Por qué Israel tiene que derrotar a Hamás

Por Brian Williams
16 de noviembre de 2026
Migrante tanzano Joseph Mollel, ruega por su vida antes que Hamás lo matara el 7 de octubre de 2023, en una granja en Israel. Hamás es un peligro mortal para todos los trabajadores.
Migrante tanzano Joseph Mollel, ruega por su vida antes que Hamás lo matara el 7 de octubre de 2023, en una granja en Israel. Hamás es un peligro mortal para todos los trabajadores.

Hace tres años, el 7 de octubre de 2023, Hamás realizó un pogromo contra los judíos en Israel con el respaldo de los gobernantes de Teherán. Matones de Hamás cruzaron la frontera desde Gaza, persiguieron y asesinaron a unas 1,200 personas —en su inmensa mayoría judíos civiles— en kibutzim y otras comunidades de la zona, y en el festival de música Nova.

Los perpetradores del pogromo hirieron a miles de personas, violaron y mutilaron a decenas de mujeres y se llevaron a Gaza a más de 250 rehenes, donde fueron sometidos a intimidación y tortura. Pasaron dos años hasta que el último de los rehenes con vida fue liberado.

Hamás también mató, agredió brutalmente o tomó rehenes a varias decenas de trabajadores migrantes provenientes de Tailandia, Filipinas, Sri Lanka y otros lugares, así como a árabes israelíes. Hamás los considera blancos legítimos por relacionarse con los judíos.

Surgido de la Hermandad Musulmana, Hamás adoptó una carta fundacional que proclamaba explícitamente su objetivo de destruir Israel y a los judíos.

Es necesario entender estos datos para comprender que Israel ha librado una guerra defensiva para evitar un nuevo Holocausto. Y por qué esta guerra es clave para el avance de las luchas de la clase trabajadora en esa región hoy.

Los matones de Hamás fueron entrenados, financiados y armados por el régimen capitalista contrarrevolucionario de Irán, respaldado por el “eje de resistencia” de Teherán, que odia a los judíos, e incluye también a Hezbolá en Líbano, a los hutíes en Yemen y milicias en Iraq y otros lugares.

Hamás construyó cientos de kilómetros de túneles bajo Gaza para almacenar armas y municiones, y para servir de refugio a sus matones. Estableció puestos de mando y almacenes para el depósito de armas debajo de escuelas, hospitales, viviendas, almacenes de la ONU y mezquitas.

Hamás sabía que esto maximizaría el número de civiles palestinos muertos o heridos, y que después podía culpar a Israel de estas muertes. No destinó ni un céntimo a crear refugios para los civiles de Gaza; le resultaban mucho más útiles como escudos humanos.

Por su parte, las Fuerzas de Defensa de Israel cancelaron cientos de ataques en Gaza para evitar muertes de civiles y repetidamente usaron llamadas a teléfonos móviles, mensajes de texto y volantes lanzados desde el aire para advertir a los palestinos que debían abandonar los edificios antes de los ataques contra Hamás.

Golpes asestados a Hamás

En sus esfuerzos por defender la existencia de Israel como refugio contra el  odio antijudío, las fuerzas israelíes han asestado duros golpes a Hamás en los últimos tres años. También han llevado a cabo acciones militares para impedir que Teherán desarrolle armas nucleares. Una sola bomba atómica del tamaño de la que se lanzó sobre Hiroshima, podría acabar con la vida de miles de judíos y otras personas en Israel.

“Nuestra lucha contra ellos aún no ha terminado”, dijo en junio Benjamín Netanyahu, el primer ministro israelí.

Los gobernantes capitalistas norteamericanos constituyen el mayor obstáculo para desmantelar a Hamás. Sus intereses no incluyen la defensa de Israel como refugio para los judíos. Su objetivo es consolidar control sobre los vastos recursos petroleros y otros recursos naturales, los mercados y la fuerza laboral en el Medio Oriente, con el fin de saquearlos y ganar terreno contra sus competidores capitalistas.

Desde que el presidente Donald Trump obligó a Israel a desistir de sus ataques contra Hamás en Gaza el año pasado, el grupo terrorista ha reafirmado su control dictatorial sobre los palestinos en la zona, impidiendo con violencia el rebrote de las protestas que exigían el fin del dominio de Hamás, que además no tiene ninguna intención de desarmarse.

Lucha contra odio antijudío es clave

La cuestión judía no es solo una cuestión para Israel y el Medio Oriente, explica Dave Prince, dirigente del Partido Socialista de los Trabajadores, en el primer capítulo del libro de la editorial Pathfinder titulado La lucha contra el odio antijudío y los pogromos en la época imperialista: Lo que está en juego para la clase trabajadora internacional. “El odio a los judíos es una cuestión mundial. Hoy día la lucha en su contra es decisiva para toda batalla obrera contra las consecuencias brutales para la humanidad del imperialismo y sus convulsiones”.

Desde el pogromo del 7 de octubre, ha surgido un torrente de mentiras contra Israel y los judíos, proveniente de la izquierda de clase media, de miembros del Partido Demócrata —tanto de su ala liberal como de la denominada ala socialista— y de algunos republicanos y ultraderechistas que siempre han odiado a los judíos. Estas mentiras se repiten incesantemente en los medios de comunicación capitalistas que afirman que Israel es un estado con “apartheid” que está cometiendo un “genocidio” y llevando a cabo una “limpieza étnica” contra los palestinos.

Están intensificando esfuerzos para aislar a Israel, excluirlo del debate político a nivel mundial, de la música, arte, competencias deportivas y de otro tipo, y usan ataques físicos para enfatizar estas acciones.

Ya desde la mañana del 7 de octubre, las fuerzas pro-Hamás celebraban el pogromo como una respuesta progresista a la opresión nacional de los palestinos. Pero nada puede estar más lejos de la realidad. La masacre de judíos no fue una acto antiimperialista; no tuvo nada que ver con promover los intereses del pueblo palestino o de los explotados y oprimidos en ningún lugar en el mundo.

Cuando han tenido la oportunidad, los habitantes de Gaza se han pronunciado, señalando que su obstáculo principal es Hamás y sus matones.

“De hecho, es en la clase trabajadora de Estados Unidos y otros países, donde hallamos la más profunda repugnancia hacia el pogromo del 7 de octubre” escribió Prince en La lucha contra el odio antijudío y los pogromos. “No entre los profesionales privilegiados y las clases medias, ni en las universidades, donde hoy aflora el odio antijudío”.

El desmantelamiento de Hamás por parte de las Fuerzas de Defensa de Israel —la única fuerza capaz de hacerlo— sería un avance importante para la lucha de clases en Gaza. Permitiría a los palestinos alzar la voz y sumarse a luchas comunes para forjar la unidad entre el pueblo trabajador de Israel, Gaza y todo el Medio Oriente. En el curso de estas batallas se puede forjar un partido revolucionario proletario que arrebate el poder político a los gobernantes capitalistas y ponga fin, de una vez por todas, al odio antijudío.