Israel busca defender a los drusos en Siria

Por Seth Galinsky
11 de agosto de 2025
Manifestación de drusos en Majdal Shams, en Altos de Golán bajo control israelí, 21 de julio, en solidaridad con drusos en Siria atacados por milicias respaldadas por el gobierno sirio.
Jawlany.com/toma de videoManifestación de drusos en Majdal Shams, en Altos de Golán bajo control israelí, 21 de julio, en solidaridad con drusos en Siria atacados por milicias respaldadas por el gobierno sirio.

Los recientes combates mortíferos en el sur de Siria evidencian la intención del gobierno sirio de imponer su dominio sobre la región predominante drusa. Esto contrasta con lo que la prensa capitalista frecuentemente presenta como disputas históricas entre beduinos y drusos.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, insiste en que el sur de Siria debe ser una zona desmilitarizada y calificó la masacre de cientos de drusos como “absolutamente inaceptable”. Mantener una frontera estable forma parte de la lucha de Israel para defender el país como refugio para los judíos e impedir otro Holocausto.

La resistencia de los drusos y los ataques militares de Israel obligaron a Damasco a retroceder.

El 91% de la población de la gobernación de Sweida, cerca de Israel, es drusa; el resto son beduinos o cristianos. Hay unos 700 mil drusos en Siria, 150 mil en Israel, 250 mil en Líbano y 20 mil en Jordania, que están siguiendo con atención la lucha por sus derechos nacionales en Siria.

En Israel, miles de drusos se lanzaron a las calles para exigir que el gobierno ayude a sus hermanos drusos en Siria. “Este es nuestro 7 de octubre”, dijo al Jewish News Service Sari Halabi, un druso residente de Majdal Shams, en los Altos del Golán, a 50 metros de la frontera con Siria. 

Desde el derrocamiento de la dictadura de Bashar al-Asad, el presidente sirio Ahmed al-Sharaa ha procurado crear un estado y un ejército capitalistas centralizados. Pero dado el origen de Sharaa en el Estado Islámico y Al Qaeda, los kurdos en el norte y los drusos en el sur, tienen sus buenas razones para no confiar en que el nuevo régimen respete sus derechos nacionales. 

Durante la guerra civil siria los drusos se esforzaron para mantener fuera de su territorio a las fuerzas islamistas reaccionarias que luchaban contra Asad. A medida que se intensificó la represión de Asad, miles de drusos en Sweida, junto con beduinos locales, se unieron a las protestas contra su régimen.

‘Ahora no es fácil unirnos’

“Fue un buen momento, estábamos unidos”, dijo al sitio web de noticias New Arab Omar al-Sabra, un beduino que participó en esas protestas, “Ahora no es tan fácil; han surgido tensiones”.

Todos los regímenes capitalistas modernos han fomentado las divisiones entre las diferentes nacionalidades y religiones de Siria. Los beduinos son mayoritariamente musulmanes sunitas e históricamente seminómadas, dedicados a la cría de ganado. Los drusos practican una religión que se separó hace siglos del Islam chiita y muchos son agricultores. 

A pesar de algunos conflictos por la tierra y los recursos, los drusos y los beduinos de Sweida han mantenido, en general, relaciones fraternales, asistiendo a mutuas bodas, velorios y otros eventos sociales. 

La reciente disputa comenzó después de que una milicia beduina aliada de Sharaa secuestró y robó a un comerciante druso en un puesto de control en la carretera entre Damasco y Sweida el 13 de julio. Grupos drusos respondieron secuestrando a varios beduinos.

Esto se intensificó hasta convertirse en enfrentamientos armados cuando miles de combatientes beduinos, procedentes de cientos de kilómetros al noreste y con escasa conexión con Sweida, llegaron al sur. Muchas de las tribus beduinas grandes se negaron a unirse a ellos.

Sharaa envió tropas del Ejército Árabe Sirio supuestamente para poner fin a la violencia, pero estas en realidad se unieron a los brutales ataques contra los drusos.

Civiles drusos, incluyendo mujeres y niños, fueron masacrados. Videos mostraban a tropas sirias y milicianos beduinos aliados afeitándoles a los drusos a la fuerza el bigote, símbolo de su religión. 

Algunos drusos y beduinos locales se ayudaron mutuamente. Cuando Fouad Hanna, un druso, recibió disparos de matones partidarios del gobierno, sus vecinos beduinos lo llevaron rápidamente a un hospital.

Israel insistió en que las tropas sirias se retiraran y respaldó su exigencia bombardeando tanques y posiciones sirias en Sweida y la entrada al Ministerio de Defensa en Damasco. Sharaa ordenó la retirada de sus tropas, pero sus milicias aliadas continuaron saqueando y atacando a los drusos. Para el 20 de julio, se había establecido un precario alto el fuego.

Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, 505 combatientes y 298 civiles drusos murieron, incluidos 194 ejecutados sumariamente por miembros de los Ministerios de Defensa y del Interior, junto con 408 soldados del gobierno y 35 beduinos.

Ante la resistencia drusa y las advertencias de Israel, Sharaa abandonó su llamado a la disolución de las milicias drusas y anunció que confiaba en los grupos drusos y sus líderes religiosos para mantener la seguridad de la provincia.

Washington: Israel no debe actuar

El gobierno del presidente Donald Trump se opuso a la intervención israelí. Trump anunció en mayo que suspendería todas las sanciones estadounidenses contra Siria y eliminó la designación terrorista de Tahrir al-Sham, el grupo que Sharaa lideró antes de derrocar a Asad.

La administración está tratando de concebir una alianza que involucre al régimen sirio, a los gobiernos de Arabia Saudita y Turquía entre otros, y también restablecer las relaciones con Teherán. Los gobernantes estadounidenses desean una nueva Pax Americana como la establecida tras la Segunda Guerra Mundial: estabilidad para las ganancias capitalistas bajo la supremacía económica y política de Washington, respaldada por su poderío militar.

Pero es imposible lograr la estabilidad, dado que la lucha de Israel contra Hamás en Gaza sigue sin resolverse y Teherán pretende retomar el desarrollo de armas nucleares dirigidas contra las principales ciudades de Israel. Cualquier tregua en Siria es inestable, ya que el régimen de Sharaa se ha empeñado en extender su control sobre los drusos, los kurdos y otras nacionalidades oprimidas.

Solo uniendo fuerzas en una lucha común pueden los trabajadores —drusos, beduinos, judíos, cristianos, kurdos, afganos y otros— ganar la mutua confianza, defender sus aspiraciones nacionales y comenzar a forjar un liderazgo obrero y un camino para el futuro.