Los gobernantes imperialistas norteamericanos están intensificando su asfixiante bloqueo petrolero contra el pueblo cubano y sus amenazas de derrocar la revolución socialista cubana, mientras la Casa Blanca se jacta de la “letalidad” y el “poderío” de las fuerzas norteamericanas en sus bombardeos en Irán.
Cuba “caerá muy pronto”, dijo el presidente Donald Trump a CNN el 6 de marzo. Esa es la predicción que cada presidente de Estados Unidos ha hecho desde que los trabajadores y agricultores cubanos tomaron el poder el 1 de enero de 1959.
“Queremos terminar con este [Irán] primero”, dijo un día antes. Es “solo cuestión de tiempo, y mucha gente increíble va a regresar a Cuba”, dijo Trump, dirigiéndose a Jorge José Mas, un multimillonario empresario cubanoamericano. Su padre, Jorge Mas Canosa, fue presidente de la Fundación Nacional Cubano Americana, una organización derechista dedicada a derrocar la Revolución Cubana.
“Ese será un gran día”, dijo Trump. Durante más de seis décadas, los gobernantes norteamericanos han intentado derrocar al gobierno revolucionario de Cuba y restablecer las relaciones de propiedad capitalistas.
La postura de La Habana durante décadas ha sido a favor de la normalización de las relaciones con Estados Unidos sobre la base del respeto a la soberanía y la autodeterminación de Cuba. En cambio, Washington ha librado una implacable guerra económica contra el pueblo cubano en su afán por un “cambio de régimen”.
La Casa Blanca recrudeció su estrangulamiento económico contra Cuba el 29 de enero, amenazando con imponer aranceles punitivos a los productos de cualquier país que le suministre petróleo. Para enfatizar la advertencia, las fuerzas armadas norteamericanas han mantenido un despliegue militar en el Caribe.
La amenaza arancelaria y la presencia militar han sido eficaces para disuadir los envíos de petróleo a Cuba. Un barco petrolero que transportaba 200 mil barriles de petróleo ruso con destino a Cuba cambió su ruta el 25 de febrero. Cuba no recibió petróleo de ningún lugar en enero, lo que agravó la escasez de combustible del país. Esto está teniendo un impacto devastador en la economía cubana y en todos los aspectos de la vida diaria en la isla.
EE.UU. intenta aislar a La Habana
Mientras tanto, la Casa Blanca está amenazando con levantar cargos criminales amañados contra Raúl Castro en tribunales estadounidenses. Estos cargos serían usados en la campaña de desprestigio de Washington contra Cuba y para justificar nuevas sanciones económicas y agresiones.
La administración Trump también ha estado presionando a los gobiernos de la región para que pongan fin a sus relaciones con La Habana y a los programas médicos con Cuba.
Sin ninguna explicación, el gobierno de Ecuador declaró a los miembros de la misión diplomática cubana como “persona non grata” el 5 de marzo. La decisión fue anunciada dos días antes de que la Casa Blanca auspiciara la llamada conferencia Escudo de las Américas en el hotel de lujo Trump Doral, en Florida, a la que asistieron representantes de 13 países de América Latina y el Caribe.
Washington aprovechó la conferencia para profundizar su presencia militar en la región bajo bandera de la lucha contra los cárteles de la droga y las “redes terroristas”. Trump prometió: “Yo me encargaré de Cuba”.
Calumnian a médicos cubanos
En las últimas semanas, los gobernantes norteamericanos también han intensificado sus calumnias contra los programas médicos cubanos en otros países. Washington dice que el personal médico cubano es víctima de explotación y trata de personas por parte del gobierno. Con esto pretende privar a Cuba de ingresos muy necesarios para financiar servicios básicos para los trabajadores en Cuba.
Los gobiernos de Venezuela, Guatemala, Honduras y Jamaica anunciaron recientemente que descontinuarían sus programas médicos con Cuba, cediendo a las exigencias de Washington.
Unos 170 profesionales médicos salieron de Honduras a principios de marzo. “Qué gran pena me causa que después de 25 años contribuyendo a la salud del pueblo hondureño, funcionarios y medios de comunicación hayan emprendido una campaña de desprestigio y mentiras” contra la brigada, dijo Juan Loforte, embajador de Cuba en Honduras.
La ayuda médica de Cuba al pueblo hondureño se remonta a 1974 tras el huracán Fifí, que causó miles de muertes. En un acto elemental de solidaridad proletaria, Cuba envió una brigada médica, a pesar de que Honduras estaba gobernada por una dictadura militar respaldada por Washington en esa época.
Los médicos cubanos regresaron a Honduras en 1998, cuando el huracán Mitch dejó aisladas a comunidades enteras. Los médicos cubanos fueron a zonas rurales de Honduras donde el acceso a la atención médica era prácticamente inexistente.
En 2020, durante la epidemia de COVID-19, los médicos cubanos trabajaron en unidades de cuidado intensivo de hospitales hondureños.
El gobierno hondureño, con la ayuda de asociaciones médicas capitalistas, intentó desacreditar la labor del personal médico cubano, cuestionando sus calificaciones y alegando que algunos de ellos eran espías.
Somos “espías de las enfermedades, es lo que hacemos”, dijo Armando Castillo, jefe de la brigada cubana, a la prensa en el aeropuerto antes de regresar a Cuba el 4 de marzo. Tratamos “de escudriñar cómo curar, cómo salvar, cómo aliviar el dolor ajeno”.
“Cada cirugía, cada visión recuperada y cada sonrisa devuelta fueron actos de soberanía humana que ningún poder externo puede manchar” dijo la doctora Madelín Hernández a su regreso a Cuba.
“Para nosotros lo que es importante es el calor y el abrazo enorme que nos llevamos del pueblo hondureño” dijo Castillo. Washington “nunca va a perdonar que Cuba sea capaz de hacer ejercicio del derecho de todos los pueblos a la autodeterminación”.