. También lo hacen las obras sobre los orígenes de la opresión de la mujer y la lucha por su emancipación escritas por Evelyn Reed, Waters y otros; libros como Los cosméticos, la moda y la explotación de la mujer y Problems of Women’s Liberation (Problemas de la liberación de la mujer) .

Es ahí donde los trabajadores pueden aprender que el sistema capitalista de competencia feroz, explotación salarial y opresión no es eterno, afirmó Barnes. Y cómo esas relaciones degradantes entre seres humanos pueden combatirse y derrotarse de una vez por todas mediante la solidaridad y la lucha.

Es ahí donde la transformación —la dialéctica— cobra mayor fuerza. Donde la actividad y el cambio revolucionarios entran en juego.

Revolucionarios profesionales

Un segundo pilar del marxismo, explicó Barnes, es que un partido proletario revolucionario debe ser lo que Lenin llamó “un partido de revolucionarios profesionales”.

Esa es “una de las contribuciones políticas de Lenin más deliberadamente e intencionadamente ‘malinterpretadas’”, añadió Barnes. “No es que haya nada difícil en lo que escribió Lenin”. Es simplemente que los burgueses, enemigos de clase del movimiento obrero, tanto como los estalinistas y otros mal dirigentes colaboracionistas de clases, tienen algo en juego en la tergiversación de Lenin.

Arriba, participantes de la conferencia visitan mesas de libros, conversando y comprando literatura. A la izquierda, atractivos paneles que ilustraban los temas de la conferencia ocuparon toda una pared al lado de la sala de reuniones.
Fotos del Militante por Laura AndersonArriba, participantes de la conferencia visitan mesas de libros, conversando y comprando literatura. Abajo, atractivos paneles que ilustraban los temas de la conferencia ocuparon toda una pared al lado de la sala de reuniones.

Uno de esos “malentendidos” Lenin pensaba que los trabajadores del partido debían ser dirigidos por una élite de “profesionales” con estudios universitarios que se ofrecieran voluntariamente para hacerlo en su tiempo libre. A los anticomunistas burgueses les encanta promover esta falsificación, con la esperanza de presentar a los comunistas como “hipócritas”. Pero también resulta conveniente para los llamados intelectuales que se consideran “dirigentes políticos” de la clase trabajadora.

Un revolucionario profesional tampoco es lo mismo que un miembro del partido elegido para asumir una tarea necesaria como funcionario a tiempo completo, sea en un comité de dirección, en un periódico, en una editorial, en una campaña electoral del partido, etcétera. Los miembros del personal de trabajo constituyen una minoría relativamente pequeña de los revolucionarios profesionales que integran el partido proletario.

Quizás no haya mejor punto de partida para comprender qué es un revolucionario profesional que un par de frases sobre afiliación al partido al comienzo de la constitución del PST. La afiliación, dice la constitución, está abierta a cualquier persona “que acepte el programa del partido”, “se comprometa a acatar su disciplina y a participar activamente en sus labores” y “pertenezca a una rama del partido debidamente constituida”.

El PST, señaló Barnes, está compuesto por militantes de diversos orígenes y trayectorias que organizan su vida y energía para construir un partido proletario. Nuestro objetivo —citando nuevamente las palabras de la constitución— es “establecer un gobierno de trabajadores y agricultores que abolirá el capitalismo en Estados Unidos y se sumará a la lucha mundial por el socialismo”.

En todo lo que hacemos, “este esfuerzo de construcción del partido involucra a trabajadores revolucionarios enseñándose entre sí, a la vez que aprenden unos de otros”, afirmó Barnes. “Utilizamos nuestro tiempo para adiestrarnos mutuamente y hacernos profesionales en todo tipo de cualidades y actitudes propias de la clase trabajadora”.

“Actuamos como profesionales en la forma en que nos organizamos y luchamos junto a otros trabajadores en la industria y en los sindicatos, ya sea en el trabajo o en una línea de piquetes. En la manera en que redactamos y producimos un periódico obrero semanal, y en cómo nos organizamos para divulgarlo y venderlo. En la forma en que autofinanciamos el partido obrero”, dijo Barnes.

“Somos profesionales en la forma en que organizamos las campañas electorales del PST, en los esfuerzos para superar las barreras antidemocráticas impuestas por ambos partidos capitalistas y lograr que el partido aparezca en las papeletas electorales, y en la forma en que nos presentamos como candidatos. Y en mucho, mucho más”.

Nada de esto es nuevo, reiteró Barnes. Es lo que Lenin explicó en su libro de 1902, ¿Qué hacer? Es el “deber” del partido “ayudar a todo trabajador capaz a convertirse en un agitador, organizador, propagandista, distribuidor de literatura profesional, etc., etc.”, dijo Lenin.

El “trabajador revolucionario”, insistió el líder bolchevique, debe “convertirse en un revolucionario profesional”.

El tercer pilar, señaló Barnes, es el reconocimiento de Lenin de que hacia la última década del siglo 19 se había abierto una nueva época histórica del capitalismo mundial.

El imperialismo

Lo que Lenin denominó la época imperialista tenía su base en un puñado de poderosos estados nacionales, sobre todo el Reino Unido, Alemania, Francia y Estados Unidos, así como Rusia, Japón y otros en Europa, América del Norte y el Pacífico.

Portaviones USS Abraham Lincoln encabeza ejercicio bélico en el Pacífico en 2022. Recuadro: el manifiesto del PST en la portada del Militante de agosto de 1945. La rivalidad entre los países imperialistas llevará a nuevas guerras más mortíferas para redividir el mundo, hasta que las clases trabajadoras conquisten el poder estatal en cada vez más países, dijo Barnes.
U.S. NavyPortaviones USS Abraham Lincoln encabeza ejercicio bélico en el Pacífico en 2022. Recuadro: el manifiesto del PST en la portada del Militante de agosto de 1945. La rivalidad entre los países imperialistas llevará a nuevas guerras más mortíferas para redividir el mundo, hasta que las clases trabajadoras conquisten el poder estatal en cada vez más países, dijo Barnes.

Estas potencias imperialistas habían llegado a dominar y a repartirse entre sí la explotación de la fuerza de trabajo y la riqueza natural de todo el planeta, afirmó Barnes. Lenin explicó este fenómeno en El imperialismo, fase superior del capitalismo, su obra de 1916. Como demuestra este breve libro, escribió Lenin, “el capitalismo ha hecho sobresalir un puñado… de estados excepcionalmente ricos y poderosos que saquean el mundo entero simplemente con ‘cupones de ofertas de descuento’”.

Y nada fundamental ha cambiado en este orden mundial de explotación durante los 110 años transcurridos desde entonces. “Hasta que las clases trabajadoras y sus aliados en ese puñado de países imperialistas arrebaten el poder estatal a esas clases dominantes capitalistas”, dijo Barnes, “la historia y la lucha de clases internacional estarán dominadas por una aguda rivalidad entre ellas para redividir las esferas de saqueo y lucro; desde conflictos arancelarios y disputas por mercados hasta sangrientas aventuras militares y guerras mundiales”.

El imperialismo no es, dijo Barnes, “una política preferida por el capital financiero, susceptible a ‘reformas’ burguesas. Debe ser derrocado en la lucha de clases revolucionaria”.

(Continuará la próxima semana)