La amplitud de las protestas y la respuesta del gobierno con una masiva represión, cierre del internet y casi toda la telefonía móvil, demuestra que el régimen clerical burgués está más débil que nunca. Trata desesperadamente de impedir que los trabajadores en Irán y otros opositores de la dictadura reaccionaria se comuniquen entre sí.
Hasta el 13 de enero más de 18 mil personas habían sido arrestadas y 2,400 asesinadas, según Human Rights Activists News Agency. Funcionarios gubernamentales han citado cifras similares. Un médico en Teherán dijo al Guardian que en solo un hospital de Teherán más de 400 personas habían recibido tratamiento por heridas de disparos a los ojos.
Algunos videos han aparecido a pesar de la censura. Uno de ellos muestra decenas de bolsas y camillas con cadáveres fuera de la morgue en Teherán. Otro muestra a familiares en el cementerio Behesht Zahra en Teherán el 12 de enero coreando consignas contra el gobierno en una ceremonia por los muertos.
Las protestas estallaron cuando mercaderes capitalistas en el bazar de Teherán —anteriormente aliados con sectores del régimen clerical— y pequeños comerciantes, cerraron sus negocios para protestar por las crecientes pérdidas causadas por la devaluación de la moneda y las alzas de precios. El rial iraní ha perdido por lo menos el 40% de su valor en comparación al dólar desde la guerra de 12 días con Israel en junio.
Los logros de Israel en destruir las defensas aéreas y almacenes de misiles iraníes y la muerte de altos dirigentes del odiado aparato represivo del régimen fue popular entre muchos trabajadores en Irán.
Las protestas, algunas de decenas de miles de personas, pronto se propagaron a bazares, universidades, pequeños pueblos y grandes ciudades en las 31 provincias del país. En muchos de los pueblos pequeños estas fueron las primeras protestas de envergadura de trabajadores contra el gobierno. Estas zonas son frecuentemente las más afectadas por el desempleo y la profunda crisis económica, exacerbada por las sanciones de Washington.
Rehúsan ser carne de cañón
El odio profundamente enraizado hacia el régimen y su atropello a los derechos democráticos, y sus intentos de extender su influencia reaccionaria por todo el Medio Oriente, estallaron abiertamente con los manifestantes coreando “Libertad, libertad, libertad”, “Muerte a la dictadura”, “No por Líbano, no por Gaza; doy mi vida por Irán”. La última consigna expresa la amplia oposición entre trabajadores hacia el “eje de resistencia” del régimen que incluye Hamás, Hezbolá y los Hutis. Pretende destruir a Israel y eliminar ahí a los judíos.
Si bien alrededor del 60% de los iraníes son de nacionalidad persa, en su mayoría musulmanes chiítas, el otro 40% de la población son nacionalidades oprimidas, en su mayoría musulmanes suníes. Para el tercer o cuarto día las protestas se habían extendido al noroeste de Irán, hogar de los kurdos, una nacionalidad oprimida. Los baluchis, que como los kurdos tienen una larga historia de lucha por sus derechos nacionales, salieron a protestar en Sistán-Baluchistán en el sureste de Irán. También hubo grandes protestas en Khuzestán, donde hay una gran población árabe.
Inicialmente la policía y los efectivos de los Cuerpos de la Guardia revolucionaria Islámica y matones paramilitares Basij, trataron de aplacar las protestas con gases lacrimógenos, cañones de agua y balas de goma y golpeando a las personas con garrotes, pero fueron con frecuencia abrumados por las grandes multitudes.
Provocaciones del príncipe, Mujahadeen
En algunas protestas hubo provocaciones, incluyendo ataques contra estaciones de policía, oficinas de gobierno o policías aislados y matones del régimen perpetrados por el Mujahadeen, un grupo armado antigubernamental que busca el apoyo de Washington y de otras potencias imperialistas, y por partidarios del exiliado “Príncipe Heredero” Reza Pahlavi, que reside en Estados Unidos. Es el hijo del último Sha de Irán, cuya odiada dictadura apoyada por Washington, fue derrocada por un masivo levantamiento popular en 1979.
Pahlavi se promociona como el líder de las protestas y promueve abiertamente las provocaciones violentas. Si bien en algunas protestas en Teherán y otras ciudades se hicieron llamamientos a favor de su retorno, otros manifestantes, especialmente entre las nacionalidades oprimidas, han coreado “Muerte al opresor, sea Sha o Líder Supremo”.
Los trabajadores mayores saben cómo era la vida bajo el sha, con miles de presos políticos, sindicalistas y opositores políticos, torturados por la odiada Savak, la policía secreta del sha.
Los kurdos, baluchis, árabes, azerbaiyanos y otras nacionalidades oprimidas nunca olvidarán la discriminación, racismo, y violencia estatal sufrida bajo el sha, incluida la imposición del persa como idioma oficial único. Con la consolidación de la contrarrevolución encabezada por el clero en1983, la República Islámica reforzó la opresión nacional fomentada por el sha.
Jameneí difama a manifestantes
El Líder Supremo Ayatolá Alí Jameneí utilizó los actos provocativos del Mujahadeen y de partidarios del sha para difamar a los manifestantes como agentes del imperialismo norteamericano y del Mossad de Israel.
Inicialmente el presidente Masoud Pezeshkian dijo que las demandas de los comerciantes eran legitimas y ofreció negociar. Pero pronto cambió, haciéndose eco de las mismas acusaciones de Jameneí, quien representa el verdadero poder en el país.
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, la policía y Basij intensificaron sus mortíferos ataques el 9 y 10 de enero, utilizando ametralladoras, causando grandes cantidades de muertes de manifestantes pacíficos.
Con el cierre del internet el régimen movilizó a miles de sus fieles en mítines por todo el país el 12 de enero, acusando falsamente a los manifestantes de ser “terroristas contratados” por Israel.
El presidente Donald Trump, buscando estabilidad en el Medio Oriente para las ganancias de los capitalistas estadounidenses, advirtió a Jameneí que Washington podría “comenzar a disparar pronto” si el régimen continua matando a manifestantes.
“Aunque Trump autorice ataques contra Irán en los próximos días, su meta no será cambiar la República Islámica o apoyar a los manifestantes. Más bien, su prioridad es cambiar el comportamiento del gobierno de Irán de forma que sirva los intereses estadounidenses”, dijo Tahkim-e Mellat, el sitio web en persa. El Sindicato de la Compañía de Autobuses de Teherán y Suburbios emitió una declaración el 7 de enero en solidaridad con las protestas, señalando que “estos movimientos han surgido no para regresar al pasado, sino para construir un futuro libre de la dominación capitalista, basado en libertad, igualdad, justicia social y dignidad humana”.
“La verdadera liberación es posible solo a través de la dirección consciente y organizada y participación de la clase trabajadora y los pueblos oprimidos, no a través de la reproducción de caducas y autoritarias formas de poder”, señaló el sindicato de choferes de autobuses, “ni tampoco dependiendo de poderes extranjeros o facciones del aparato gobernante”.
Lo que es necesario es “unidad, solidaridad y la creación de organizaciones independientes en los centros de trabajo y barrios, y a nivel nacional”.
