Pescadores en Puerto Rico hablan de lucha para defender su sustento

Por Seth Galinsky
16 de noviembre de 2026
Pescadores levantan cartel el 10 de sept. Gobernadora de Puerto Rico Jenniffer González visitó Punta Santiago el día después para anunciar costoso plan para reconstruir muelle.
Cortesía de Asociación de Pescadores de Punta SantiagoPescadores levantan cartel el 10 de sept. Gobernadora de Puerto Rico Jenniffer González visitó Punta Santiago el día después para anunciar costoso plan para reconstruir muelle.

HUMACAO, Puerto Rico — La lucha de pescadores aquí por una rampa que haga considerablemente más fácil echar al agua y varar sus pequeños botes de pesca pone de relieve algunos de los desafíos que enfrenta la clase trabajadora en Puerto Rico. Asimismo, constituye un buen ejemplo de las diversas formas en que la dominación colonial de Washington sirve los intereses de los capitalistas norteamericanos.

El 23 de octubre corresponsales del Militante y miembros del Partido Socialista de los Trabajadores se reunieron con seis miembros de la Asociación de Pescadores de Punta Santiago en la playa en las afueras del pueblo.

Cerca de allí aún permanecían dos de sus botes que fueron dañados por el huracán María en 2017, así como un muelle destrozado, ambos testimonio de los meses que les tomó a los pescadores recuperarse de sus pérdidas. estuvieron plagados de constantes cortes de electricidad, además de los daños causados por la tormenta al fondo marino.

Eddie López, presidente de Asociación de Pescadores de Punta Santiago, segundo de la derecha, y otros pescadores, hablan con delegación del Militante y Partido Socialista de los Trabajadores sobre condiciones que pescadores, como otros pequeños negocios, enfrentan.
Militante/Rachele FruitEddie López, presidente de Asociación de Pescadores de Punta Santiago, segundo de la derecha, y otros pescadores, hablan con delegación del Militante y Partido Socialista de los Trabajadores sobre condiciones que pescadores, como otros pequeños negocios, enfrentan.

“Por más de 40 años hemos estado luchando por una rampa”, dijo Eddie López, el presidente de la asociación. “Senadores de todos los partidos políticos nos han visitado. Se han tomado fotos mientras nos ayudaban a meter los barcos al agua. Los hemos montado en nuestros barcos para que vean lo difícil que es, pero nunca resuelven nada”.

La asociación tiene 17 miembros, dijo López. Existen más de 170 grupos de pescadores similares en pueblos costeros de la isla, pero no hay una asociación nacional. Según López, Punta Santiago es el único pueblo que carece de su propia rampa para embarcaciones.

La mayoría de los miembros posee un bote. En lugar de pagar un salario a los dos o tres trabajadores que contratan, reparten con ellos la pesca al final de cada jornada.

Al igual que otros negocios pequeños y trabajadores por cuenta propia, los pescadores se han visto duramente golpeados por la crisis económica capitalista, agravada por su condición de colonia de Washington. Cuando les preguntamos si el precio del combustible para sus embarcaciones había aumentado, estallaron en una risa amarga. El costo de todos sus necesidades básicas se ha disparado.

Las tarifas eléctricas han subido vertiginosamente, con un incremento del 18% tan solo este mes, casi el doble del costo en el territorio continental de Estados Unidos. Ante los frecuentes bajones y apagones, muchos pescadores han optado por alquilar sistemas de paneles solares, lo cual les supone un gasto de entre 150 y 320 dólares al mes.

“Es poco lo que pedimos”, dijo la pescadora Elsie Rodríguez, quien, a sus 81 años, sigue saliendo en su lancha todos los sábados. “Solo se necesita un poquito de concreto”. Ella y su esposo, Ángel Luis, también son dueños de un negocio que compra la pesca a otros pescadores y la revende al público.

Cuando le preguntamos por qué los miembros de la asociación no se organizan para construir la rampa por su cuenta, Rodríguez se encogió de hombros y dijo, “No nos dan los permisos”.

Los capataces norteamericanos y los órganos gobernantes capitalistas locales intentan impedir que los trabajadores se organicen colectivamente para resolver sus problemas. Fomentan la dependencia de la “ayuda” gubernamental y crean la ilusión de que los trabajadores no pueden sortear los obstáculos burocráticos, los cuales se ven agravados por el hecho de que el control definitivo reside en manos de organismos coloniales.

“La única forma que van a tener una rampa es si el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos la construye”, dijo al Militante el día siguiente Yamary Morales una ex pescadora de la cercana localidad de Yabucoa.

López nos mostró artículos de periódicos de 2012 y 2017 en los que funcionarios gubernamentales prometieron que la rampa se construiría pronto. Nunca se construyó. También nos mostró un video que muestra la extenuante labor de empujar sus embarcaciones desde la playa hasta el mar, y viceversa.

Los pescadores están indignados porque se aprobaron 20 millones de dólares para la reconstrucción del muelle de Punta Santiago destruido por el huracán en 2017 sin incluir una rampa para las embarcaciones.

“El muelle sería un beneficio para el turismo y la comunidad”, dijo el pescador Vidal Silva. “¿Por que no puede incluir una rampa?”

Los pescadores dijeron que son acosados por oficiales del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales de Puerto Rico. Cuando estaba moviendo su bote, “uno de ellos me dijo que mi camión contamina la playa y el agua”, dijo Luis.

El nuevo muelle se está construyendo principalmente con fondos de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) de Estados Unidos. El gobierno de Puerto Rico está obligado a aportar el 10%.

Pero la Junta de Supervisión y Administración Financiera —impuesta por el gobierno norteamericano y conocida por los puertorriqueños simplemente como “la Junta”— tiene poder de veto sobre cualquier gasto que supere los 10 millones de dólares. Inicialmente, los pescadores no creían que la Junta tenía voz en la decisión del gobierno colonial de asignar los fondos; pero, al consultar la normativa mientras hablábamos, Rodríguez señaló que, al parecer, la Junta tendría la última palabra si la situación llegara a ese punto.

Aunque la mayoría de los puertorriqueños se sienten orgullosos de su cultura y su historia, muchos no apoyan la independencia por temor a las consecuencias económicas.

“Si Puerto Rico se hace independiente, me iré inmediatamente a Estados Unidos”, dijo López, mientras la conversación giraba en torno a la profunda crisis económica y social que enfrentan hoy el pueblo trabajador tanto en Puerto Rico y en Estados Unidos.

También reaccionó fuertemente cuando algo en el Militante sobre la Revolución Cubana le llamó la atención. “¿Tú crees que está bien que la gente en Cuba se muere de hambre, no tienen electricidad, no hay agua, no hay comida, no hay libertad?” dijo. “Quiero que el ejército americano invada a Cuba”.

Ninguno de los otros puertorriqueños del grupo intervino a favor de López. Al contrario, ayudaron a que la discusión volviera a las condiciones que enfrentan y la reunión terminó con una nota positiva.

Los pescadores esperan obtener pronto una respuesta afirmativa, afirmó López. De lo contrario, “Quizás organizamos otra protesta”.

 

Mary-Alice Waters y Róger Calero contribuyeron a este artículo.