Ante la devastación causada por el huracán Melissa, el gobierno y pueblo cubano actuaron para garantizar que nadie muriera ni quedara desamparado. En contraste, en Jamaica se registraron al menos 32 muertos y hubo muchas zonas que fueron gravemente afectadas y que aún permanecen inaccesibles, mientras que en Haití fallecieron al menos 43 personas. Esto demuestra que Cuba presenta una realidad cualitativamente diferente a la de Estados Unidos u otras naciones bajo regímenes capitalistas.
A pesar de las graves dificultades que enfrentan los cubanos como consecuencia de la guerra económica que Washington les ha impuesto durante más de 60 años, el gobierno se organizó con antelación para evacuar a cientos de miles de personas a zonas seguras y movilizó a trabajadores voluntarios para restablecer rápidamente el suministro eléctrico.
El gobierno cubano es diferente porque los trabajadores y campesinos, liderados por Fidel Castro y el Movimiento 26 de Julio, lucharon por el poder estatal y lo conquistaron, tomando las riendas de su propio destino.
Tras el triunfo de la revolución, Castro reconoció la necesidad de involucrar al pueblo más allá de los combatientes del Movimiento 26 de Julio y movilizar a los millones de personas atraídas por la revolución. Lo vio reflejado en los rostros de los miles que salieron a recibirlo cuando viajaba a través de Cuba rumbo a La Habana en la Caravana de la Libertad. Y cuando comenzaron a actuar para cambiar sus condiciones, se transformaron a sí mismos en el proceso.
Los odiados policías del dictador cubano Fulgencio Batista fueron desarmados y sus filas disueltas. La población trabajadora fue liderada para poner fin a la propiedad capitalista de la tierra, la industria y los bancos, y a tomar medidas para organizar a la sociedad para satisfacer las necesidades de la gran mayoría. Se entregó la tierra a los campesinos que la trabajaban. Millones se movilizaron por toda la isla para mostrar su apoyo a estas medidas. El gobierno revolucionario prohibió la discriminación racial e incorporó a las mujeres a la fuerza laboral y a todos los aspectos de la vida política.
La primera revolución socialista de América se había consolidado.
Los trabajadores y campesinos recibieron armas para defender su revolución. Se movilizaron para enfrentar y derrotar en tan solo dos días una invasión mercenaria respaldada por Washington en Playa Girón, en 1961.
Desde el principio, la dirección revolucionaria cubana ofreció solidaridad a los trabajadores que luchaban contra el imperialismo, desde Argelia hasta Angola, Guinea-Bissau, Granada, Burkina Faso, Vietnam y más allá.
“El deber de todo revolucionario es hacer la revolución”, dijo Castro en 1962, no “sentarse en la puerta de su casa para ver pasar el cadáver del imperialismo”. Su llamado a la lucha resuena en el mundo capitalista actual, asolado por la crisis, mientras los gobernantes capitalistas se preparan para guerras cada vez más mortíferas.
La editorial Pathfinder ha publicado 45 libros en los que revolucionarios cubanos y dirigentes del Partido Socialista de los Trabajadores describen la revolución y sus esfuerzos por extenderla por todo el mundo. El Partido Socialista de los Trabajadores existe para hacer en Estados Unidos lo que Castro y el liderazgo que él forjó en Cuba demostraron era posible. A través de las crecientes batallas de clases, el PST busca forjar un liderazgo obrero que guíe a decenas de millones de personas para tomar el poder político en Estados Unidos, asestando un golpe mortal a la explotación y la opresión imperialistas.
¡Únete al Partido Socialista de los Trabajadores para ser parte de esta lucha!