Crecen protestas en Irán contra gobierno, crisis económica

Por Seth Galinsky
12 de enero de 2026

Decenas de miles de pequeños comerciantes, afectados por la drástica caída del valor de la moneda nacional, cerraron sus tiendas y se unieron a las protestas iniciadas el 28 de diciembre en Teherán. Al quinto día, las protestas se habían extendido a unas 21 ciudades, y una decena de universidades.

Las protestas surgen en medio de una latente oposición entre trabajadores, agricultores y capas de la clase media al régimen capitalista reaccionario que gobierna Irán y contra las consecuencias de sus guerras mortíferas, incluidos los ataques contra Israel.

Durante el último año han habido protestas semanales de jubilados por pensiones adecuadas, de obreros petroleros que exigen el fin del uso explotador de subcontratistas, y por otras demandas. Los sindicatos han pedido el fin de la deportación de inmigrantes afganos. Los presos realizan huelgas de hambre contra la pena de muerte. Los agricultores han protestado contra las políticas gubernamentales que los hunden en la deuda.

“El bazar, los comerciantes, los productores y los choferes son víctimas de decisiones equivocadas, aumentos de costos descontrolados, peajes elevados, altos precios del combustible, comisiones injustas y otras presiones”, dijo la Asociación Nacional de Sindicatos de Camioneros y Choferes en una declaración. “La unidad entre el bazar y los choferes es la única salida a esta situación, y declaramos nuestro pleno apoyo al bazar y al pueblo”.

Una huelga de camioneros de 11 días a finales de mayo se extendió a las 31 provincias de Irán. “Somos la voz de una nación agotada que exige justicia”, declaró su asociación.

La inflación y la devaluación del rial, que ha perdido alrededor del 40% de su valor desde la guerra entre Teherán e Israel en junio, provocaron las protestas actuales.

“Si cerramos nuestras tiendas, nuestras ganancias son mayores que si vendemos los productos”, dijo un comerciante a Iran Wire, “porque mañana no podremos comprar nada a los precios de hoy”.

“No nos queda más remedio que seguir vendiendo para poder pagar el alquiler”, dijo otro comerciante en la protesta a la oficial Agencia de Noticias Laborales Iraní. “Pero el problema es que, después de la venta, debido a las constantes fluctuaciones de los precios, ya no podemos comprar y reemplazar la mercancía que hemos vendido”.

La crisis económica capitalista en Irán ha sido agravada por el endurecimiento de las sanciones económicas y financieras de Washington contra Teherán y por el aumento del gasto bélico del régimen. Teherán está tratando de reconstruir su arsenal y el de sus aliados, como Hezbolá en Líbano, y avanzar en su objetivo de destruir Israel y eliminar a los judíos, tras los golpes que le asestó Israel en la guerra de 12 días el verano pasado.

Dos semanas antes de que comenzaran las protestas, el gobierno aumentó drásticamente el precio de la gasolina para muchas personas. Los conductores aún pueden comprar su cuota de gasolina a un precio subsidiado de aproximadamente 4 centavos por litro. Los primeros 100 litros encima de esa cuota cuestan el doble. Cualquier compra adicional costará casi otro doble.

Muchos trabajadores en Irán ganan 150 dólares al mes o menos, mientras que las necesidades básicas cuestan 430 dólares.

A medida que se extendían las protestas, los manifestantes también coreaban “Muerte al dictador”; “No tengas miedo, estamos todos juntos”; y “Ni por Gaza ni por Líbano, sacrifico mi vida por Irán”, lo que refleja la creciente oposición a las intervenciones militares del régimen para extender su influencia contrarrevolucionaria en la región.

“El sustento de la población es mi preocupación diaria”, dijo el presidente Masoud Pezeshkian en un comunicado el 30 de diciembre, lo que indica la preocupación del régimen ante la posibilidad de que las protestas desencadenen acciones más amplias. Ordenó al ministro del interior a reunirse con representantes de los comerciantes para dialogar sobre sus “legítimas demandas”.

Choques con policía, esbirros

Fatemeh Mohajerani, portavoz del gobierno, dijo en una rueda de prensa ese mismo día que “recalcamos el derecho a la reunión pacífica, que está reconocido en la constitución”.

Pero en realidad la policía, las unidades especiales del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y los esbirros paramilitares de Basij atacaron a muchos manifestantes con cañones de agua, porras, gases lacrimógenos y munición real. En ocasiones, los manifestantes se defendieron y en más de una ocasión obligaron a las fuerzas represivas a retroceder.

Una señal del creciente odio hacia el régimen fue la decisión de algunos policías de no enfrentarse a los manifestantes. Un funcionario del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica hizo un llamamiento a través del Canal Uno de la televisión iraní a “los oficiales y al personal que han sido negligentes en el cumplimiento de su deber de hacer frente a los disturbios y que se han ausentado o huido”.

Advirtió que “abandonar el puesto o esconderse durante los disturbios equivale a deserción en tiempos de guerra”.

El régimen de Teherán dice ser la continuación de la Revolución Iraní de 1979. Esa fue una rebelión popular profunda y moderna que derrocó la sangrienta dictadura del sha de Irán, respaldado por Washington.

De hecho, el régimen que gobierna la República Islámica es el resultado de una contrarrevolución —consolidada en 1983— que reprimió a los trabajadores, los agricultores, las mujeres y las nacionalidades oprimidas que hicieron la Revolución Iraní.

Durante la última década, los trabajadores han intensificado su resistencia al régimen. En diciembre de 2017 y principios de 2018, las protestas de trabajadores se extendieron por unas 90 ciudades y pueblos de todo el país. Estas protestas fueron impulsadas por la oposición a ser utilizados como carne de cañón en las aventuras bélicas del régimen en Líbano, Siria y otros lugares, con el fin de destruir Israel, y por las humillaciones de la explotación capitalista.

Miles de personas protestaron tras la muerte en Teherán de Zhina Amini, una joven kurda que fue detenida por la policía de la “moral” por violar el reaccionario código de vestimenta del régimen. Los matones del régimen asesinaron a cientos de manifestantes. Desde 2023, los baluchis y otras nacionalidades oprimidas se han sumado a las protestas contra la represión gubernamental.

Cada vez más las mujeres aparecen en público sin el hiyab obligatorio. El régimen se ha retractado en gran medida de aplicar la ley, por temor a provocar protestas en medio de la crisis.

Al mismo tiempo, el régimen ha intensificado el uso de la pena de muerte. Hasta principios de diciembre de 2025 se habían llevado a cabo unas 1,500 ejecuciones en 2025, en comparación con las 972 en 2024.

Pero la represión no ha logrado detener la resistencia. Casi a diario se producen más protestas y huelgas. Solo en la última semana se han registrado huelgas en la mina de oro de Zarshouran, en la provincia de Azerbaiyán Occidental, en la empresa agroindustrial Azúcar Medio Oriente en Juzestán y en las líneas ferroviarias de Lorestán, Zagros y Andimeshk.