Ucrania marca 82 aniversario de la deportación de tártaros de Crimea

Por Roy Landersen
8 de junio de 2026
18 de mayo de 1944, el régimen de José Stalin deportó a 200 mil tártaros de Crimea acusándolos de ser agentes de los Nazis. Fueron llevados en vagones de ganado a través de Rusia a Siberia y Asia Central. Casi la mitad murió en el viaje o después en el exilio.
18 de mayo de 1944, el régimen de José Stalin deportó a 200 mil tártaros de Crimea acusándolos de ser agentes de los Nazis. Fueron llevados en vagones de ganado a través de Rusia a Siberia y Asia Central. Casi la mitad murió en el viaje o después en el exilio.

Decenas de miles de personas en Ucrania y en otras partes del mundo conmemoraron el 18 de mayo el 82 aniversario de la brutal deportación de la nación tártara de Crimea por el régimen estalinista en Moscú cuando se acercaba el fin de la Segunda Guerra Mundial. Más de una década después que el Kremlin usurpó y ocupó Crimea en 2014, los tártaros continúan resistiendo.

Son parte de la batalla de Ucrania contra la guerra del presidente ruso Vladímir Putin que lleva más de cuatro años afectando a la población civil en su intento de conquistar el país.

En 1944 José Stalin difamó a todo el pueblo indígena tártaro de la península de Crimea, afirmando que habían colaborado con los nazis cuando se encontraban bajo la bota de la ocupación imperialista alemana. A las familias tártaras, incluyendo soldados del Ejército Rojo recién desmovilizados, les dieron apenas unos minutos para reunir lo que pudieran cargar.

Más de 200 mil hombres, mujeres y niños fueron acorralados, amontonados en vagones para ganado, transportados a través de Rusia y abandonados en los Urales, Siberia y Uzbekistán. Decenas de miles perecieron de hambre, enfermedades y condiciones inhumanas en una de las más grandes deportaciones de masas de la historia.

Algunos ni siquiera llegaron a Rusia. Los habitantes de la Flecha de Arabat, una remota zona pesquera, fueron obligados a subir a una barcaza que fue llevada al mar de Azov y hundida. A poca distancia, ametralladoristas rusos aseguraron que nadie sobreviviera.

Los tártaros de Crimea lucharon para regresar a su patria después de la guerra. Finalmente, cuando la Unión Soviética se derrumbó en 1991 y los ucranianos ganaron su independencia, los tártaros pudieron regresar. Pero encontraron que Moscú había confiscado sus hogares y propiedades y los habían distribuido a nuevos residentes con el fin de “rusificar” el país. En la Ucrania recién independizada, la cultura de los tártaros floreció y su identificación como ucranianos creció.

“Superando enormes dificultades, comenzamos a regresar a nuestra patria y a restaurar los vestigios de nuestra cultura destruida”, testificó Mustafá Dzhemílev el pasado 25 de septiembre en una Cumbre de la Plataforma de Crimea en Nueva York.

“Soy uno de los pocos representantes de la generación de tártaros de Crimea que sobrevivió a la deportación total y al genocidio de su pueblo en 1944 que aún sigue vivo”, dijo en su lengua materna.

Dzhemílev es desde hace mucho presidente del Mejlis, el consejo nacional autónomo electo de los tártaros de Crimea.

Lucha de tártaros para sobrevivir

Dzhemílev tenía menos de un año cuando su familia fue deportada a Uzbekistán. Llegó a ser un vocero destacado en defensa de los derechos de los tártaros de Crimea y un firme opositor de la represión estalinista en la Unión Soviética. Fue encarcelado en repetidas ocasiones, cumpliendo 15 años de condena en el Gulag. En una ocasión realizó una huelga de hambre de 303 días. El Militante fue parte de la campaña internacional que luchó con éxito por su libertad.

Decenas de miles de tártaros se movilizaron en 2014 cuando el régimen de Putin tomó Crimea de Ucrania. Se enfrentaron a una persecución intensificada bajo la ocupación rusa. La policía política rusa allanó sus hogares, mezquitas y escuelas. Los periódicos en lengua tártara y el único canal de televisión en tártaro fueron clausurados.

Dzhemílev y otros líderes del Mejlis fueron expulsados de nuevo de su patria. En 2014 y 2015, durante viajes de reportaje a Ucrania, John Studer, el director del Militante, entrevistó a Dzhemílev para ayudar a dar a conocer la lucha del pueblo tártaro de Crimea.

Tras ocupar Crimea, Moscú “comenzó a transformar rápidamente toda la península en una poderosa base militar, con el claro objetivo de expandirse aún más hacia la Ucrania continental”, dijo Dzhemílev en la cumbre celebrada en Nueva York. “Los representantes de los pueblos indígenas y los ucranianos étnicos fueron los primeros en ser objeto de represiones a gran escala.

“Aproximadamente 50 mil tártaros de Crimea, como el 15% de la población total, y hasta 100 mil ucranianos étnicos han abandonado Crimea”, dijo Dzhemílev. “Y el número de ciudadanos rusos reasentados en Crimea ya supera el millón”.

“Hoy, Ucrania está sangrando, repeliendo al agresor y tratando de liberar sus territorios ocupados; para liberar a millones de nuestros conciudadanos que han caído en manos de los crueles ocupantes”.

Dzhemílev rechazó cualquier idea de iniciativas de “paz” planteadas por la administración de Donald Trump, las cuales “coinciden en gran medida con los planes del agresor” al exigir “el reconocimiento de Crimea y de otros territorios ocupados de Ucrania como territorios de Rusia”. Afirmó que tal acuerdo, firmado bajo la coacción de la fuerza militar, “será una pausa muy breve antes de una nueva guerra, aún más sangrienta”.

Décadas de lucha

El pueblo tártaro ha luchado durante siglos para defender sus derechos nacionales como pueblo, desde que fue conquistado y subyugado por la zarina Catalina II de Rusia en 1783.

La memoria del pasado es vital para fortalecer la lucha actual del pueblo tártaro por sus derechos nacionales y su identidad, incluyendo poder vivir libremente en su propia tierra.

“Si para Ucrania en general la liberación de Crimea es, ante todo, una cuestión de restaurar su integridad territorial y garantizar su seguridad”, dijo Dzhemílev, “para el pueblo indígena de Crimea es también una cuestión de supervivencia y desarrollo futuro, o de su total desaparición como nación originaria”.