Las fuerzas militares estadounidenses mataron a sangre fría a 11 personas a bordo de una lancha rápida en aguas internacionales frente a la costa de Venezuela el 2 de septiembre, violando la soberanía de Venezuela y de otras naciones. Sin brindar evidencia el presidente Donald Trump dijo que la embarcación transportaba drogas con destino a Estados Unidos, “organizadas por narcoterroristas del Tren de Aragua… que operan bajo el control [del presidente de Venezuela] Nicolás Maduro”.
El ataque se llevó a cabo sin un disparo de advertencia ni esfuerzo alguno por detener a la tripulación. La administración norteamericana dice que continuará realizando estos ataques.
El hundimiento de la embarcación se produjo pocos días después de que el Pentágono desplegara ocho buques de guerra, varios aviones de vigilancia naval y un submarino nuclear en el Caribe —con unos 4,500 efectivos, incluidos 2,200 marineros— además de otros buques que ya operaban en el área, para amenazar a Venezuela
Tropas de los Marines y la Armada practicaron desembarcos anfibios en la costa sur de Puerto Rico. El Pentágono anunció el envío de 10 aviones de combate F-35 a la antigua Estación Naval Roosevelt Roads en Ceiba, en la colonia estadounidense —ahora un aeropuerto civil— lo que los pone a distancia de ataque a Venezuela. Esa base ha estado “cerrada” desde 2004 a raíz de las protestas realizadas durante muchos años contra la presencia militar estadounidense en la isla.
Peter Hegseth, el secretario de guerra, acompañado por Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, visitó Puerto Rico el 8 de septiembre. El Pentágono está considerando utilizar la isla como base de operaciones como parte de los intentos de Washington para reafirmar su poder en el Caribe y América Latina.
La destrucción de la lancha fue la primera vez que los gobernantes estadounidenses actuaron abiertamente en su alegación de que pueden matar a quienes ellos acusen de pertenecer a una banda criminal, negándoles el debido proceso y la oportunidad de defenderse en un juicio. Es también el primer ataque aéreo en América Latina o el Caribe reconocido públicamente por las fuerzas armadas estadounidenses desde la invasión de Panamá en 1989.
“La interdicción no funciona”, dijo Marco Rubio, el secretario de estado, en una conferencia de prensa en la Ciudad de México el 3 de septiembre, porque los cárteles de la droga “saben que van a perder el 2% de su cargamento”.
“Seguiremos explotando barcos”
“Lo que los detendrá es hacerlos explotar”, dijo. “El presidente de Estados Unidos va a librar guerra contra las organizaciones narcoterroristas”. Prometió que explotar los botes “podía pasar de nuevo”. Trump dijo: “Hay más de donde vino eso”.
Pero el objetivo principal de la demostración de poderío militar estadounidense no eran los cárteles de la droga, sino Venezuela. Sea bajo gobiernos demócratas o republicanos, Washington ha buscado derrocar al presidente Nicolás Maduro y reemplazar su régimen por uno que cumpla mejor con las exigencias de los gobernantes imperialistas estadounidenses.
En un editorial del 29 de agosto, el Wall Street Journal señaló que el “importante poder de fuego” que el Pentágono ha desplegado en el Caribe tiene como objetivo “presionar al Sr. Maduro para que abdique o, quizás, derrocarlo”. Pero el periódico advirtió: “Un operativo a medias para derrocar al Sr. Maduro, que no esté preparado para la resistencia armada, es buscarse problemas”. El 3 de septiembre, los directores del Journal aplaudieron el hundimiento del barco y la muerte de sus ocupantes, afirmando: “Fue una buena decisión”.
En respuesta a las operaciones militares de Washington, el gobierno de Maduro instó al pueblo venezolano a prepararse para la defensa del país. El Departamento de Defensa de Estados Unidos dijo que aviones de combate F-16 venezolanos han sobrevolado el destructor USS Jason Dunham dos veces desde que la lancha fue destruida. Trump ha amenazado con derribarlos la próxima vez.
Incluso antes del hundimiento de la lancha, el gobierno cubano emitió un comunicado el 28 de agosto denunciando la intensificación del operativo militar estadounidense en el Caribe, calificándolo de “grave amenaza y una agresiva demostración de fuerza que atenta contra la soberanía y la autodeterminación de los pueblos de América Latina y el Caribe”.
Nadie puede creer honestamente que “la envergadura de los efectivos, técnica militar, medios navales, incluyendo submarinos nucleares, y potencial de fuego que Estados Unidos se ha dispuesto desplegar en esa zona pacífica del mundo, sea la manera apropiada para combatir el crimen organizado, el tráfico ilícito de drogas o los flujos irregulares de migración, ni que ese despliegue verdaderamente se proponga los objetivos declarados”, afirmó el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba.
