Izquierdistas ‘woke’ aplauden ataques violentos contra oponentes

Por Terry Evans
13 de octubre de 2025
Tras la muerte de George Floyd en 2020, turbas destruyeron en disturbios un local de Office Depot en St. Paul, Minnesota. El alza en ataques violentos es un peligro para clase trabajadora.
AP Photo/John MinchilloTras la muerte de George Floyd en 2020, turbas destruyeron en disturbios un local de Office Depot en St. Paul, Minnesota. El alza en ataques violentos es un peligro para clase trabajadora.

El asesinato del político conservador Charlie Kirk el 10 de septiembre refleja la creciente normalización del uso de la violencia por las fuerzas pequeñoburguesas radicales woke para cancelar a sus oponentes políticos. Es una seria amenaza para la clase trabajadora.

Aunque las capas liberales burguesas no son la fuente de la violencia se adaptan a la izquierda y su matonería, y brindan excusas.

Esta violencia se ha convertido en un hecho en la vida política, desde los disturbios y las peleas callejeras tras la muerte de George Floyd en 2020, hasta el asesinato del director ejecutivo de UnitedHealthcare, Brian Thompson, el año pasado, y los ataques no provocados contra los judíos en las universidades.

Tyler Robinson confesó a su familia y a sus amigos que había matado a Kirk, un aliado cercano del presidente Donald Trump. Si bien aún se desconocen muchos detalles sobre las opiniones de Robinson, dejó claro que cometió el asesinato por motivos políticos. “Ya estaba harto de su odio [de Kirk]”, le dijo a su compañero de apartamento. Robinson podría enfrentar la pena de muerte.

Tras la muerte de George Floyd durante un enfrentamiento con la policía en Minneapolis, grupos de Antifa, Black Lives Matter y otros radicales orquestaron semanas de saqueos y enfrentamientos callejeros. Lo hicieron en nombre de la lucha contra la brutalidad policial. Mientras tanto, alienaron a los trabajadores y destruyeron el movimiento de protesta. Muchos liberales justificaron sus ataques violentos.

Después de que se filtraran los planes de la Corte Suprema de anular la decisión Roe v. Wade en 2022, Nicholas John Roske decidió que iba a asesinar al juez Brett Kavanaugh y a otros dos magistrados para impedir que la Corte Suprema emitiera un fallo. Con su acto pretendía darle al entonces presidente Joseph Biden la oportunidad de nombrar a los sucesores de los magistrados. Roske fue arrestado cerca de la casa de Kavanaugh, bien armado y con las direcciones de sus otros objetivos.

Luigi Mangione mató al director ejecutivo de UnitedHealthcare, en diciembre pasado. “Estos parásitos simplemente se lo merecían”, decía una nota escrita por Mangione. “Siguen abusando de nuestro país para sacar enormes ganancias”. La izquierda pequeñoburguesa explotó con simpatía por Mangione.

El creciente uso de la violencia política está vinculado con el incremento del uso de la “cultura de la cancelación” entre las capas privilegiadas de clase media, especialmente en los campus universitarios. Acosan a sus oponentes políticos y los silencian. Presionan a directivos para que prohíban las exposiciones de obras históricas de arte, literatura y ciencia que no se apeguen a su visión woke del mundo. Profundamente resentidos, dicen que todo lo que ellos consideren “opresivo” debe ser eliminado.

“Necesitamos retomar los asesinatos políticos”, escribió Julia Xu, estudiante de Oberlin College en Ohio, en una red social de la universidad tras el asesinato de Kirk. Ella es miembro de Estudiantes por una Palestina Libre y dijo que sus comentarios estaban “influenciados” por el estalinista chino Mao Zedong. “No creo que todos merecen el derecho a la libertad de expresión”, dijo. “Algunas personas deberían tener miedo de expresar sus opiniones en público”.

Ridiculizó a los estudiantes caucásicos cuyas opiniones no se acercaban lo suficiente a las suyas. “Esto solo demuestra que los hombres blancos siempre empatizan con gente que se parece a ellos”, dijo.

Después de que los medios se enteraron de sus comentarios, la administración de la universidad intervino para ayudarla a retractarse y disculparse.

Origen de violencia política actual

Décadas antes del asesinato de Kirk, los partidos estalinistas ya estaban promoviendo el uso de la violencia contra oponentes políticos en el movimiento obrero. José Stalin encabezó una contrarrevolución en la Unión Soviética, revocando el programa y el curso político de V.I. Lenin, el líder central de la Revolución Rusa de 1917. Los partidos estalinistas de todo el mundo atacaron a los defensores de la trayectoria de Lenin, incluidos los que posteriormente fundaron el Partido Socialista de los Trabajadores.

El régimen policial estalinista desplegó una maquinaria asesina responsable de la muerte de cientos de miles de revolucionarios en la Unión Soviética; del asesinato de León Trotsky en México en 1940; y del asesinato o encarcelamiento de miles de luchadores  con perspectivas revolucionarias desde entonces.

Su brutalidad fue imitada en Estados Unidos por radicales pequeñoburgueses como el Weather Underground, una secta ultraizquierdista de inspiración estalinista. Cometieron una serie de atentados con bombas y secuestros en los años 70, brindando una oportunidad a los gobernantes capitalistas y a la policía para difamar al movimiento obrero. Muchos grupos radicales citan a Frantz Fanon, partidario de la Revolución Argelina, quien para justificar estos ataques dijo que infligir violencia letal era “terapéutico”.

La administración Trump se está aprovechando de estos impostores de la política comunista para atacar las protecciones constitucionales que la clase trabajadora necesita. El 22 de septiembre, emitió una orden ejecutiva que designa a Antifa como grupo terrorista nacional.

Antifa está compuesta por diversas fuerzas ultraizquierdistas que orquestan actos violentos contra pequeños grupos de derecha y la policía.

La orden de Trump se apoya en la expansión de las operaciones de espionaje doméstico bajo la Ley Patriota aprobada en 2001, respaldada tanto por demócratas como por republicanos. Esto impulsó los esfuerzos de los gobernantes para rehabilitar al FBI como fuerza policial política, un esfuerzo que continúa hasta hoy.

Contra el ‘discurso de odio’

“Sin duda, los perseguiremos si atacan a alguien con discurso de odio”, amenazó la fiscal general Pam Bondi el 15 de septiembre. El término deliberadamente vago “discurso de odio” ha sido usado por liberales y conservadores para asestar golpes a la libertad de expresión.

El vicepresidente JD Vance instó a denunciar a los compañeros de trabajo que “celebren” la muerte de Kirk, para que sean despedidos. Peter Hegseth, secretario del Departamento de Guerra, ordenó a los altos mandos que vigilaran los comentarios del personal militar. Hasta el momento, ocho han sido suspendidos o están siendo investigados, acusados de burlarse de la muerte de Kirk.

La administración también ha amenazado con investigar a la Open Society Foundations de George Soros y otras organizaciones “sin fines de lucro” capitalistas, por financiar a la revista Nation, que publicó un artículo que comparaba a Kirk con el portavoz nazi Joseph Goebbels.

El pueblo trabajador necesita poder debatir sin el temor de ser atacado violentamente por el gobierno u oponentes políticos. Los trabajadores y nuestros sindicatos deben estar a la vanguardia en la defensa de las protecciones constitucionales, independientemente de a quién apunte el gobierno hoy, porque mañana el pueblo trabajador será el blanco.