Trabajadores, gobierno cubano se movilizan ante ciclón Melissa

Por Róger Calero
24 de noviembre de 2025
Residentes de Guamo, en Granma, Cuba, son rescatados de inundaciones tras ciclón Melissa. Obreros ferroviarios, miembros de fuerzas armadas y Cruz Roja participaron en los equipos.
Radio CabaiguánResidentes de Guamo, en Granma, Cuba, son rescatados de inundaciones tras ciclón Melissa. Obreros ferroviarios, miembros de fuerzas armadas y Cruz Roja participaron en los equipos.

La falta de ayuda de Washington para Jamaica y otras naciones caribeñas tras la devastación causada por el huracán Melissa pone en evidencia las fatales consecuencias para la clase trabajadora de las prioridades económicas y sociales de las familias capitalistas gobernantes en Estados Unidos.

En marcado contraste, Cuba destaca lo que la clase trabajadora puede lograr cuando cuenta con el respaldo de un gobierno que responde movilizando recursos y la solidaridad obrera para garantizar que nadie quede desamparado.

El huracán azotó Jamaica el 28 de octubre como tormenta de categoría 5, una de las más fuertes jamás registradas en el Caribe. Al día siguiente, tocó tierra en Cuba como tormenta de categoría 3, debilitándose a medida que batió la isla, para luego dirigirse hacia Haití, las Bahamas, Bermuda y el Atlántico.

En Jamaica, fallecieron 32 personas. El pueblo de Black River quedó completamente devastado. Al día siguiente, sus habitantes tuvieron que caminar kilómetros para conseguir alimentos, agua y otros artículos de primera necesidad, ya que no había llegado ninguna ayuda.

Haití, donde la clase trabajadora ya enfrenta una grave crisis social debido al dominio de las pandillas y el impacto de desastres anteriores, se libró del impacto directo. Sin embargo, al menos 43 personas murieron en inundaciones tras el desbordamiento de un río.

 “En Cuba, nadie se queda solo”

En Cuba, más de 700 mil personas fueron evacuadas antes de la llegada de la tormenta, sin que ocurriera ninguna muerte. 

Los desastres sociales y económicos ocurridos tras huracanes como Melissa y otros fenómenos naturales no son inevitables. Pueden ser minimizados cuando un gobierno moviliza recursos con anticipación y se organiza para proteger a los trabajadores, especialmente los más vulnerables. Pero va en contra de las prioridades del sistema capitalista con su afán de ganancias.

Mientras que en los países capitalistas los trabajadores quedan abandonados a su suerte, en Cuba ocurre lo contrario: los trabajadores y agricultores hicieron una revolución socialista y tienen el poder político.

En los días previos a la llegada de Melissa, los Comités de Defensa Civil de Cuba se movilizaron, realizando campañas de información en todo el país a través de la radio y televisión, instando a la población a prepararse para la evacuación. Desplegaron motocicletas y otros vehículos equipados con altavoces para difundir el mensaje.

Antes de la tormenta, los sindicatos y otras organizaciones de masas junto a entidades del gobierno movilizaron a los residentes para limpiar basura y talar árboles en sus barrios. Se dio prioridad a garantizar las condiciones en los hospitales, residencias de ancianos, escuelas y otros centros destinados a albergar a los evacuados.

Cientos de miles de personas fueron evacuadas, la mayoría a casas de familiares y amigos, y se distribuyeron suministros de alimentos antes de la tormenta. Unidades de rescate de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior se desplegaron cerca de las zonas de alto riesgo para responder con rapidez.

En la provincia de Holguín, unas 106 brigadas comunitarias estaban preparadas para trabajar con 1,600 trabajadores de brigadas eléctricas y técnicas para restablecer la electricidad lo antes posible.

En Guamo, provincia de Granma, un tren de pasajeros fue utilizado para evacuar a unos 2,000 residentes. Al encontrar que las vías se habían inundado la tripulación continuó avanzando lo más despacio posible, según informó el diario cubano Juventud Rebelde. Sin embargo, un desnivel en la vía inundada, provocó que los vagones traseros se desacoplaran.

En una operación muy difícil, “posible solo por la solidaridad y la voluntad de todos”, algunos pasajeros fueron trasladados a otros vagones, mientras que otros fueron transportados de regreso a Guamo, donde fueron albergados en la estación de tren y en un centro de salud. No hubo lesionados. 

“Las tripulaciones, incluyendo conductores, maquinistas, choferes y ayudantes, realizaron un trabajo excepcional. A todos ellos, nuestro agradecimiento”, escribió el ministro de transporte de Cuba, Eduardo Rodríguez, en su página de Facebook.

Mientras los trabajadores se disponen a reconstruir viviendas, restablecer la electricidad y reorganizar la producción agrícola dañada por la tormenta, el gobierno estadounidense no ha retrocedido ni una pulgada en su guerra económica y política contra el pueblo cubano. 

Guerra económica de Washington

Durante más de seis décadas, Washington ha impuesto severas sanciones económicas, financieras y comerciales contra Cuba. Es la principal causa de la escasez de petróleo, medicinas, fertilizantes y otras importaciones básicas para la producción en la isla. El objetivo declarado de los gobernantes estadounidenses es “debilitar la vida económica de Cuba” para “provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”, según un memorándum del Departamento de Estado de abril de 1960.

La Asamblea General de la ONU aprobó una resolución el 29 de octubre por una abrumadora mayoría, que llama a Washington a poner fin a su guerra económica contra el pueblo cubano.

“Hablo en nombre de un pueblo que ahora mismo enfrenta, con escasos recursos, prácticamente sólo con voluntad, unidad y solidaridad, un huracán monstruoso”, dijo el ministro de relaciones exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, ante la Asamblea. Como dijo el líder revolucionario cubano Raúl Castro en un mensaje al pueblo cubano la noche anterior a la tormenta, dijo Rodríguez: “Ante este nuevo desafío también saldremos victoriosos”.