La liberación de los 20 restantes rehenes vivos por Hamás —hambrientos, torturados y maltratados durante 738 días después de que el grupo antisemita los secuestrara durante el pogromo del 7 de octubre de 2023— fue celebrada en todo Israel y más allá. Pero eso no significa que haya paz.
Hamás afirma que no se desarmará —una demanda clave de Israel— y ya está utilizando el alto el fuego para reagruparse, restablecer su control, atacar a sus oponentes políticos en las calles de Gaza y preparar nuevos ataques contra los judíos. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, advirtió a Hamás que tendrá que entregar las armas “por las buenas o por las malas”.
Washington intensificó la presión sobre Israel y Hamás para que aceptaran el frágil cese de los combates. Los gobernantes estadounidenses consideran que la continuación de la guerra defensiva de Israel para destruir a Hamás es un obstáculo para el avance de sus propios intereses en el Medio Oriente y en el mundo. Esto incluye asegurar la explotación estadounidense del gas, el petróleo y otros recursos de la región y forjar una alianza de regímenes capitalistas con el fin de hacer retroceder a Beijing, el principal competidor global de Washington.
“Esto no es solo el fin de una guerra”, dijo el presidente Donald Trump en su discurso ante la Kneset israelí el 13 de octubre. “Es el amanecer histórico de un nuevo Medio Oriente”. Pero las palabras de Trump ocultan la realidad de que nada se ha resuelto en Gaza. Mientras Hamás exista, amenazará la existencia de Israel y tratará de cometer más pogromos.
La liberación de los rehenes vivos y de los cuerpos de al menos otros siete se produce dos años después de que Hamás —entrenado, financiado y armado por el régimen reaccionario de Teherán— iniciara la guerra masacrando a 1,200 personas, tomando 251 rehenes y violando y mutilando a decenas de mujeres. Fue el peor pogromo antijudío desde el Holocausto.

Antes de la liberación de los rehenes, las Fuerzas de Defensa de Israel, que estaban acercándose a los últimos bastiones de Hamás, detuvieron su ofensiva y retiraron sus tropas a una nueva línea defensiva donde todavía controlan el 53% de la franja.
Israel, por su parte, liberó a unos 250 miembros de Hamás y sus aliados condenados por asesinatos y otros actos terroristas en Israel, más de 150 de los cuales fueron deportados a Egipto. También liberó a unos 1,700 gazatíes detenidos desde el inicio de la guerra.
No se ha acordado nada para la segunda fase del plan de Trump, que incluye las cuestiones decisivas sobre las que se libró la guerra. Según el plan de la Casa Blanca, los túneles y las instalaciones de producción de armas de Hamás serán destruidos y sus armas desmanteladas, pero el plan de 20 puntos no especifica cómo, quién ni cuándo se hará esto.
Trump da luz verde a Hamás
Al final del viaje a Israel un periodista le preguntó al presidente estadounidense sobre la reaparición de matones de Hamás manteniendo el “orden” en las calles de Gaza. “Quieren acabar con los problemas, lo han dicho abiertamente y les dimos nustra aprobación durante un tiempo”, dijo Trump.
Hamás ha intensificado sus ataques asesinos contra los habitantes de Gaza que se oponen a su régimen dictatorial, matando al menos a 32 personas en enfrentamientos con clanes opuestos a su régimen.
Hamás “eliminó a un par de pandillas que eran muy peligrosas”, dijo Trump en la Casa Blanca el 14 de octubre. “No es diferente a lo que hicieron otros países como Venezuela, [que] nos enviaron sus pandillas”.
De hecho, la mayor pandilla en Gaza es Hamás, de corte nazi. Está siendo desafiada por fuerzas rivales, incluidas algunas vinculadas a la Autoridad Palestina.
Hamás tiene la mirada puesta en fuerzas más poderosas: los miles de trabajadores de Gaza. A principios de este año, estallaron actos con manifestantes coreando “¡Fuera Hamás! ¡Fuera!”.
En una declaración tras el anuncio del alto el fuego, Hamás juró “permanecer fiel al pacto”. Este es su documento fundacional de 1988 que dice que la meta de Hamás es exterminar a los judíos y destruir a Israel.
Los gobernantes estadounidenses no buscan defender los derechos nacionales judíos o palestinos, sino promover su propia dominación del Medio Oriente, lo cual es clave para tratar de apuntalar su poder en declive en todo el mundo.
Trump viajó a Egipto desde Tel Aviv para asistir a la cumbre “Paz en el Medio Oriente”, que copresidió con el presidente egipcio, Abdel Fattah El-Sisi. A la cumbre, sin poder de tomar decisiones, asistieron jefes de estado o altos funcionarios de 20 países, entre ellos Jordania, Kuwait, Qatar, Baréin, Turquía, Indonesia, Francia, Alemania, Reino Unido, Italia y España, todos compitiendo por un pedazo del pastel. Teherán rechazó la invitación para asistir. Netanyahu dijo que tenía cosas que atender.
Trump se aseguró de ser fotografiado sonriendo junto al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás. Un mensaje nada sutil de que los gobernantes estadounidenses mantendrán la presión para que Israel ponga fin a su oposición a que la Autoridad Palestina desempeñe un papel clave en el gobierno de Gaza.
Trump, el primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, el jefe de estado de Qatar, Tamim bin Hamad Al-Thani, y el presidente egipcio, El-Sisi, firmaron la “Declaración de Trump de Paz Duradera y Prosperidad”.
Más información sobre el abuso de rehenes a manos de Hamás está saliendo a luz. Algunos perdieron hasta el 40% de su peso corporal durante su cautiverio por ser privados de comida por Hamás. El pueblo trabajador en Israel y Gaza está buscando maneras de poner fin al dominio de Hamás, lo que eliminaría el mayor obstáculo que enfrenta para promover sus intereses de clase y aspiraciones nacionales.
“La gente tiene miedo. No saben si Hamás cederá el poder o no”, dijo Izz al-Din Shihab, del sur de Gaza, a The Times of Israel tras el inicio del alto el fuego. “Hemos protestado contra ellos más de una vez.
“Sí, la gente está algo contenta con el alto el fuego”, dijo. “¿Pero después de eso? ¿Qué vendrá después?”
