LA HABANA — La contribución de los voluntarios internacionalistas cubanos a las luchas de liberación africanas, y las lecciones de esas experiencias se evidenciaron aquí en la presentación del libro Cuba y la guerra de independencia de Guinea-Bissau y Cabo Verde: La caída del último imperio colonial en África el pasado 14 de agosto. Víctor Dreke Cruz, su autor, había encabezado la misión militar cubana que colaboró con el movimiento independentista de Guinea-Bissau entre 1967 y 1968: años cruciales en la batalla contra el dominio colonial portugués.
La reunión tuvo lugar en la Casa de Artistas y Creadores, un centro cultural en La Habana. A pesar de publicitarse con solo dos días de antelación, 30 personas asistieron. Fue una prueba del gran interés existente dada la escasez de transporte y otros desafíos que el asfixiante bloqueo económico de Washington impone a Cuba. El libro se lanzó originalmente en La Habana en febrero.

Dreke es muy conocido en Cuba por su trayectoria de vida como dirigente revolucionario y combatiente internacionalista. A los 15 años se incorporó a la lucha revolucionaria dirigida por Fidel Castro que en 1959 derrocó a la dictadura militar de Fulgencio Batista y abrió el camino a la primera revolución socialista en América. Posteriormente contribuyó a dirigir las batallas que derrotaron a las bandas contrarrevolucionarias respaldadas por Washington que sembraban el terror en la sierra del Escambray. Durante décadas ha asumido muchas otras responsabilidades de liderazgo, tanto en Cuba como en África.
Sara Sánchez, directora del centro, dio la bienvenida a los presentes y se incorporó a la mesa de oradores. Los panelistas fueron Dreke, Oscar Oramas y Jonathan Silberman. Oramas fue embajador de Cuba en Guinea-Conakry durante buena parte de la guerra de independencia y es uno de los entrevistados en el libro. Silberman es director de Pathfinder Books en Londres y dirigente de la Liga Comunista en el Reino Unido.
Ana Morales, directora de programación de la Casa de África en La Habana, moderó la presentación. Ella fue directora fundadora de la facultad de medicina en Guinea-Bissau independiente en 1986.
Morales reconoció la presencia de Edna Barreto, embajadora de Cabo Verde en Cuba. También asistieron dirigentes locales de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana y personas que han desempeñado importantes responsabilidades en la salud pública, así como cubanos que se enteraron de la actividad de boca en boca.
Lecciones del Congo y Guinea-Bissau
Oramas dijo que la historia de la participación cubana en la guerra anticolonial de Guinea-Bissau se nutre de “la lucha anterior en la que Dreke participó en el Congo junto al Che”. En 1965, una unidad de 130 voluntarios cubanos encabezada por Ernesto Che Guevara se unió a combatientes congoleses que luchaban contra un régimen respaldado por el imperialismo. Dreke fue el segundo al mando de esa misión bajo Guevara.
La misión en el Congo, dijo Oramas, fue “una escuela donde se aprendió mucho, donde se extrajeron lecciones que ayudaron a la lucha en Guinea-Bisáu y Cabo Verde”. Los dirigentes congoleses estaban plagados por rivalidades internas, falta de disciplina y el peso de lealtades tribales y supersticiones.

En cambio, el Partido Africano por la Independencia de Guinea y Cabo Verde (PAIGC), liderado por Amílcar Cabral, era una organización políticamente preparada y disciplinada que involucraba a la población en un movimiento capaz de derrotar el colonialismo portugués.
Las lecciones tanto del Congo como de Guinea-Bissau, señaló Oramas, hicieron posible el éxito de posteriores misiones militares cubanas en África. Entre estas estuvo la defensa de Angola frente a las invasiones del régimen supremacista blanco de Sudáfrica y la independencia de Namibia. Esas luchas condujeron a la caída del estado del apartheid en la propia Sudáfrica.
Estos son ejemplos, señaló, de lo que Fidel Castro subrayó al decir, “Hemos creado una revolución más grande que nosotros mismos”. Por eso, dijo Oramas, “hoy los imperialistas quieren asfixiar al pueblo cubano”.
Liderazgo de Cabral
Los oradores destacaron la capacidad de liderazgo de Amílcar Cabral. Él encabezó la lucha política dentro del movimiento independentista para superar las enemistades étnicas y tribales que los colonizadores fomentaban como parte de sus tácticas de “dividir y vencer”. Abogaba por la emancipación de la mujer y por su participación en la lucha independentista. Explicaba que la lucha era contra el colonialismo portugués, no contra el pueblo portugués, y que los soldados portugueses, en su mayoría campesinos explotados, podían ser ganados como aliados en la lucha contra el enemigo común.
