¿Quién era el sha? ¿Qué fue la revolución de 1979 en Irán?

Por Brian Williams
9 de febrero de 2026
Protesta en Teherán contra sha de Irán, 7 de sept. de 1978. Al día siguiente fuerzas del sha dispararon contra manifestantes matando a centenares; día conocido como Viernes Negro.
Protesta en Teherán contra sha de Irán, 7 de sept. de 1978. Al día siguiente fuerzas del sha dispararon contra manifestantes matando a centenares; día conocido como Viernes Negro.

La imagen que presentan los políticos capitalistas y la prensa burguesa —haciéndose eco de las afirmaciones de Alí Jamenei, líder supremo de Irán— es que el régimen clerical burgués en el poder hoy en Irán es el defensor y la continuidad de la revolución de 1979 que derrocó la dictadura del sha Mohammad Reza Pahlavi respaldada por Washington.

Eso pone de cabeza la realidad. El régimen reaccionario en Teherán proviene de una contrarrevolución política que revirtió los logros de la revolución de 1979.

Esa fue una revolución social profunda, moderna y popular en la ciudad y el campo, no una yihad religiosa como la presentan falsamente los voceros burgueses. Tuvo repercusiones en todo el Medio Oriente y el mundo.

Durante décadas el sha —que significa rey— fue un firme aliado del imperialismo estadounidense en toda la región. Después de ser derrocado por un levantamiento popular a principios de los años 50, un golpe militar organizado por la CIA retornó a Pahlavi al poder en 1953.

Su régimen —que afirmaba estar “modernizando” Irán— se volvió cada vez más odiado. La “modernización” capitalista se llevó a cabo a costa de los trabajadores, campesinos y nacionalidades oprimidas de Irán.

En 1971, por ejemplo, el ingreso per cápita promedio era menos de un dólar al día, ¡y el promedio mensual de consumo de carne era de 2.7 libras por persona! El farsi, la lengua de la mayoría persa, se convirtió en la única lengua oficial. Las nacionalidades oprimidas, incluidos kurdos, azerbaiyanos, baluchis y árabes, se enfrentaban a una discriminación generalizada.

El sha recurrió a la represión brutal para mantenerse en el poder. Los sindicatos y casi todos los partidos y periódicos de oposición fueron prohibidos. La SAVAK, la policía secreta entrenada y financiada por la CIA y otras agencias estadounidenses, era infame por sus cámaras de tortura.

Después de que un millón de personas marcharon contra el sha en Teherán el 7 de septiembre de 1978, el régimen declaró la ley marcial. Al día siguiente, las tropas dispararon y mataron a cientos, posiblemente miles, de manifestantes en todo el país.

La clase obrera industrial comenzó a desempeñar un papel más destacado en las protestas. Oleadas de huelgas continuaron en los meses siguientes, involucrando a 40 mil trabajadores petroleros, 150 mil trabajadores textiles, 40 mil siderúrgicos, 100 mil empleados gubernamentales y otros. Los campesinos se unieron a las protestas, participando en manifestaciones en las ciudades. Los trabajadores petroleros lideraron una huelga general de más de 100 días que paralizó totalmente la economía.

El sha huyó del país el 16 de enero de 1979, supuestamente para tomarse unas “prolongadas vacaciones”. El ayatolá Ruhollah Jomeiní, que había sido exiliado por apoyar públicamente protestas anteriores, regresó a Teherán el 1 de febrero, alentando el levantamiento popular.

Corresponsales del Militante en Teherán reportaron estos trascendentales acontecimientos. “Las fuerzas armadas iraníes, con más personal y armamento que las del imperialismo británico, se desmoronaron ante el desafío popular y la rebelión de los soldados”, informaron.

Los trabajadores tomaron la iniciativa en la creación de shoras (consejos) en fábricas y vecindarios para luchar por el control obrero de la producción y las condiciones laborales. Los campesinos lucharon por la tierra. Las nacionalidades oprimidas por el derecho a hablar en sus idiomas propios y contra la discriminación en empleo, educación y vivienda.

Las fuerzas burguesas, organizadas en torno a Jomeiní, lucharon por establecer un régimen capitalista estable. Intentaron sacar a los manifestantes de las calles y poner fin al poder de los comités de huelga y los comités de vecindario que controlaban muchas industrias y algunas ciudades.

En 1980, el dictador iraquí Saddam Hussein invadió Irán con el apoyo de Washington procurando derrocar la revolución. Cientos de miles de trabajadores y campesinos iraníes se ofrecieron como voluntarios para el ejército con el fin de derrotar la invasión.

Respaldado por la clase capitalista, Jomeiní aprovechó la guerra para utilizar al recién formado Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, a su fuerza paramilitar Basij y a otros matones para reprimir a los trabajadores y su vanguardia. Cerraron los periódicos de la oposición. Matones islamistas disolvieron mítines políticos e intentaron cerrar las sedes de los partidos de la oposición. Trabajadores revolucionarios fueron encarcelados.

Partido obrero revolucionario iraní

Miembros del movimiento comunista en Irán formaron en 1979 el Partido Socialista de los Trabajadores (HKS), posteriormente Partido Unidad Obrera (HVK). Estaban “en el centro de la lucha de clases revolucionaria”, escribió el Militante. “Eran trabajadores de fábricas, refinerías y otros centros industriales, así como soldados voluntarios que combatían la invasión iraquí”. Muchos de los cuadros y dirigentes de ese partido habían sido reclutados por el Partido Socialista de los Trabajadores en Estados Unidos mientras vivían allí durante el reinado del sha.

Los miembros del HVK lucharon para expandir y unificar los consejos obreros de las fábricas. El partido abogó por la repartición de la tierra bajo el control de los consejos campesinos y la autodeterminación para las nacionalidades oprimidas. Se unieron a las trabajadoras que luchaban por paridad salarial, cuidado infantil y contra el uso obligatorio del velo.

No fue sino hasta mediados de 1983 que la contrarrevolución logró consolidar su control, tras haber forzado el cierre de todos los partidos obreros y demás oposición política.

Desde 2017, el control del poder ejercido por el régimen —incluyendo apoyo a los matones de Hamás en Gaza y de Hezbolá en Líbano para erradicar a Israel y a los judíos— se ha enfrentado a una creciente oposición y se está desmoronando.

Un registro de la trayectoria internacionalista proletaria del HVK se encuentra en el número 1 de la revista Nueva Internacional, que incluye “El comunismo, la clase obrera y la lucha antiimperialista: Lecciones de la guerra Irán-Iraq”, que presenta dos documentos del partido.