Hace 81 años, los gobernantes norteamericanos ordenaron lanzar las recién desarrolladas bombas atómicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, incinerando a más de 200 mil hombres, mujeres y niños. Hoy, cuando Washington y otras potencias imperialistas se apresuran a rearmarse para una nueva guerra mundial, aquel horror sirve como un terrible recordatorio de lo que la clase capitalista es capaz de hacer para proteger sus ganancias y mercados.
El 6 de agosto de 1945, un avión norteamericano lanzó sobre Hiroshima una bomba atómica de uranio a la que llamaron “Little Boy” (Niño pequeño), con una potencia explosiva equivalente a 15 mil toneladas de TNT. Mató a 140 mil personas y demolió el 70% de los edificios de la ciudad. Tres días después, lanzaron sobre Nagasaki a “Fat Man” (El gordo), una bomba de plutonio un poco más grande, causando la muerte de 74 mil personas. En el parque Conmemorativo de la Paz en Hiroshima en Japón, están listados los nombres de las 344,306 personas que murieron a causa de las bombas o posteriormente víctimas de intoxicación por radiación o cáncer.
Las vidas de unos 85 millones de personas fueron sacrificadas durante la Segunda Guerra Mundial, mientras las clases dominantes de las potencias imperialistas luchaban por imponerse como vencedores de una guerra para repartirse el mundo de nuevo.
“¡No hay paz!” fue el titular de primera plana del Militante del 18 de agosto de 1945, al finalizar la guerra. “La guerra es el resultado final de la incesante búsqueda capitalista de ganancias, mercados, colonias y esferas de influencia”, explicaba una declaración del Comité Nacional del Partido Socialista de los Trabajadores. “Es mentira que la guerra pueda evitarse mediante tratados y acuerdos entre los bandidos imperialistas”.
A medida que se profundiza la crisis actual del capitalismo, los conflictos entre las clases dominantes —intensificados por la guerra de Washington contra Irán— están impulsando una carrera armamentista masiva.
A la delantera, por mucho, está Washington. El gobierno norteamericano, que ya destina a gastos militares más fondos que los seis siguientes gobiernos juntos, está considerando un presupuesto de defensa de 1.5 billones de dólares para 2027. Los gobernantes norteamericanos actúan cada vez más bajo la premisa de que los recursos naturales, industrias enteras, la mano de obra explotable, las ubicaciones estratégicas y países enteros están a su disposición.
Beijing, que también alberga ambiciones expansionistas, ha aumentado su gasto militar durante 31 años consecutivos. Representa el segundo presupuesto bélico más grande del mundo, con un gasto de 336 mil millones de dólares en 2025.
En toda Europa, el gasto militar se disparó tras el ataque de Moscú contra Ucrania y la ofensiva de Washington contra Irán. El gasto bélico de los gobernantes alemanes ha alcanzado su nivel más alto en 36 años, con planes de invertir 228 mil millones de dólares para 2030, además de medidas para fomentar el alistamiento voluntario. Berlín afirma que, si esto falla, el siguiente paso será el servicio militar obligatorio.
Al igual que durante el periodo previo a la Segunda Guerra Mundial imperialista, el odio y violencia contra los judíos vuelven a ser adoptados abiertamente como banderas tanto a la derecha como a la izquierda de la política burguesa a nivel mundial. El pogromo perpetrado por Hamás el 7 de octubre de 2023, respaldado por los gobernantes de Irán, anunció que llevarán a la práctica su objetivo declarado de destruir a Israel y eliminar o expulsar a los judíos de allí.
Crece amenaza de guerra nuclear
Si el poder político permanece en manos de los gobernantes capitalistas, ellos utilizarán los avances científicos no para el beneficio de la humanidad sino para amenazar su propia existencia. Washington y Moscú poseen, cada uno, más de 5 mil ojivas nucleares, alrededor del 85% del total mundial. Los gobernantes de China, el Reino Unido, Francia e India también cuentan con armas nucleares y acceso a misiles balísticos intercontinentales capaces de alcanzar cualquier ciudad del mundo.
La única manera que el pueblo trabajador puede detener esta carnicería es rompiendo con los partidos políticos de los belicistas capitalistas y organizándose para arrebatarles el poder, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo.
Ganar a los trabajadores a que se opongan a la guerra que Washington está librando contra Irán, y que exijan la retirada de las tropas, bases y buques de guerra norteamericanos del Medio Oriente, ayudará a avanzar en esa dirección.
También ayudará el organizar amplias protestas en las calles contra la creciente presión económica que los gobernantes estadounidenses imponen al pueblo cubano y contra sus amenazas de intervención militar. Divulgar la verdad sobre la revolución socialista de Cuba es fundamental para convencer a más trabajadores a exigir: ¡Manos de Washington fuera de Cuba!
Este es el rumbo que sigue hoy el Partido Socialista de los Trabajadores. Únase a nosotros para construir el partido proletario necesario para organizar a millones de trabajadores para arrebatarle el poder a los belicistas capitalistas: el único camino hacia la paz.