Lejos de sofocar la resistencia de trabajadores y estudiantes, la masacre de más de 7 mil manifestantes en Irán el mes pasado, y la detención de más de 50 mil, sólo han profundizado la oposición al régimen clerical burgués.
Mientras tanto, para presionar a Teherán a ceder a las demandas estadounidenses, Washington ha desplazado su mayor cantidad de barcos y aviones de guerra en el Medio Oriente desde la invasión a Iraq en 2003. Los ataques militares de Washington entorpecerían la lucha que los trabajadores están organizando para defender sus derechos contra el régimen.
Las ceremonias que tradicionalmente se celebran 40 días después de la muerte de un ser querido se transformaron, el 17 y 18 de febrero, en grandes manifestaciones de orgullo por quienes lucharon contra el régimen. Los participantes rechazaron las calumnias del gobierno de que los manifestantes eran agentes pagados por Israel o Estados Unidos.
En Irán es prohibido bailar y que las mujeres canten en público. Pero en muchas ceremonias, en lugar de la tradicional lectura del Corán, los participantes bailaron y cantaron, celebrando la vida de los manifestantes caídos.
“Ustedes mataron a mi hijo. Pero no pueden destruir sus objetivos”, dijo la madre de Mehrad Sadeghi, de 17 años, entre aplausos en una ceremonia en Isfahán. Ella asistió al evento vistiendo la ropa de su hijo. “Puede que se hayan llevado su cuerpo. Pero ahora yo llevo su ropa y no pueden hacer nada para impedir que esto continúe”.
El testamento que la maestra Khadija Alipour había escrito a mano, fue encontrado en su bolsillo después de que la asesinaron a tiros en Karaj el 8 de enero. “No somos terroristas. No somos alborotadores. No somos peones de potencias extranjeras”, escribió. “Somos orgullosos y honorables hijos de trabajadores que protestamos. Hemos venido a recuperar nuestro país de las élites privilegiadas. Nos quedaremos en las calles”.
Los estudiantes de más de una decena de instituciones en Teherán, Mashhad, Isfahán y Shiraz también han estado protestando todos los días desde que las escuelas reabrieron el 21 de febrero, para honrar a sus compañeros asesinados y exigir el fin del régimen.
La prensa burguesa de todo el mundo y el régimen iraní describen falsamente a los estudiantes manifestantes como partidarios del hijo del sha de Irán, el monarca apoyado por Washington que fue derrocado en 1979 en la masiva revolución popular que arrasó Irán.
Mientras pequeños grupos de estudiantes han coreado consignas por el regreso del sha, en una sentada estudiantil el 24 de febrero en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Teherán, los manifestantes coreaban: “¡Ni el sha, ni el Líder Supremo, ni el reaccionario Rajavi!”. ‘Líder Supremo’ se refiere al ayotallah Alí Jamenei. Maryam Rajavi es la líder de los Muyahidines, un grupo guerrillero que busca el respaldo del imperialismo estadounidense.
Matones del Basij, una fuerza paramilitar organizada por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica del régimen, atacaron varias acciones estudiantiles. Para sorpresa de los matones, los estudiantes sabían cómo defenderse.
Solidaridad obrera-estudiantil
El Sindicato de la Compañía de Autobuses de Teherán y Suburbios declaró su apoyo a la “lucha estudiantil contra la represión y por la libertad y la igualdad”. El sindicato enfatizó la importancia de la “solidaridad entre trabajadores y estudiantes” y la “defensa de la independencia de las organizaciones estudiantiles y sindicales frente al estado, las instituciones gubernamentales y los defensores de cualquier forma de despotismo, autoritarismo o totalitarismo”.
La magnitud y determinación de los manifestantes están profundizando las divisiones dentro de la clase dirigente iraní. Los gobernantes intentan utilizar las amenazas de guerra del gobierno estadounidense para presionar y poner fin a las manifestaciones.
Los partidarios de Mir-Hussein Mousavi, un ex primer ministro que lleva una década bajo arresto domiciliario, anunciaron la formación de un “Comité Ejecutivo Provisional para el Establecimiento del Frente de Salvación de Irán” que, según ellos, garantizaría los derechos de todos en una “patria unificada”.
Bajo la República Islámica, al igual que durante el gobierno del sha, los trabajadores carecen de derechos políticos y enfrentan una severa represión. Las nacionalidades oprimidas sufren discriminación en el empleo y la vivienda, a menudo se les niega el derecho a usar su lengua natal y se los condena de manera desproporcionada a la pena de muerte.
Aunque Mousavi y su llamada ala reformista del régimen afirman estar en contra del “despotismo”, nunca han apoyado el derecho a la autodeterminación de las nacionalidades oprimidas de Irán: kurdos, baluchis, árabes y azerbaiyanos. Tampoco han denunciado la promoción del odio antijudío por parte del régimen ni sus amenazas de destruir a Israel.
“Cualquier transformación social y política importante en Irán”, declararon los Trabajadores de Autobuses de Teherán y Suburbios el 23 de febrero, debe incluir los derechos de “todas las etnias y nacionalidades”. El sindicato anunció que pronto publicará un programa para defender a “las familias obreras y al pueblo oprimido del país, y protestar contra la represión interna y los asesinatos, y contra la guerra y el militarismo”.
Los gobernantes estadounidenses no desean la “transformación social y política” que buscan los trabajadores del transporte público. Quieren un régimen estable que coopere con Washington. Algunos informes periodísticos indican que las refinerías de petróleo y otras fábricas se encuentran entre los objetivos que la administración de Donald Trump está considerando atacar. Esto representa una amenaza para miles de obreros petroleros, camioneros y otros que están luchando por salarios más altos y mejores condiciones.