Cabral les inculcó a los combatientes que eran parte de una lucha global contra el imperialismo, como “soldados de la humanidad”. No luchamos, dijo, para reemplazar “caras blancas” europeas con “caras negras” africanas, sino “para que nuestros pueblos nunca más sean explotados”
El dirigente del PAIGC no llegó a ver la victoria. Fue asesinado en enero de 1973 en una operación organizada por la policía secreta portuguesa. Pero el partido que él construyó conquistó la independencia de Guinea-Bissau en 1974 y la de Cabo Verde al año siguiente. Estas luchas victoriosas desencadenaron el colapso de la dictadura fascista en Portugal mismo y del vasto imperio portugués en África que había perdurado por cinco siglos.
Dreke, hoy presidente de la Asociación de Amistad Cubano-Africana, habló sobre la importancia que Fidel Castro le daba al apoyo cubano a la lucha anticolonial en Guinea-Bissau y Cabo Verde. En 1966, la dirección cubana invitó a una delegación del PAIGC, encabezada por Cabral, a asistir a un encuentro internacional en La Habana de fuerzas antiimperialistas conocido, la Conferencia Tricontinental. Impresionado por la contribución de Cabral al debate, Fidel lo invitó a acompañarlo durante tres días en la sierra del Escambray para mostrarle cómo la Revolución Cubana estaba transformando las condiciones sociales de esa región rural en beneficio del pueblo trabajador.
“En la portada del libro se puede ver una foto de Fidel con Amílcar durante su visita al Escambray”, dijo Dreke.
Dreke destacó la estrecha colaboración entre los cubanos y el PAIGC en el campo de batalla, y lo que aprendieron del liderazgo de Cabral. Rindió homenaje a las contribuciones de otros combatientes cubanos entrevistados en el último capítulo del libro. Entre estos están el coronel Alfonso Pérez Morales y el teniente Eduardo Torres Ferrer, mejor conocidos como “Pina” y “Coqui”, que en 1966 fueron de los primeros combatientes cubanos en llegar a Guinea-Bissau, y el coronel René Hernández Gattorno, que desempeñó un papel importante en la batalla donde en 1973 los combatientes libertarios tomaron el cuartel portugués de Guiledje.
Castro envió al comandante Raúl Díaz Argüelles para colaborar directamente con João Bernardo “Nino” Vieira, comandante del PAIGC, en la ofensiva de Guiledje, que cambió el curso de la guerra y llevó a la derrota del ejército colonial portugués.
Herramienta para luchas hoy
Silberman dijo que Pathfinder había publicado el libro para trabajadores en todo el mundo que “hoy resisten los efectos de la gigantesca crisis capitalista internacional y sus guerras”. La historia narrada en Cuba y la guerra de independencia de Guinea-Bissau y Cabo Verde demuestra que con un liderazgo de la talla de Amílcar Cabral, el pueblo trabajador de un pequeño país africano pudo derrotar a una potencia imperial que contaba con muchos más recursos militares y económicos.
“También ofrece una respuesta cuando nos preguntan qué hay detrás de las décadas de agresión de Washington contra Cuba y su fuerte escalada actual. No es porque Cuba sea ‘una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos’, como afirman los portavoces imperialistas, sino por la amenaza de su ejemplo. El libro explica qué es la Revolución Cubana y cómo el pueblo trabajador de Cuba se transformó a la vez que ayudó a transformar el mundo. Y cómo Fidel Castro dirigió al pueblo cubano por esa trayectoria proletaria internacionalista”.
El libro de Dreke, disponible en inglés, español, francés y árabe, ha tenido una gran acogida, señaló Silberman. Las presentaciones de esta obra han atraído a públicos en Estados Unidos, Noruega, Australia y Francia, deseosos de aprender más sobre esta lucha poco conocida.
Durante un animado intercambio entre el público, María del Carmen Betancourt, presidenta de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana en Habana Vieja, dijo: “Este libro es una herramienta de estudio para los jóvenes, para que combatientes como nosotros podamos transmitir esta historia”.
El Dr. Luis Estruch Rancaño, fundador de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) en La Habana, señaló que, además de los internacionalistas cubanos que combatieron en África, el gobierno cubano ha ofrecido becas a miles de jóvenes de todo el mundo para estudiar medicina en Cuba. “Algunos de los primeros becados de la ELAM fueron estudiantes de Guinea-Bissau, Cabo Verde y otros países africanos”, dijo. “Eso también es parte de la revolución”.
Después del programa, los asistentes aprovecharon para adquirir el libro de Dreke y otras obras de la editorial Pathfinder, tanto sobre la Revolución Cubana como sobre la lucha de clases a nivel mundial.
