Los familiares, compañeros de trabajo y vecinos de Kilmar Abrego García y otros trabajadores que están luchando contra su deportación, con el apoyo de sus sindicatos, están sentando un importante ejemplo. Se están uniendo para luchar por un estatus legal y permanecer en Estados Unidos, mientras el gobierno realiza redadas para intimidar a los trabajadores sin los papeles adecuados.
Una amplia gama de trabajadores se está involucrando en estas luchas en ciudades y pueblos pequeños. Se puede lograr muchos más. Un buen ejemplo es el caso de Carol Mayorga, originaria de Hong Kong, quien fue liberada del centro de detención del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) después de que sus compañeros de trabajo, feligreses, agricultores y vecinos se unieron para luchar por su libertad. Ella trabaja como mesera en Kennett, Missouri.
“Voté por Donald Trump, y prácticamente todos los que están aquí también lo hicieron”, dijo Vanessa Cowart, quien asiste a la misma iglesia de Mayorga, al New York Times. “Pero nadie votó a favor de deportar a madres”. Esto demuestra que a medida que trabajadores de todos los orígenes viven y trabajan juntos se fortalecen los lazos de solidaridad.
Los patrones buscan regular el flujo migratorio para llenar sus necesidades de mano de obra y convertirlos en una clase paria. Su objetivo es sobreexplotar a los trabajadores indocumentados para aumentar sus ganancias y sembrar divisiones en nuestra clase para atacar los salarios y las condiciones de todos. Divide y vencerás es su lema.
Los trabajadores tenemos una necesidad muy distinta: unirnos en una lucha por intereses comunes. La competencia por empleos es constante en el capitalismo. Los gobernantes intentan agudizar estas divisiones convirtiendo a los inmigrantes en chivos expiatorios y difamándolos como “criminales peligrosos”. Están determinados a impedir que los trabajadores de diferentes colores de piel, orígenes y nacionalidades actuemos juntos y que nos organicemos independientemente de los patrones y sus partidos políticos.
El movimiento obrero debe asumir la tarea de enfrentar y poner al descubierto las calumnias que la clase patronal y sus políticos utilizan para incitar a los trabajadores nacidos aquí a que estén en contra de nuestros hermanos nacidos en el extranjero. Los sindicatos tienen el poder de organizar un apoyo crucial para la lucha contra las deportaciones. Son las organizaciones más grandes que tiene nuestra clase.
Pero para abolir el estatus de segunda clase que enfrentan millones de trabajadores requiere luchar por una amnistía para todos los trabajadores sin papeles en Estados Unidos.
Una amnistía eliminaría el miedo en el que muchos trabajadores inmigrantes viven y crearía mejores condiciones para que todos los trabajadores luchen codo a codo por empleos, salarios suficientes para mantener a sus familias y muchas otras cosas que necesitamos. Convencer a los trabajadores de la necesidad de una amnistía fortalecería la conciencia de que formamos parte de una clase común, con intereses de clase comunes.
Unificar las filas de la clase trabajadora es vital a medida que los gobernantes capitalistas de todo el mundo promueven cada vez más el chovinismo y el patriotismo. Quieren convencer a los trabajadores a que deben subordinar sus intereses de clase a los de “nuestro país” a medida que se agudizan los conflictos con países capitalistas rivales, lo que inevitablemente conducirá a más guerras.
Es vital ver todas las cuestiones políticas como cuestiones de clase. Por esta vía, podemos impulsar la lucha para reemplazar el dominio capitalista con el poder obrero.
El mejor paso en esa dirección hoy es unirse al Partido Socialista de los Trabajadores.