Los intereses contrapuestos de Washington e Israel resultan evidentes a medida que la administración de Donald Trump busca alcanzar un acuerdo con el régimen iraní. La guerra de Washington contra Irán y sus negociaciones con Teherán están destinadas a promover los intereses del imperialismo norteamericano en el Medio Oriente.
Los gobernantes de Estados Unidos quieren estabilidad para incrementar el saqueo de los recursos de la región, profundizar la explotación de los trabajadores y ampliar su dominio sobre los mercados mundiales del petróleo.
A diferencia del imperialismo norteamericano, Israel es un pequeño país capitalista de apenas 10 millones de habitantes, en comparación con los más de 93 millones de personas en Irán. No busca dominar el Medio Oriente, sino que lucha por defender su existencia como refugio ante el odio antijudío y los pogromos, en un mundo en el que los ataques violentos contra los judíos van en aumento.
Israel es un “tumor canceroso” que debe ser extirpado, dijo Mojtaba Jamenei, líder supremo iraní, el 26 de mayo, reiterando la política de tratar de destruir a Israel que el régimen reaccionario iraní ha seguido durante décadas.
El llamado eje de la resistencia de Teherán —Hezbolá en Líbano, Hamás en Gaza, los hutíes en Yemen y las milicias creadas por Irán en Iraq— aunque sumamente debilitado por los golpes israelíes asestados desde el 7 de octubre de 2023, sigue constituyendo una amenaza mortal.
Pero la Casa Blanca está decidida a impedir que Israel perturbe las metas de los gobernantes norteamericanos de imponer una nueva Pax Americana a los pueblos del Medio Oriente.
Trump y Benjamín Netanyahu, el primer ministro israelí, conversaron por teléfono el 19 de mayo, en medio de informes de prensa que indicaban que Washington y Teherán estaban discutiendo un acuerdo tentativo que no sería del agrado de Israel. Según se informa, el acuerdo reabriría el Estrecho de Ormuz, impondría un alto el fuego permanente en Líbano y aplazaría futuras discusiones sobre la exigencia de Washington de que Teherán entregue sus reservas de uranio enriquecido —que podrían utilizarse para fabricar armas nucleares— y prometa no enriquecer más durante 20 años.
“Netanyahu hará lo que yo diga”
Posteriormente, Trump dijo que Netanyahu “hará lo que yo quiera que haga”.
Washington utiliza la dependencia de Israel del abastecimiento de armas y unos 3,800 millones de dólares anuales en ayuda bélica para presionar a Israel a que acceda a sus demandas. Pero Israel encuentra formas de defenderse.
El alto el fuego impuesto por el gobierno de Estados Unidos en Gaza impidió a Israel desmantelar a Hamás. Trump dijo que el acuerdo de alto el fuego conduciría al desarme de Hamás, al establecimiento de una fuerza policial independiente y a la reconstrucción de Gaza, pero nada de esto ha sucedido.
Bajo presión de Washington, Israel ha cesado de atacar a Hezbolá en el norte de Líbano. Mientras tanto, Hezbolá, con la ayuda de Irán, ha reforzado su arsenal de drones, y reiniciado el lanzamiento de ataques aéreos contra comunidades del norte de Israel desde el 2 de marzo.
Si bien Netanyahu afirma que el imperialismo norteamericano está del lado de Israel, actúa partiendo de la premisa de que Israel debe estar preparado para defenderse por sí mismo. Para limitar la capacidad de los gobernantes norteamericanos de presionar a Israel, Netanyahu busca reducir su dependencia de la ayuda militar y del armamento de Estados Unidos.
“Quiero reducir a cero el apoyo financiero estadounidense” al ejército de Israel “durante la próxima década”, dijo Netanyahu al programa 60 Minutes de la CBS el 10 de mayo.
Netanyahu también señaló el impacto de la propaganda antiisraelí promovida por los apologistas de Hamás. Hace un año, le dijo a un periodista que “no hemos estado ganando” la guerra de propaganda. “Hay fuerzas inmensas alineadas en contra nuestra”.
De hecho, un conjunto de partidarios de Hamás, maoístas y otros en la izquierda de clase media —reforzados por liberales burgueses de las potencias imperialistas “democráticas”— así como antisemitas de derecha, difunden la mentira de que Israel es un estado de apartheid culpable de genocidio.
1948: creación de Israel inevitable
Mienten sobre la verdadera historia de Israel, alegando que fue construido sobre la desposesión de los palestinos.
El establecimiento de Israel en 1948 se había vuelto inevitable tras la Segunda Guerra Mundial.
La clase trabajadora a nivel mundial pagó un precio terrible por la traición de los partidos comunistas dirigidos por Stalin, que impidieron a los trabajadores unirse y tomar el poder político en sus propias manos. En los años 30, estos partidos sabotearon oportunidades revolucionarias que tuvieron lugar desde Alemania hasta España. Si los trabajadores en estos países hubieran sido liderados para tomar el poder, la Segunda Guerra Mundial —y, con ella, la masacre de seis millones de judíos a manos de los nazis— podría haberse evitado.
Antes y durante el Holocausto, los gobernantes de las potencias imperialistas —entre ellas Washington, Londres y Ottawa— cerraron sus puertas a los judíos, enviándolos a menudo de regreso hacia su muerte. Tras la guerra, se les siguió negando la entrada y se les obligó a vivir en campos de “personas desplazadas”. Pero los judíos se negaron a aceptar este destino y partieron hacia Palestina. ¿A dónde más podían ir?
Las organizaciones judías aceptaron el plan de partición de las Naciones Unidas, que reservaba una pequeña parte de Palestina para un estado que serviría de refugio para los judíos. Pero los líderes reaccionarios y semifeudales que dominaban el mundo árabe se negaron. Ejércitos de cinco naciones árabes invadieron el recién creado estado de Israel en 1948.
Con grandes pérdidas en ambos bandos, Israel salió victorioso. Decenas de miles de palestinos huyeron, instados a hacerlo por los líderes árabes reaccionarios o por miedo. Muchos fueron expulsados por las fuerzas israelíes durante la guerra. Pero miles se quedaron.
Durante y después de esa guerra, decenas de miles de judíos de países árabes fueron atacados y expulsados por regímenes reaccionarios en todo el Medio Oriente, y se trasladaron a Israel.
Hoy en día, alrededor del 20% de la población de Israel son ciudadanos árabes. Judíos y árabes a menudo trabajan codo con codo y pertenecen a los mismos sindicatos.
Al ver a Hamás asesinar no solo a judíos el 7 de octubre de 2023, sino también a árabes que trabajaban con judíos, y al sufrir ataques por parte de Teherán y Hezbolá en las guerras que siguieron, los ciudadanos árabes sienten una conexión creciente con Israel.