Uno de los principales blancos de los crecientes ataques de los gobernantes capitalistas norteamericanos contra Cuba es su popular sistema de salud, y están haciendo todo lo que está a su alcance para paralizarlo. En respuesta, el gobierno y el pueblo cubanos se están organizando para preservar este logro transformando el sistema nacional de salud en un espacio de enseñanza. Unos 10 mil nuevos estudiantes de medicina iniciaron sus cursos el 1 de septiembre, decididos a dar continuidad a un logro fundamental de la revolución socialista: el derecho de toda persona a recibir atención médica ejercida como forma de solidaridad humana.
Ante la realidad de no poder abrir las aulas en condiciones normales debido a los prolongados apagones y a la falta de transporte público causados por el brutal bloqueo petrolero de Washington contra Cuba, “la universidad va más allá de sus muros” para formar a los futuros profesionales de la salud, dijo Tania Ponce, directora del departamento de docencia del Policlínico Universitario Enrique Barnet, en Santa Isabel de las Lajas, provincia de Cienfuegos, el 28 de septiembre.
En lugar de tener que viajar a una de las 33 facultades de medicina situadas en capitales provinciales, los estudiantes asistirán a seminarios intensivos cerca de su lugar de residencia y aprenderán directamente de médicos e instructores en hospitales y clínicas de la misma zona.
Los estudiantes de tercero y cuarto años recibirán enseñanza práctica en los 450 policlínicos comunitarios distribuidos por todo el país. Quienes se encuentren en la etapa final de sus estudios, además de realizar su residencia en hospitales, también prestarán asistencia en centros para personas mayores y casas de maternidad de la zona.
“Hoy somos todos parte de un mismo proyecto: el de formar profesionales íntegros, capaces de sostener el sistema de salud más hermoso que ha conocido nuestro pueblo”, dijo Daniel Alejandro, presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana, en un acto de lanzamiento de la iniciativa.
José Ángel Portal Miranda, ministro de salud de Cuba, hizo un reconocimiento especial a un grupo de 34 estudiantes de medicina y enfermería que habían trabajado como voluntarios en el Hospital Universitario Pediátrico Docente Centro Habana durante sus vacaciones.
“La experiencia es un poco fuerte por las dificultades que nuestro país enfrenta, con déficit de varios medicamentos y otras cosas”, dijo Haila Izaqui Marroquí, estudiante de cuarto año de medicina.
Impacto del bloqueo de EE.UU.
El bloqueo petrolero y las sanciones impuestas sistemáticamente por la administración de Donald Trump durante el último año han incrementado drásticamente el costo humano que el pueblo cubano está pagando por las medidas mantenidas durante décadas por los gobernantes estadounidenses con el fin de derrocar la Revolución Cubana.
En enero, la administración de Trump amenazó con imponer aranceles a todo país que suministre petróleo a Cuba. A excepción de un petrolero ruso al que Washington permitió llegar a Cuba en marzo, no se han realizado entregas de combustible al gobierno cubano.
Todo servicio médico —desde cirugías y suministros a bancos de sangre hasta acceso a ambulancias, vacunación infantil, tratamientos de cáncer e incluso la presencia de un asistente calificado durante el parto— se ve afectado por las brutales medidas de Washington.
La histórica tasa de mortalidad infantil de Cuba —de 4.8 por cada mil nacidos vivos; niveles equiparables a los de los países desarrollados— se ha duplicado. “Eso significa muertes de niños que se podían haber evitado, dijo en agosto Miguel Díaz-Canel, el presidente cubano.
Entre los desafíos que enfrentan los profesionales de la salud cubanos está una grave escasez de medicamentos, provocada por la imposibilidad de Cuba de adquirir materias primas destinadas a su industria farmacéutica. Las farmacias estatales, donde los medicamentos se venden a precios subvencionados, llevan tiempo sin poder abastecerse. Los cubanos se han visto obligados a recurrir a fármacos importados y vendidos por particulares a precios exorbitantes a través de aplicaciones de internet sin ningún control.
El gobierno adoptó recientemente medidas destinadas a mitigar el impacto del bloqueo. Entre ellas, se ha autorizado el establecimiento de farmacias privadas, sujetas a ciertas regulaciones.
Ante el colapso de la producción nacional de medicamentos, las donaciones de grupos internacionales de solidaridad se han convertido en una línea de vida para hospitales y pacientes. Algunos de estos medicamentos son distribuidos por redes juveniles comunitarias encabezadas por la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y las federaciones de estudiantes universitarios y de enseñanza media. Estos grupos visitan a personas mayores que viven solas, a mujeres embarazadas y a familias con necesidades especiales para ayudarles a afrontar los numerosos desafíos que los acosan.
La atención nació con la revolución
El sistema médico de Cuba, gratuito para individuos y sus familias, es una conquista de su revolución socialista. La atención sanitaria no es una mercancía de compra y venta con fines de lucro; es un derecho cuyo objetivo es salvar vidas, y esos son los valores con que se educan los estudiantes de medicina.
Inmediatamente después de que el Movimiento 26 de julio dirigido por Fidel Castro derrocó la dictadura de Fulgencio Batista, que contaba con el respaldo de Washington, el 1 de enero de 1959, la mitad de los 6 mil médicos que ejercían en Cuba abandonaron el país atraídos por ofertas de empleo del gobierno estadounidense. Esta fue solo una de las medidas adoptadas por los gobernantes de Estados Unidos con el fin de causar dolor y sufrimiento al pueblo cubano.
Pero el liderazgo revolucionario cubano hizo posible las condiciones para que todo cubano ejerciera su derecho a la atención médica; un derecho que el pueblo cubano ha luchado durante mucho tiempo por extender, a su vez, a pueblos hermanos de otros países.
En 1965, Cuba graduó a 400 médicos y 26 dentistas; la primera generación de profesionales de la salud formados bajo el nuevo gobierno. Imbuidos de espíritu revolucionario, los estudiantes decidieron celebrar su ceremonia de graduación en la cima del Pico Turquino, la montaña más alta de Cuba. Esta se encuentra en el corazón de la Sierra Maestra, el bastión de la lucha revolucionaria contra Batista.
Castro, quien respaldó la propuesta de los estudiantes, hizo la marcha de cinco días hasta la cima del Turquino con ellos, acompañados por campesinos de la zona que ayudaron a los nuevos médicos y dentistas a hacer el ascenso. A Castro le gustaba la idea porque decía que “subiendo montañas se forjan hombres y mujeres”, dijo Oscar Díaz Díaz, uno de los graduados, en una entrevista en 2025.
Ellos fueron “el primer grupo que renunció a la práctica privada de la medicina que existía antes de la revolución”, dijo Díaz. “Subimos al Turquino convencidos de que llegaríamos a la cima y a contribuir al desarrollo de la medicina dentro y fuera de Cuba”.
