El presidente Donald Trump emitió el 29 de enero una orden ejecutiva con el fin de cortar el suministro de petróleo a Cuba y doblegar a su pueblo. El decreto, destinado a forzar a los cubanos y a su gobierno a someterse a los dictados imperialistas de los gobernantes estadounidenses, impone aranceles punitivos a productos procedentes de países que vendan o suministren petróleo a Cuba.
La Casa Blanca dice que Cuba “constituye una inusual y extraordinaria amenaza” a la seguridad nacional de Estados Unidos. Esa es la deliberada mentira usada por todos los presidentes republicanos y demócratas desde 1959 para justificar sus esfuerzos por destruir la Revolución Cubana. La administración de Trump acusa a La Habana de alinearse con “actores malignos” e “invitar” a países hostiles a “establecer sofisticadas instalaciones militares y de inteligencia” en Cuba.
El recrudecido estrangulamiento de Cuba se suma al bloqueo del suministro de petróleo de Venezuela, impuesto por la Casa Blanca tras el unilateral ataque militar estadounidense contra ese país el 3 de enero.
Washington ha logrado presionar al gobierno de México, que hasta hace poco había estado supliendo de petróleo a Cuba, para que suspenda los envíos. El gobierno mexicano dice que se trata de una “decisión soberana” de PEMEX, la empresa petrolera estatal.
Para imponer el bloqueo, Washington mantiene una armada en aguas del Caribe. Hasta ahora fuerzas estadounidenses ha incautado ocho petroleros que transportaban crudo “sancionado”. El más reciente, el Aquila II, fue incautado en el Océano Índico el 9 de febrero, después de ser rastreado desde el Caribe desde principios de enero. “Ninguna otra nación del planeta Tierra tiene la capacidad de imponer su voluntad en cualquier ámbito”, declaró una nota belicista del Pentágono. “Por tierra, aire o mar, nuestras fuerzas armadas te encontrarán e impartirán justicia”. La “justicia” de los piratas, claro está.
El gobierno cubano ha denunciado estas medidas hacia un bloqueo naval total como un acto de guerra, rechazando las acusaciones de Washington.
“Cuba no representa ninguna amenaza para Estados Unidos”, dijo Carlos Fernández de Cossío, el viceministro de relaciones exteriores, el 5 de febrero. “Con excepción de la base estadounidense en Guantánamo”, no existen bases militares extranjeras en Cuba, añadió. Tropas estadounidenses tomaron control de la Bahía de Guantánamo en 1898. Washington la ha ocupado desde entonces, contra la voluntad del pueblo y del gobierno cubano.
Fernández de Cossío y otros representantes del gobierno cubano también han desmentido la soberbia de los medios capitalistas en su alarde que el gobierno cubano ha “cedido” bajo presión a tener conversaciones con la administración Trump. “No hay ningún cambio”, dijo el vice ministro.
Siempre ha existido una posición histórica de Cuba hacia el dialogo, que se remonta a la victoria revolucionaria del 1 de enero de 1959 bajo el liderazgo de Fidel Castro, dijo Miguel Díaz-Canel, presidente cubano, en una rueda de prensa ese mismo día. Como entre cualquier gobierno, estas conversaciones deben ser “sin presiones” y con “respeto a nuestra soberanía, a nuestra independencia, a nuestra autodeterminación”.
Quieren retorno al capitalismo
Los gobernantes capitalistas estadounidenses ven una oportunidad para asestar golpes a la revolución socialista cubana. Durante más de seis décadas, el gobierno estadounidense, tanto bajo administraciones demócratas como republicanas, ha librado una incesante guerra económica y política dirigida a castigar al pueblo cubano por derrocar la explotación y la opresión capitalistas, y por servir de ejemplo para que los trabajadores de todo el mundo hagan lo mismo.
“Mucha gente que vive en [Estados Unidos] fue maltratada por Cuba”, dijo el presidente Trump el 1 de febrero, “y queremos que se le trate bien”. Estas “personas maltratadas” son los capitalistas dueños de grandes extensiones de tierra, fábricas e intereses financieros que no pudieron seguir enriqueciéndose con la explotación de los trabajadores cubanos en el campo y la ciudad después de que estos tomaron el poder político y comenzaron a organizar la sociedad en beneficio de la mayoría.
Un buen ejemplo de la “gente” a las que se refiere Trump son los intereses capitalistas que están detrás de dos demandas que se encuentran actualmente ante la Corte Suprema de Estados Unidos, presentadas por ExxonMobil y Havana Docks Corporation. Estas dos empresas estadounidenses reclaman millones de dólares en daños y perjuicios a las empresas estatales cubanas por la nacionalización de activos por parte del gobierno revolucionario.
La “gente” que Washington dice querer “ayudar” no incluye a los 10 millones de cubanos cuyas vidas han empeorado drásticamente debido a la guerra económica del gobierno estadounidense. Tampoco incluye a las decenas de miles de cubanos que viven en Estados Unidos y que corren el riesgo de ser deportados por la administración de Trump, muchos de los cuales se están sumando a las protestas contra las deportaciones en todo el país.
Frente a la agresión estadounidense
“Nosotros no renunciamos a recibir combustible, eso es un derecho que tenemos”, dijo el presidente cubano Díaz-Canel. Exhortó a otros gobiernos a denunciar el atropello de Washington a la soberanía, no solo de Cuba, sino de cualquier país que desee comerciar con ella.
“No hay estado fallido” en Cuba, afirmó, respondiendo a los funcionarios estadounidenses que pronostican un colapso inminente de la economía y el gobierno cubanos. Lo que hay es “un estado que ha tenido que enfrentar con mucha resistencia” la “asfixia económica de la principal potencia del mundo”.
Díaz-Canel describió las muchas medidas que se están tomando para mantener la producción, la agricultura y los servicios básicos, prestando especial atención a los más vulnerables. Destacó los preparativos del gobierno cubano, de los sindicatos y otras organizaciones de masas, ante la amenaza de un ataque militar estadounidense.
Se están tomando medidas para aumentar la producción nacional de petróleo, que actualmente cubre un tercio de las necesidades energéticas del país, y acelerar la instalación de parques solares.
Se está realizando un esfuerzo especial para instalar 5 mil paneles solares en hogares de niños con necesidades especiales, centros de maternidad y de ancianos, y clínicas médicas. También se están priorizando los hogares situados en zonas aisladas, llevando electricidad por primera vez a comunidades que antes tenían poco o ningún acceso. En todas las provincias de Cuba se están coordinando los traslados de pacientes en diálisis y otras personas que necesitan tratamiento médico crítico.