‘Gazatíes quieren vivir. No morir por Hamás’

Por Seth Galinsky
1 de diciembre de 2025

Mientras Hamás está aprovechando el alto el fuego impuesto por Washington para apuntalar su brutal dictadura en Gaza, la Casa Blanca está manteniendo la presión sobre Israel, exigiéndole que se abstenga de realizar ataques contra el grupo respaldado por Teherán, cuya carta de fundación llama a la eliminación de los judíos.

La clase gobernante de Estados Unidos quiere “estabilizar” Gaza para profundizar sus lazos con los gobiernos del Medio Oriente para aumentar su influencia política y su posición para obtener enormes ganancias del gas, el petróleo y otros recursos de la región. Esto es clave para reducir la influencia de Beijing, su principal competidor a nivel mundial.

Como parte de los primeros pasos del alto el fuego, las tropas israelíes se replegaron hasta la “línea amarilla” en Gaza. Hay unos 200 efectivos de Hamás atrapados en túneles en la zona de Rafah, controlada por Israel, en el sur de Gaza. Inicialmente, Washington presionó a Israel para que les permitiera regresar con sus armas ligeras a la zona de Gaza controlada por Hamás. Israel se negó.

Luego, Washington instó a Israel a que permitiera que los matones de Hamás se fueran sin sus armas. Otra opción sería entregar sus armas a cambio de un salvoconducto a otro país. Pero Hamás dice que “el concepto de rendición” no existe en su “diccionario”. Y hasta el momento, ningún otro gobierno está dispuesto a aceptarlos.

El yerno del presidente Donald Trump, Jared Kushner, un negociador clave de Washington, viajó a Israel para reunirse con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, para presionar para encontrar una solución. Israel ha acordado demorar por el momento un ataque contra los efectivos de Hamás atrapados en Rafah.

Para supervisar su plan de “paz”, Washington estableció el Centro de Coordinación Cívico-Militar en Kiryat Gat, cerca de la frontera con Gaza. Personal militar y de inteligencia israelí ocupa un piso entero, mientras que funcionarios de Washington ocupan otro. Unos 40 “interlocutores” de Washington, entre ellos representantes de los gobiernos imperialistas de Francia, Alemania, Reino Unido y otros países, así como de organizaciones no gubernamentales, se encuentran en una planta aparte.

El gobierno norteamericano ha sustituido a Israel en la supervisión de los envíos de ayuda humanitaria que entran a Gaza, aunque estos aún requieren aprobación israelí.

El gobierno de Trump está buscando gobiernos que acepten enviar tropas para una “Fuerza Internacional de Estabilización” que mantenga el orden en Gaza.

El único gobierno que ha acordado hacerlo es el de Turquía, el cual es hostil a Israel y tiene vínculos históricos con Hamás. Israel ha dicho que nunca aceptará la oferta.

Partición de facto de Gaza

El área en la que opera Israel constituye el 53% de Gaza. Cientos de residentes de Gaza se han refugiado en esa área. Hamás controla el resto y despliega grupos armados donde unos dos millones de personas viven bajo su régimen tiránico.

Con la suspensión de los ataques israelíes, Hamás está reconstruyendo sus túneles, incrementando su arsenal y planeando futuros pogromos contra Israel y los judíos.

Su meta inmediata es restablecer su dictadura. Ha llevado a cabo ataques contra sus oponentes, empleando tortura, palizas y asesinatos. Esto evidencia la debilidad del grupo, no su fortaleza.

Al Jazeera publicó recientemente una encuesta que afirma que la mayoría de los palestinos apoyan a Hamás y que el 53% de los palestinos en Gaza y la Ribera Occidental apoyan el pogromo antijudío de Hamás del 7 de octubre de 2023, que dejó 1,200 muertos en Israel. Pero Al Jazeera es financiada por los gobernantes de Qatar y su apoyo a Hamás es bien conocido. Se negó a cubrir las protestas de miles de personas en Gaza durante la guerra, que exigían “¡Fuera Hamás!”.

Escuchen la voz del pueblo de Gaza

“Esto no es investigación. Es propaganda disfrazada como datos”, escribió Ezzideen Shehab el 7 de noviembre. “Pregúntenle a cualquiera en Gaza y les dirá la verdad: el 7 de octubre fue una catástrofe. La gente quiere que  las armas desaparezcan”.

Shehab es un médico en el norte de Gaza que ha estado atendiendo por dos años a los heridos en la guerra. No apoya al gobierno israelí ni su guerra contra Hamás, ni a Hamás ni a su rival, Fatah. Se niega a guardar silencio.

“Dejen que cualquier organismo independiente venga a Gaza, camine entre las tiendas de campaña, hable con los desplazados, y oirán esta voz, una voz sin partido, sin bandera y sin maquinaria propagandística. Es la voz de los habitantes de Gaza comunes que aman la vida y quieren vivir, no morir por una causa ajena”, escribió.

Dado que la esperanza de Washington de que una fuerza internacional tome el control de Gaza sigue siendo poco más que un deseo, algunos funcionarios israelíes y opositores palestinos de Hamás han planteado una alternativa: limpiar los daños de la guerra en la sección de Gaza controlada por Israel, reconstruirla y permitir que los palestinos sin vínculos con Hamás se reasenten allí.

Esta idea fue planteada por primera vez en julio por Israel Katz, ministro de defensa israelí. Moumen Al-Natour, abogado en el norte de Gaza y opositor de Hamás, propuso una idea similar, instando a Israel a establecer “zonas seguras” en las áreas que controla.

Pero mientras Hamás permanezca intacto, armado y en control de cualquier porción de Gaza —y cuente con el respaldo del régimen iraní y otras fuerzas capitalistas reaccionarias de la región— seguirá preparándose para llevar a cabo su objetivo principal: destruir a Israel y asesinar o expulsar a todos los judíos de allí.