NUEVA YORK — Babacar Dem, un taxista originario de Senegal, falleció a finales de agosto durante su turno de trabajo en el baño de un establecimiento de venta de pollos en el Bronx. Fue el cuarto taxista en la ciudad que murió mientras desempeñaba su trabajo durante el verano.
Dem había estado yendo a recibir diálisis tres veces por semana, pero dado que estaba atrasado en los pagos de la licencia de su taxi, se estaba esforzando en seguir conduciendo todo el tiempo que fuera posible. Taxista desde 2001, había firmado un contrato con la empresa Queens Medallion para pagar un mínimo de 800 dólares semanales durante tres años —125 mil dólares— para obtener el título del taxi. Aún tenía una deuda pendiente cuando falleció.
“Es una prisión de deudores”, dijo al sitio de noticias Gothamist Bhairavi Desai, directora ejecutiva de la Taxi Workers Alliance, el sindicato que representa a los taxistas,. “Los conductores sienten que están encadenados al volante. Empiezas cada día con un saldo negativo y tienes que seguir trabajando, sin importar si estás enfermo o si surge una emergencia”.
Khalifa Siwa, quien padecía diabetes, fue hallado muerto en su taxi el 2 de septiembre con una jeringa de insulina en la mano. Esto ocurrió una semana después de que un dispositivo de rastreo GPS indicara que se había detenido al borde de la autopista West Side Highway.
Originario de Tanzania, Siwa fue hospitalizado en julio tras sufrir un derrame cerebral. Pero su médico indicó que estaba apto para trabajar. Como Dem, Siwa tenía un contrato de arriendo-para-compra que exigía pagos semanales.
Richard Coulibaly, taxista de 73 años oriundo de la Costa de Marfil, quien también tenía obligaciones contractuales con Queens Medallion, falleció dentro de su vehículo el 2 de julio, durante una intensa ola de calor.
Jagjit Singh fue hallado muerto en su taxi en el West Village el 11 de septiembre. Se sospecha que sufrió un infarto.
Las condiciones para choferes de los taxis amarillos han empeorado notablemente desde la llegada de una fuerte competencia por parte de Lyft y Uber, empresas que cuentan con más de 84 mil vehículos autorizados para operar en la ciudad. Actualmente, quedan solo un poco más de 10 mil taxis amarillos en circulación, cuyos conductores deben trabajar largas jornadas para obtener un promedio diario de unos 387 dólares diarios en tarifas.
Desai dijo que una reciente encuesta sindical, de más de 400 conductores, reveló que el 10% de ellos conocía a otros conductores que se habían quedado sin hogar, y que el 30% de los encuestados estaba retrasado en el pago del alquiler o de la hipoteca durante el año pasado.
Estas cuatro muertes traen a la memoria el caso de por lo menos ocho taxistas que, al verse en una situación desesperada, se suicidaron en 2018. Aquellos choferes que ya habían comprado las licencias de sus taxis —que en su momento llegaron a costar más de un millón de dólares cada una y que entre los taxistas se promocionaban como una inversión para toda la vida—se vieron asfixiados por las deudas después de que Uber y Lyft desmantelaron lo que, bajo protección gubernamental había sido un monopolio de la industria de los taxis, provocando una caída en el valor de las licencias de los taxis.
Dificultades para choferes de Uber
Los choferes de Uber y Lyft también enfrentan tiempos más difíciles. Aunque el costo de los viajes aumentó casi un 10% el año pasado, ese dinero adicional no llega a los bolsillos de los conductores. En junio, el Business Insider informó que en ciudades como Dallas, Miami y Tampa, Florida, los patrones de Uber se quedan con más del 50%; cifra muy superior al 15 o 20% que la empresa solía retener de las tarifas pagadas por los usuarios.
Este cambio en la distribución de los beneficios, sumado a una merma de demanda resultante del alza inflacionaria que afecta a los trabajadores usuarios del servicio, han dejado a los conductores de estas plataformas en una situación muy complicada. “Antes ganaba un mínimo de 300 dólares al día”, dijo Anja Holthoff, quien lleva 10 años trabajando como conductora para Uber y Lyft en Atlanta. “Ahora, a veces, necesito dos días para ganar esa misma cantidad”.
Todos los taxistas de Nueva York tienen dificultades en encontrar un lugar donde hacer una pausa para comer o usar el baño. Se enfrentan a multas de entre 115 y 150 dólares si dejan sus vehículos, aunque sea brevemente, en zonas restringidas o donde está prohibido estacionarse o detenerse.
El Departamento de Transporte está debatiendo un plan piloto de un año que podría ampliar el número de puntos de descanso con acceso para los taxistas. Pero “los conductores llevan décadas escuchando eso hasta el cansancio”, dijo Desai en septiembre.
La Alianza de Trabajadores de Taxi está intensificando su larga lucha por obtener un seguro por discapacidad, una ampliación de las licencias por enfermedad y atención médica para los conductores. “Si te enfermas, prácticamente estás solo”, dijo al New York Times Wain Chin, conductor de taxi por 30 años. Y en estos tiempos más difíciles, dijo: “Olvídate de la jubilación. No tenemos nada”.