Bajo la actual administración republicana y la administración demócrata anterior, los gobernantes capitalistas estadounidenses han venido intensificando sus medidas económicas y militares contra Venezuela, y contra América Latina en general, buscando fortalecer sus alianzas en la feroz competencia con los gobernantes capitalistas de estado en China.
“Esta es una década decisiva y nuestras acciones o inacciones con respecto a la República Popular de China repercutirán en las próximas décadas”, dijo la general Laura Richardson, comandante del Comando Sur del ejército norteamericano, ante el Comité de las Fuerzas Armadas de la Cámara de Representantes en marzo de 2023.
Expresaba la opinión bipartidista de los diseñadores de políticas civiles y militares sobre la necesidad de contrarrestar la creciente influencia de Beijing en América Latina y el Caribe. Esto es clave, dicen, para poder competir en el hemisferio occidental, la región del Indo-Pacífico y a nivel mundial.
“La República Popular de China sabe que el poder económico es un prerrequisito para el poder militar global”, dijo Richardson al mismo comité un año después. Señaló que 22 de los 31 países del área bajo responsabilidad del Comando Sur se han adherido a la Iniciativa de la Franja y la Ruta, mediante la cual los gobernantes chinos otorgan préstamos e inician proyectos de infraestructura con gobiernos de América Central y del Sur con el fin de ampliar la presencia de Beijing.
La jefa del Comando Sur señaló que Beijing está “mirando a largo plazo” desarrollando sitios e instalaciones que podrían tener un uso comercial y militar. Uno de ellos es un megapuerto en Chancay, Perú, construido por la empresa estatal china Cosco Shipping Ports.
Con el puerto en Chancay Beijing pretende aumentar su porción del comercio, incluyendo la importación de minerales, productos agrícolas y otros productos de Brasil y Bolivia. Actualmente, los buques que transportan mercancías a China desde gran parte de América Latina y el Caribe tienen que cruzar por el Canal de Panamá. El uso del nuevo puerto reducirá el tiempo de viaje de Perú a Shanghái de 35 a 23 días.
Durante una visita a Panamá en febrero, el secretario de estado Marco Rubio insistió al presidente panameño, José Raúl Mulino, que hay que cambiar el “status quo” que otorga un gran control de las operaciones de los puertos del Canal de Panamá al conglomerado con sede en Hong Kong CK Hutchison.
El presidente Donald Trump dijo en su discurso inaugural en enero: “No se lo dimos a China. Se lo dimos a Panamá. Y lo vamos a recuperar”.
La construcción del canal se completó en 1914, 11 años después de que tropas norteamericanas intervinieran en Panamá en 1903, imponiendo un tratado que otorgaba a los gobernantes norteamericanos el derecho al canal “a perpetuidad”.
Décadas de lucha de los panameños contra el dominio norteamericano de sus recursos y gobierno, y por el fin de la ocupación de la Zona del Canal, obligaron a Washington a renunciar a su control en 1999. El tratado incluyó el desmantelamiento de 16 bases militares estadounidenses desde donde Washington realizó intervenciones militares y apoyó a regímenes dictatoriales.
La administración Trump está presionando al gobierno panameño para que permita una mayor presencia militar estadounidense en la zona del canal y el libre paso de la marina norteamericana.
Si bien el acuerdo alcanzado entre ambos gobiernos no permitirá el restablecimiento de bases permanentes, el Pentágono tendrá mayor influencia para desplegar su personal. El secretario de guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, había insistido en otras demandas durante una visita en abril, pero Mulino le advirtió que esto “incendiaría el país”, explicando lo impopular que sería tal medida entre el pueblo trabajador panameño.
La primera visita de Rubio a América Latina como Secretario de Estado, incluyendo Panamá, condujo al anuncio de Mulino en febrero de que Panamá se retiraba de la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China. Un mes después, CK Hutchison acordó vender sus acciones en dos de sus divisiones que operan 43 puertos en 23 países, incluyendo dos en cada extremo del Canal de Panamá, a la firma de inversiones norteamericana BlackRock.
Si bien China ha superado a Washington como principal socio comercial de América del Sur, los intereses imperialistas estadounidenses aún dominan la región, particularmente en Centroamérica y el Caribe. Y los gobernantes estadounidenses están decididos a fortalecer su posición.
El reciente despliegue de una armada estadounidense frente a las costas de Venezuela y de aviones de combate en la colonia norteamericana de Puerto Rico forman parte de su estrategia. En los últimos dos años, el Comando Sur norteamericano ha coordinado ejercicios militares conjuntos con al menos siete países de la región, incluyendo Guyana, que colinda con Venezuela.
