Trabajadores en Ucrania: ‘Luchamos por la soberanía de todo el país’

Por Roy Landersen
19 de mayo de 2025
Tártaros de Crimea marchan hacia punto fronterizo bloqueado en Armyansk, Crimea, 3 de mayo de 2014, para exigir que dirigente tártaro Mustafa Dzhemilev sea permitido regresar a Ucrania, dos meses después de que Moscú usara sus tropas para tomar control de la península.
AP Photo/Alexander PolegenkoTártaros de Crimea marchan hacia punto fronterizo bloqueado en Armyansk, Crimea, 3 de mayo de 2014, para exigir que dirigente tártaro Mustafa Dzhemilev sea permitido regresar a Ucrania, dos meses después de que Moscú usara sus tropas para tomar control de la península.

El 24 de abril Moscú lanzó su ataque con misiles y drones más grande contra Ucrania en casi un año. Mató a 12 personas en sus hogares en Kiev e hirió a 87. El régimen del presidente ruso Vladímir Putin está enfocando sus ataques diarios contra civiles, ignorando los llamados de Washington y el gobierno ucraniano a un alto el fuego.

El presidente Donald Trump condenó el último ataque de Moscú y amenazó con endurecer las sanciones de Washington contra Rusia. Pero estás sanciones afectan principalmente al pueblo trabajador y son un obstáculo para forjar la unidad entre los trabajadores rusos y los ucranianos y los de todo el mundo.

El secretario de estado Marco Rubio dijo a la prensa el 27 de abril que la Casa Blanca estaba considerando abandonar sus intentos de negociar un acuerdo.

Los gobernantes capitalistas norteamericanos pretenden imponer la estabilidad en la región para promover sus intereses depredadores, sin tener en cuenta la valiente lucha del pueblo ucraniano para defender la soberanía. La meta de Trump es acercar a Moscú a Washington y establecer una oposición común contra Beijing, a quien los gobernantes estadounidenses consideran una mayor amenaza para su dominio en declive del orden imperialista mundial.

Putin continúa su guerra de desgaste, con la esperanza de aprovechar el deseo de Trump de un realineamiento en la región para lograr avances contra las más pequeñas fuerzas ucranianas. El 28 de abril, cínicamente, pidió un alto el fuego de tres días, del 8 al 10 de mayo, fechas que coincidían con las celebraciones en Rusia de la victoria de la Unión Soviética y sus aliados en la Segunda Guerra Mundial.

“¿Por qué esperar hasta el 8 de mayo?”, respondió Andrii Sybiha, ministro de asuntos exteriores de Ucrania. El gobierno ucraniano apoya un alto el fuego inmediato, afirmó, que sea “verdadero, no solo para un desfile”. La Casa Blanca dijo que quería “un alto el fuego permanente para primero detener la matanza”.

Ese mismo día, el gobierno ruso y el de Corea del Norte admitieron por primera vez que tropas norcoreanas están participando en los esfuerzos de Moscú para aplastar a Ucrania. En declaraciones coordinadas, Putin y el líder norcoreano Kim Jong-Un elogiaron la ayuda proveída a las fuerzas rusas para expulsar a las tropas ucranianas de la región fronteriza rusa de Kursk.

Unas 14 mil tropas norcoreanas sufrieron grandes bajas en la batalla de Kursk, producto de la estrategia de Moscú de sacrificar a cientos de soldados, logrando apenas pequeños avances.

Trump usa Crimea como ceñuelo

Para seducir a Putin a aceptar el fin de los combates, Trump planteó la posibilidad de que Washington reconociera la anexión de la península de Crimea por Moscú en 2014, alegando que Ucrania había perdido Crimea “hace años”. Instó al gobierno ucraniano a ceder la península a Moscú, alegando que de lo contrario Ucrania “lucharía otros tres años antes de perder todo el país”.

Esto fue rechazado inmediatamente por el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, quien dijo que la alteración de las fronteras de Ucrania contravenía la constitución del país, adoptada cuando declaró su independencia de Rusia en 1991.

En 2014 Putin empleó tropas rusas estacionadas en Crimea para capturar la península después de que trabajadores por toda Ucrania, incluida Crimea, se unieran al levantamiento popular del Maidán que derrocó al presidente ucraniano pro Moscú de Viktor Yanukovych.

Los tártaros de Crimea protestaron contra la toma de Crimea por el Kremlin. Moscú ha sometido a los tártaros del área a una brutal represión y ha intensificado la persecución política para reprimir la oposición a su dominio.

Los tártaros eran la mayoría en la península antes de la conquista de Crimea por la Rusia zarista en 1783. Sufrieron siglos de persecución bajo el yugo ruso. La excepción fue durante los años inmediatamente después de la Revolución Rusa de 1917, cuando V.I. Lenin y los bolcheviques lideraron a los trabajadores hacia la conquista del poder político. El nuevo gobierno revolucionario abogó por la autodeterminación de todas las nacionalidades oprimidas por el zarismo, incluyendo a los ucranianos y los tártaros de Crimea.

Una década después, los avances bajo Lenin fueron revertidos con una sangrienta contrarrevolución encabezada por José Stalin, que reimpuso el dominio de Moscú sobre Crimea, Ucrania y otras partes de la Unión Soviética. Durante la Segunda Guerra Mundial, Stalin deportó a toda la población tártara de Crimea al interior de Rusia, calumniándolos como agentes nazis. Los tártaros solo pudieron regresar décadas después.

“Crimea es la patria del pueblo tártaro de Crimea y parte integral de Ucrania”, escribió el 22 de abril Refat Chubarov, presidente del Mejlis, el consejo de los tártaros de Crimea. “Nadie, bajo ninguna circunstancia, puede decidir el destino de Crimea excepto el estado ucraniano y el pueblo tártaro de Crimea”.

A la vanguardia de la defensa de la soberanía de Ucrania están el pueblo trabajador y el pueblo oprimido tártaro de Crimea, que se han movilizado en grandes números para resistir la invasión de Moscú durante los últimos tres años y siguen haciéndolo.