Han pasado tres años desde que los matones de Hamás en Gaza —entrenados, financiados y armados por Teherán— irrumpieron el 7 de octubre de 2023 en Israel y perpetraron la peor matanza de judíos desde que los nazis asesinaron a seis millones de ellos durante el Holocausto en la Segunda Guerra Mundial.
Ese día unas 1,200 personas, civiles judíos en su mayoría, fueron asesinadas (incluidas 378 en el festival de música Nova y familias enteras en sus hogares cerca de la frontera con Gaza), miles fueron heridas y más de 250 secuestradas. Los matones violaron y mutilaron a decenas de mujeres.
Desde Israel hasta Los Angeles, Nueva York y Washington, miles de judíos y otros participaron en conmemoraciones este 7 de octubre, dejando claro que seguirán enfrentando a los que odian a los judíos. Los actos de este año cobraron especial importancia dadas la propagación de odio y violencia contra los judíos y su “normalización” por parte de gobiernos y medios de comunicación burgueses en todo el mundo.
Grupos de clase media que apoyan a Hamás salieron a las calles ese mismo día para celebrar la masacre, afirmando que el pogromo fue una acción “gloriosa” que propició la liberación del pueblo palestino.
“Conoce tu verdad. Sé fuerte. Hazte oír. No te rindas”, dijo Andrei Kozlov ante unas 400 personas durante la conmemoración en el Museo del Patrimonio Judío, en el Bajo Manhattan. Kozlov, que no es judío, trabajaba como guardia de seguridad en el festival Nova donde fue tomado como rehén por Hamás, permaneciendo cautivo durante 246 días hasta que el ejército israelí lo liberó durante una operación.
Modi Ephraim, cónsul general de Israel para el suroeste del Pacífico, dijo ante unas 2 mil personas en una conmemoración en Beverly Hills en Los Angeles: “El antisionismo está incentivando la mayor cantidad de ataques antisemitas ocurridos desde el Holocausto”. Señaló los asesinatos de judíos ocurridos en Boulder, Colorado; Manchester, Inglaterra; Bondi Beach, Australia; Montreal; y Washington.
Hamás pasó años planeando el pogromo, incluyendo simulacros de ataques utilizando maquetas de los kibutzim. Hamás metódicamente indujo a los funcionarios israelíes a creer que, a pesar de sus llamados a masacrar judíos, se había vuelto más “pragmático” y que era posible colaborar con él. Todo esto era mentira.
Hamás también asesinó a más de 50 trabajadores agrícolas inmigrantes y a 24 ciudadanos árabes de Israel, en muchos casos después de brutales torturas. A juicio de Hamás, trabajar con judíos en pie de igualdad es un delito castigado con la muerte.
Hamás sabía que muchas de las víctimas, como las del kibutz Be’eri, eran activistas de grupos pacifistas que apoyan la creación de un estado palestino independiente y consideran al gobierno de Israel un obstáculo para la “paz”. Eso no importaba. Para Hamás, todo judío es el enemigo.
Hamás quiere ‘mártires’ civiles
Hamás sabía que Israel contraatacaría. Por eso construyó sus depósitos de armas y puestos de mando debajo de hospitales, escuelas, viviendas, mezquitas y oficinas de la ONU, utilizando a civiles palestinos como escudos humanos. Su objetivo era maximizar el número de civiles muertos que pudiera presentar como mártires.
No obstante todos estos hechos, la guerra defensiva de Israel para garantizar que Hamás no pueda perpetrar nuevas matanzas de judíos es constantemente calumniada como “genocidio”.
El odio antijudío más abierto y virulento —a menudo encubierto bajo la etiqueta de “antisionismo”— proviene de radicales de clase media y grupos partidarios de Hamás. Sin embargo, fuerzas más “convencionales”, desde el Comité del Premio Nobel de la Paz hasta columnistas del New York Times, se consideran libres de difundir el libelo de sangre de que Israel está perpetrando un “genocidio” en Gaza. A ellos se suman cada vez más políticos tanto de izquierda como de derecha en el espectro político burgués.
