Desde 2022, el pueblo trabajador ucraniano ha resistido con determinación la invasión de Moscú y su intento de apoderarse de todo el país, en lo que se ha convertido en una sangrienta guerra de desgaste. Sin importarle la vida y la integridad física de los soldados rusos, el presidente Vladímir Putin está tratando de expandir la ocupación del territorio en el sureste de Ucrania.
Mientras tanto, Washington está intentando imponer un acuerdo de paz para ampliar sus perspectivas comerciales y de lucro, a la vez que reconstruye sus relaciones con Moscú.
Las conversaciones gestionadas por el presidente Donald Trump tienen como objetivo poner fin a la guerra en términos favorables para Washington y los inversores estadounidenses, sin tener en cuenta la soberanía de Ucrania. Ucrania “está perdiendo” la guerra, dijo Trump el 7 de diciembre, y el presidente ucraniano Volodímir Zelenski “tendrá que ponerse manos a la obra y empezar a aceptar las cosas” exigidas por Moscú.
Moscú lanzó un gran ataque aéreo contra la infraestructura energética ucraniana el 6 de diciembre, coincidiendo con la última ronda de conversaciones entre funcionarios de Washington y Kiev. Las defensas ucranianas derribaron la mayoría de los drones y misiles, pero 29 instalaciones resultaron afectadas. El objetivo del Kremlin es privar al pueblo ucraniano de luz y calefacción ahora que se acerca el invierno.
La Casa Blanca publicó el 4 de diciembre su informe sobre Estrategia de Seguridad Nacional en el que afirmaba que Washington busca “ventaja competitiva y dominio militar”. El documento destaca la creciente brecha entre Washington y sus “aliados” rivales en Europa.
El comunicado afirma que “un cese rápido de las hostilidades” en la guerra iniciada por Moscú es esencial para “estabilizar las economías europeas, prevenir una escalada o expansión involuntaria del conflicto y restablecer la estabilidad estratégica con Rusia”. Añade que Washington “discrepa con los funcionarios europeos que tienen expectativas poco realistas” sobre el desenlace de la guerra.
En otra señal del acercamiento entre Washington y Moscú, 64 inmigrantes rusos fueron repatriados de Estados Unidos a Moscú el 9 de diciembre como parte del programa de deportaciones de Trump. A su llegada, fueron detenidos e interrogados por la policía política rusa, y varios de ellos fueron reclutados inmediatamente para el ejército.
El documento estratégico de Washington aboga por la reconstrucción de Ucrania “para garantizar su supervivencia como estado unitario”, pero claramente uno más pequeño y débil. Putin exige un límite al tamaño del ejército ucraniano, derecho de veto sobre cualquier alianza militar y restricciones en su armamento.
“O liberamos estos territorios por la fuerza, o las tropas ucranianas abandonan estos territorios”, insistió Putin el 5 de diciembre. Se refería en particular a Sloviansk y Kramatorsk, dos ciudades estratégicas y bien fortificadas en la provincia de Luhansk, controladas por las fuerzas ucranianas.
Es parte de su demanda de controlar la totalidad de las provincias de Luhansk y Donetsk. Además, proporcionaría a sus fuerzas una plataforma de despliegue más amplia para una posterior invasión.
Putin ha apostado a que la superioridad poblacional y de recursos le permitirán soportar pérdidas mucho mayores que Ucrania. Las fuerzas rusas ocupan el 19.2% del territorio ucraniano en el sureste, lo que incluye la península de Crimea y grandes extensiones de la región minera e industrial del Donbás.
Las conquistas territoriales de Moscú a lo largo del frente de 800 millas en el sureste de Ucrania han sido relativamente menores este año, con un costo de más de 35 mil bajas al mes que el Kremlin tiene dificultades en reemplazar.
Lenin favorecía autodeterminación
Desde el principio, Putin ha dejado claro que su objetivo es someter a Ucrania. Niega la existencia de una nacionalidad ucraniana independiente y culpa al líder bolchevique V.I. Lenin de su creación.
Después de que los obreros y campesinos conquistaron el poder en Rusia en 1917, el gobierno bolchevique liderado por Lenin otorgó el derecho a la autodeterminación a todas las naciones oprimidas bajo el imperio zarista, incluida Ucrania. Pocos años después, José Stalin encabezó una contrarrevolución contra el programa bolchevique de Lenin, expulsando a los trabajadores del poder y reimponiendo el dominio de Moscú sobre Ucrania.
La determinación de los trabajadores ucranianos de defender su soberanía refleja sus profundas aspiraciones nacionales.
Durante casi 18 meses, oleadas de tropas rusas han logrado pequeños avances peleando por la ciudad en ruinas de Pokrovsk, que en su día fue un centro clave para el ejército de Kiev.
El subcomandante del regimiento de asalto Skala es un voluntario de Letonia. El 9 de diciembre, dijo a la BBC que los letones “entienden que si Ucrania pierde la guerra, nuestro país será el próximo”.
“Creo que el mundo entero debe saber que no vamos a renunciar a nuestro territorio”, dijo Yuri, el comandante de la unidad.
Un combatiente, que cree que Ucrania no debería ceder territorio a cambio de la paz, añadió: “Somos parte de esta tierra. Si la entregamos, Rusia querrá más”.
