Hamás busca mantener el control de Gaza

Por Seth Galinsky
24 de agosto de 2026

El New York Times y otros medios liberales capitalistas están afirmando que Hamás ha acordado “desarmarse” a cambio del retiro de las tropas israelíes de Gaza, como parte de un plan de “paz” de 15 puntos publicado el 31 de julio por la llamada Junta de Paz, designada por el presidente Donald Trump. Culpan a Israel por la falta de avances, sugiriendo que está saboteando los esfuerzos por la paz.

Esto distorsiona la realidad.

Hamás dice que está dispuesto a entregar su armamento pesado al Comité Nacional para la Administración de Gaza, creado como parte del plan de la administración Trump, al tiempo que insiste en que sus combatientes conserven sus armas personales. Estas propuestas están ganando apoyo bipartidista. Políticos de ambos partidos presentan al Comité Nacional como un organismo neutral y tecnocrático.

Pero los partidarios de Hamás dominan el comité de 13 miembros. Aún si cumpliera sus promesas, cosa que no hará, simplemente se estaría entregando a sí mismo sus armas.

No es de extrañar que Benjamín Netanyahu, el primer ministro israelí rechazara el documento. “Las Fuerzas de Defensa de Israel no realizarán ninguna retirada hasta que Hamás sea desarmado. Y cuando hablo del desarme de Hamás, me refiero a armas pesadas, armas ligeras, armas de todo tipo”, dijo Netanyahu.

Pero ante la implacable presión de los gobernantes imperialistas norteamericanos, las FDI detuvieron abruptamente sus ataques destinados a impedir que Hamás reconstruyera sus fuerzas en Gaza.

Hamás anunció el 20 de julio que Khalil al-Hayya es su nuevo jefe político, en sustitución de Yahya Sinwar, quien fue muerto en octubre de 2024. Al-Hayya, miembro fundador de Hamás, es frecuentemente descrito por la prensa burguesa como un “pragmático”. Sin embargo, al igual que sus mentores en Teherán, califica a Israel de ser un “cáncer” que debe ser erradicado.

En enero de 2025, al-Hayya calificó el pogromo perpetrado por Hamás el 7 de octubre de 2023 —en el que fueron masacradas 1,200 personas, en su gran mayoría civiles judíos desarmados— como un “milagro militar y de seguridad” que “sería para siempre motivo de orgullo”.

El “milagro” y “motivo de orgullo” del 7 de octubre fue la mayor masacre de judíos desde el Holocausto. Como parte de su meta de deshumanizar y aterrorizar a los judíos, decenas de mujeres fueron violadas antes de ser asesinadas por matones de Hamás. Más de 50 trabajadores inmigrantes y 24 ciudadanos árabes israelíes fueron masacrados, a menudo tras brutales torturas, por el “crimen” de trabajar con judíos.

Sabiendo que el pogromo no dejaría a Israel otra opción que contraatacar, Hamás instaló sus puestos de mando, depósitos de armas y lanzacohetes bajo o dentro de los hospitales que controlaba, edificios de apartamentos, mezquitas, escuelas y oficinas de la ONU. Esto fue deliberado, para maximizar el número de muertes de civiles gazatíes y culpar a Israel por ellas.

Al-Hayya se convirtió en el foco de la ira de miles de personas en Gaza durante una serie de protestas contra Hamás mientras la guerra hacía estragos en 2025. Los manifestantes coreaban “¡O Khalil Al-Hayya! ¡El pueblo es la víctima!” y “¡Dejen de mentirle al pueblo!”

Ni los objetivos ni los métodos de Hamás han cambiado. Sigue arrestando, golpeando, torturando o asesinando a palestinos en Gaza que se oponen a su régimen dictatorial. Y sigue robando la ayuda humanitaria destinada a la población civil de Gaza, ya sea para alimentar a sus combatientes o para venderla y obtener fondos para la compra de armas. Mientras Washington promueve su plan de “paz” con la esperanza de lograr la estabilidad necesaria para el saqueo norteamericano de la región, Hamás aprovecha la situación para restaurar sus túneles e introducir armas y material necesario para producir más.

Netanyahu dijo que Israel exige un “desarme real, no un desarme ficticio”. A pesar de la presión norteamericana, añadió: “Sabemos cómo mantenernos firmes en estos asuntos”.