GREENBELT, Maryland — El 22 de diciembre, el Departamento de Justicia intentó una vez más encarcelar a Kilmar Ábrego García. No lo lograron. Sin embargo, el juicio vengativo contra el aprendiz de construcción de 30 años de edad sigue a pesar de los fallos que establecen que su arresto el 12 de marzo por ICE violó una orden judicial y que su posterior deportación a El Salvador fue ilegal.
Diez días antes, Paula Xinis, jueza federal de distrito de Maryland, había ordenado al gobierno poner a Ábrego en libertad. Xinis emitió una orden de restricción que prohíbe que ICE trate de encarcelarlo salvo que ella cambie su decisión.
Cuando Ábrego García llegó el 22 de diciembre al tribunal de la mano de Jennifer Suárez Sura, su esposa, las 50 personas que estábamos esperando en fila para entrar a la audiencia y apoyarlo los aplaudimos. Afuera de la audiencia, más de 100 partidarios se manifestaron en su defensa. Muchos portaban carteles que decían “Apoya a Kilmar Ábrego García SMART”, distribuidos por su sindicato. Ábrego pertenece al Local 100 de SMART.
Él entró a la sala llena acompañado de su hermano César y su madre Cecilia, y miembros de CASA, la organización pro derechos de los inmigrantes que lo está defendiendo. Simon Sandoval-Moshenberg, su abogado, acompañó a sus dos hijos.
Durante la audiencia, la jueza Xinis cuestionó repetidamente a Ernesto Molina, el abogado del Departamento de Justicia, quien no pudo decirle al tribunal cuáles eran los planes del gobierno si arrestaban nuevamente a Ábrego.
“Una vez más, estoy consignando que estas declaraciones, que son tergiversaciones, son de mala fe”, dijo Xinis a Molina, añadiendo que ahora iba a decidir si la orden de restricción sería permanente.
“Esta decisión significa que Kilmar puede dormir en su propia cama, sin temor a ser separado de su familia y comunidad en medio de la noche”, dijo Lydia Walther-Rodríguez, dirigente de CASA. “Nadie debería tener que soportar el peso y la angustia de una separación familiar, en cualquier momento, solo por exigir sus derechos constitucionales”.
Lucha por derechos de inmigrantes
La lucha de Ábrego García es un hito en la batalla más amplia por los derechos de los trabajadores indocumentados y la unidad de la clase trabajadora. El gobierno de Trump lo detuvo y lo deportó a la infame mega cárcel CECOT en El Salvador, donde fue golpeado y torturado. Su deportación fue en violación de una orden judicial explícita de 2019 que prohibía al gobierno hacerlo, porque él y su familia enfrentaban allí amenazas de pandillas violentas.
Ante la creciente presión pública y una orden directa de la Corte Suprema, el gobierno lo trajo de vuelta a Estados Unidos, pero solo después de haber presentado cargos penales por tráfico de personas en Tennessee. Ábrego García ha negado rotundamente estos cargos, y argumenta que la fiscalía lo está persiguiendo vengativamente. El juez Waverly Crenshaw Jr., a cargo de este caso, dijo estar de acuerdo con esta opinión. El juez había fijado una fecha para el juicio, pero ahora ha cancelado el caso. En su lugar, presidirá una audiencia el 28 de enero para determinar si el gobierno tiene pruebas sólidas que demuestren que no lo está procesando vengativamente.
Ábrego García debe usar dos dispositivos electrónicos de rastreo, uno en cada pierna. Uno relacionado al caso en Tennessee, y el otro fue colocado por ICE.
Aun así, demostró coraje cantando el “Himno de Victoria”, una canción bíblica de triunfo, en un video de TikTok visto por millones de personas.