Estos medios de comunicación capitalistas ocultan el hecho de que desde su creación Hamás ha declarado abiertamente que su objetivo es matar o expulsar a todos los judíos de Palestina y destruir Israel, el único refugio para los judíos en el mundo. La carta fundacional de Hamás de 1988 cita “Los protocolos de los Sabios de Sion”, el documento falso de la época zarista que promueve la mentira de que los judíos controlan el mundo.
Hamás, al-Husseini y Hitler
Hamás traza su continuidad a los Hermanos Musulmanes en Egipto y a Amin al-Husseini, el gran muftí de Jerusalén, quien colaboró con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Proveniente de una familia adinerada de terratenientes, la trayectoria política de al-Husseini, que se remonta a los años 20, estuvo marcada por pogromos antisemitas en una época en la que pocos creían que la existencia de un estado judío fuera posible.
Antes del ascenso de la Alemania fascista y del partido Nazi de Adolf Hitler, la mayoría de los judíos de Europa no tenían intención de trasladarse a Palestina. El Holocausto lo cambió todo.
A pesar de contar con el apoyo de millones de trabajadores, el Partido Comunista de Alemania, pro Moscú, se negó a unirse al Partido Socialista para combatir el fascismo. Más bien se mantuvo al margen mientras el antisemitismo cobraba fuerza, afirmando: “Después de Hitler, nos toca a nosotros”.
A medida que los nazis avanzaban para imponer su “Solución Final”, las principales potencias imperialistas, incluidas Washington, Londres y Ottawa, le negaron entrada a los judíos que intentaban huir.
Para el fin de la guerra, dos de cada tres judíos de Europa —alrededor del 40% del total de los judíos en el mundo— habían sido asesinados por los nazis. Estados Unidos, Gran Bretaña y otras potencias imperialistas vencedoras continuaron negando la entrada a los judíos que sobrevivieron los campos de exterminio de Hitler. Los británicos emplearon su fuerza militar para intentar impedir que los judíos huyeran hacia lo que se convirtió en Israel.
¿Adónde podían ir los judíos? Al verse excluidos de otros lugares, encontraron formas de llegar a Palestina. Los líderes judíos aceptaron el plan de las Naciones Unidas de partición para crear dos estados: uno palestino y otro judío.
Líderes árabes atacan Israel en 1948
Pero los dirigentes árabes reaccionarios, terratenientes semifeudales, se aliaron con al-Husseini. Atacaron al nuevo estado israelí con la esperanza de destruirlo antes de que pudiera consolidarse. Fracasaron, al costo de una enorme pérdida de vidas humanas para ambos bandos en el conflicto.
Israel existe hoy como el único refugio en el mundo para los judíos contra el antisemitismo. Y una pequeña prueba de que Israel y los judíos se oponen al genocidio contra árabes, musulmanes o palestinos es que, actualmente, alrededor del 20% de los ciudadanos de Israel son árabes.
Apenas dos días después del 7 de octubre de este año, Navi Pillay —exjefa de derechos humanos de la ONU y presidenta de una comisión que declaró que Israel estaba cometiendo un genocidio en Gaza— fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz.
El año pasado, Pillay se pronunció en defensa de un miembro de su comisión que afirmó que las redes sociales están “controladas en gran medida por el lobby judío”.
Israel no renunciará a defenderse como refugio para los judíos ni debería hacerlo. Una sola bomba atómica lanzada sobre Israel —un país aproximadamente del tamaño de Nueva Jersey— podría matar a la mitad de los judíos del mundo.
Desde el 7 de octubre de 2023, las fuerzas israelíes han asestado duros golpes a Teherán, el principal facilitador de Hamás, así como a Hamás, a Hezbolá en Líbano, a los hutíes en Yemen y a otros miembros del “eje de la resistencia” de Teherán. Estos avances son relevantes para el pueblo trabajador de todas partes.
