Días antes de matar cruelmente a 11 personas a bordo de una lancha rápida en aguas internacionales frente a la costa de Venezuela el 2 de septiembre, Washington llevó a cabo una nueva escalada militar en el Caribe que hasta la fecha suma ocho buques de guerra, varios aviones de vigilancia P-8 de la marina y un submarino de ataque.
El Pentágono envió 10 aviones de caza stealth F-35 a Puerto Rico —en posición para realizar ataques aéreos en el Caribe o dentro de Venezuela si se les ordena— e inició ejercicios de entrenamiento de desembarco anfibio con la participación de 4,500 marineros de Estados Unidos y más de 2 mil marines.
Que Washington use la colonia de Puerto Rico como base militar no es nada nuevo. “Estoy consternada por lo que está sucediendo ahora mismo”, declaró Myrna Pagán, líder de Vidas Viequenses Valen, al Militante en una entrevista telefónica desde Vieques el 12 de septiembre. “De repente, nos están volviendo a usar como trampolín, tal como se usó Vieques cuando Estados Unidos invadió Granada y Panamá.
“Hemos luchado por tanto tiempo para limpiar nuestra tierra, para que haya paz en esta isla y nuestra gente pueda prosperar”, dijo. “Y ahora se supone que debemos retroceder en la historia y convertirnos en una herramienta que el gobierno norteamericano volverá a usar. Es inaceptable”.
Washington se apoderó de Puerto Rico como parte de su botín en la llamada guerra hispano-estadounidense de 1898. La Corte Suprema de Estados Unidos definió a la isla como “perteneciente a” pero “no parte de” Estados Unidos, afirmando que estaba ocupada por “razas extranjeras”. Los gobernantes de Estados Unidos impusieron la ciudadanía norteamericana a los puertorriqueños en noviembre de 1917, días antes de entrar en la Primera Guerra Mundial, para permitir el reclutamiento de puertorriqueños al ejército. Existe una larga lista de puertorriqueños muertos o heridos que sirvieron como carne de cañón para los intereses del imperialismo estadounidense.
En 1941, mientras los gobernantes de Estados Unidos se preparaban para entrar en la Segunda Guerra Mundial, el Congreso autorizó el establecimiento de una base naval en Vieques, una pequeña isla a menos de 10 millas de la isla principal de Puerto Rico. Las tropas norteamericanas desalojaron a unos 10 mil residentes a punta de armas, acorralándolos en una pequeña franja en el centro de la isla.
Transformaron Vieques en un gigantesco campo de tiro, utilizando munición real con napalm, uranio empobrecido y otras sustancias químicas tóxicas durante más de 60 años.
El Pentágono se apoderó de casi el 70% de Vieques, provocando una lucha para expulsar a las fuerzas norteamericanas que duró 60 años. El ejército utilizó a Puerto Rico como base de apoyo en el golpe de estado en Guatemala financiado por la CIA en 1954. Desde Puerto Rico despegaron los aviones que transportaron a miles de marines estadounidenses para la invasión de la República Dominicana en abril de 1965. En mayo de 1969, aviones estadounidenses rociaron sobre la tierra y las aguas de Vieques sustancias químicas parecidas a un gas nervioso para probar el equipo de protección de las tropas norteamericanas que luchaban en Vietnam.
Base para agresiones de EE.UU.
Maurice Bishop, primer ministro y líder central de la revolución de Granada, advirtió que “Ocean Venture 1981”, un ejercicio militar de la OTAN realizado en Vieques ese año en el que participaron 14 naciones, era “un ensayo para la invasión directa de Granada por tropas de Washington”. El ejercicio de 10 semanas incluía 250 buques, mil aeronaves y 120 mil soldados. Meses antes de que las tropas norteamericanas invadieran Granada en octubre de 1983, tras un golpe de estado estalinista que derrocó a Bishop, se realizaron en Vieques las maniobras denominadas Universal Trek ’83 para ultimar los detalles. Puerto Rico sirvió como base de operaciones para la mitad de las tropas invasoras.
Residentes de Vieques y otros puertorriqueños y aliados en el extranjero, lucharon tenazmente contra el uso de sus tierras para prácticas de bombardeo y como campo de entrenamiento para la invasión de Panamá en 1989 por parte de Washington. Más de 20 mil soldados estadounidenses invadieron y capturaron al general Manuel Noriega, jefe de estado de Panamá, después de que Estados Unidos lo acusara de narcotráfico.
La lucha contra la base militar norteamericana estalló en 1999 después de que una bomba de 500 libras, lanzada por un avión de la marina estadounidense durante un ejercicio de entrenamiento, mató a David Sanes, un guardia civil local. Pescadores y maestros, entre otros manifestantes, llevaron a cabo acciones de desobediencia civil estableciendo campamentos, algunos de ellos en la zona del campo de bombardeo.
Unas 50 mil personas marcharon en Ceiba, Puerto Rico, exigiendo la retirada de la marina norteamericana de Vieques. La marina se vio obligada a suspender sus bombardeos durante un año.
En el 2000, unos 85 mil trabajadores se manifestaron en San Juan de Puerto Rico, cuando Washington anunció planes para reanudar los bombardeos.
Bajo la incesante presión del pueblo puertorriqueño, la marina de Estados Unidos suspendió sus operaciones en Vieques en 2003. El presidente George W. Bush admitió su derrota, declarando: “No nos quieren allí”.
Las décadas de bombardeos dejaron tras de sí una enorme destrucción y acumulación de sustancias químicas tóxicas. Estudios demostraron que los residentes de la isla tenían una probabilidad significativamente mayor de contraer cáncer, diabetes y enfermedades cardíacas y hepáticas, que otros puertorriqueños. Las tropas estadounidenses siguen recolectando bombas sin detonar y diversos contaminantes.
“Nos duele mucho que vengan a Puerto Rico a usar nuestra tierra, nuestro cielo y nuestro mar para sus ejercicios militares”, declaró Sonia Santiago, fundadora de Madres Contra la Guerra, a la prensa el 7 de septiembre en una protesta frente a la Base Aérea Muñiz en Carolina, Puerto Rico.
“Hay toda una nueva generación consternada por esto”, declaró Pagán, explicando que se planean más protestas. “No queremos ninguna acción militar aquí. No lo aceptaremos y haremos todo lo necesario para evitarlo”.
