Mientras un grupo naval encabezado por el USS Gerald R. Ford, el buque de guerra más grande y moderno del mundo ingresaba al Mar Caribe, Pete Hegseth, el secretario de guerra estadounidense, intensificó aún más las tensiones en la región anunciando la Operación Lanza del Sur el 13 de noviembre. Altos mandos militares estadounidenses supuestamente le presentaron al presidente Donald Trump opciones para realizar ataques militares dentro de Venezuela, aumentando las amenazas a la soberanía de ese país.
Las fuerzas militares estadounidenses han continuado los ataques contra pequeñas embarcaciones supuestamente involucradas en el tráfico de drogas. Para el 15 de noviembre habían atacado 21 embarcaciones, elevando a 83 el número de muertos. Según Washington la enorme flota está dirigida contra “organizaciones narcoterroristas” vinculadas al presidente Nicolás Maduro y otros funcionarios del gobierno venezolano. Pero ninguna prueba de estas afirmaciones ha sido presentada.
Para recalcar la intención de Washington de afirmar su dominio en la región, Hegseth dijo: “El hemisferio occidental es el vecindario de Estados Unidos, y lo protegeremos”. Mauricio Claver-Carone, asesor de Trump, añadió: “No se puede ser la principal potencia mundial si no se es la principal potencia regional”.
El gobierno en Caracas niega las acusaciones de narcotráfico y ha movilizado a decenas de miles de soldados y milicias voluntarias para defender su soberanía ante una posible intervención militar estadounidense.
La llegada del grupo de combate del USS Ford eleva aproximadamente a 15 mil el número de tropas estadounidenses desplegadas en el área. Esto incluye a los marines y tropas en Puerto Rico y a bordo de otros ocho buques de guerra en el Caribe.
El Comando Sur norteamericano dice que la nueva Fuerza de Tarea Conjunta “aprenderá lecciones para otros teatros de operaciones”. En otras palabras, se están preparando para futuras guerras.
Esta demostración de fuerza es parte de una estrategia más amplia de Washington para confrontar a las potencias rivales que buscan expandir su influencia en América.
El gobierno estadounidense está empeñado en proyectar una mayor presencia militar en el Canal de Panamá, y el Pentágono está renovando la base naval de Roosevelt Roads en Puerto Rico. Washington tuvo que abandonar esta base ante la presión de masivas movilizaciones de trabajadores en Puerto Rico contra el uso de la isla de Vieques como polígono para bombardeos.
El Pentágono también está instalando sistemas de radar y comunicación, y ampliando espacio para aviones y estaciones de reabastecimiento de combustible en aeropuertos civiles de Puerto Rico y las Islas Vírgenes estadounidenses. Las fuerzas militares estadounidenses mantienen instalaciones adicionales en Aruba, Curazao y Colombia.
Durante décadas, Washington ha mantenido un puesto estratégico en la Base Aérea Soto Cano en Honduras. Esta base fue usada en los años 80 en las intervenciones estadounidenses en Nicaragua y El Salvador.
Objetivo más amplio: Beijing
En sus esfuerzos por frenar la creciente influencia económica y militar de Beijing en América Latina, Washington ha logrado dos importantes avances en Argentina. En julio de 2023, presionó a Buenos Aires para que le comprara a Dinamarca 24 aviones de combate F-16 usados, en lugar de aceptar la oferta de Beijing de aviones JF-17 nuevos. Más recientemente, la administración Trump otorgó 20 mil millones de dólares en un plan de rescate financiero para apuntalar el gobierno de Javier Milei.
El préstamo venía con condiciones. “Ustedes pueden comerciar”, dijo el presidente Trump a Milei durante su visita a la Casa Blanca el 14 de octubre, “pero definitivamente no deberían involucrarse en ningún asunto militar con China”.
El gobierno estadounidense ha expresado su oposición a los proyectos de infraestructura entre Beijing y Buenos Aires, incluyendo la base de investigación espacial Espacio Lejano, ubicada en la Patagonia. Washington alega que la estación es parte de la estrategia de Beijing para aumentar su capacidad de vigilancia global dirigida a Estados Unidos.
Washington quiere a Beijing fuera de Argentina. Pero China es el segundo socio comercial más importante de Argentina después de Brasil. Alrededor del 80% de las exportaciones argentinas de carne y soja se destinan a China. Proyectos conjuntos de infraestructura en Argentina incluyen la construcción de dos represas hidroeléctricas y un contrato para la construcción de una central nuclear. Empresas y bancos chinos son importantes prestamistas e inversores en los sectores de telecomunicación, ferrocarriles y minería de Argentina.
Beijing se ha convertido en el principal socio comercial de Sudamérica.
