¡EEUU manos fuera de Venezuela y Cuba!

Washington defiende su dominio imperialista

Por Róger Calero
26 de enero de 2026
Agentes federales llevan esposado a Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, a tribunal en Nueva York, 5 de enero. Tropas estadounidenses invadieron Venezuela dos días antes.
Reuters/Eduardo MunozAgentes federales llevan esposado a Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, a tribunal en Nueva York, 5 de enero. Tropas estadounidenses invadieron Venezuela dos días antes.

El ataque contra Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro, su presidente, el 3 de enero, fue la salva inicial en la escalada de esfuerzos de la clase gobernante estadounidense para reafirmar su dominio y confrontar a sus adversarios de forma mucho más directa. 

Con arrogancia imperial, la Casa Blanca anunció que “va a manejar” Venezuela, sus operaciones y ventas de petróleo. 

“Me complace anunciar que las autoridades provisionales de Venezuela entregarán entre 30 y 50 millones de barriles” de petróleo “sancionado” al gobierno de Estados Unidos, dijo Trump el 6 de enero. El dinero de la venta del petróleo “serán controlados por mí”.

Es una cantidad equivalente a uno o dos meses de la producción de Venezuela. Los ingresos para el gobierno de Estados Unidos podría ser de hasta de 2.8 mil millones de dólares. 

Mientras tanto, las fuerzas estadounidenses continúan incautando unilateralmente buques que transportan “petróleo sancionado” de Venezuela, incluyendo algunos vinculados a una “flota fantasma” manejada por Teherán y Moscú.

Tras la destitución de Maduro, la administración de Trump dijo que cancelaría “una segunda ola de ataques, que parece que no serán necesarios”. Trump dijo que Washington y Caracas, regida ahora por la ex vice presidenta Delcy Rodríguez, “están trabajando bien juntos”.

Rodríguez fue investida presidenta el 5 de enero, el mismo día que Maduro y Cilia Flores, su esposa, fueron imputados en un tribunal de Nueva York de múltiples cargos relacionados al tráfico de cocaína.

Con una armada frente a las costas de Venezuela y miles de tropas, aviones y barcos de guerra en la región, el gobierno de Estados Unidos está apostando a poder trabajar con los restantes dirigentes venezolanos para mantener la estabilidad y manejar una transición.

Robo imperialista

Mientras tanto, el 9 de enero Trump celebró una reunión con ejecutivos de Chevron, ExxonMobil, ConocoPhillips y otras grandes empresas petroleras para presentar un plan de inversiones de 100 mil millones de dólares en esa industria venezolana. Fue una muestra gráfica de cómo el gran capital saquea los países subdesarrollados. 

Trump instó a los ejecutivos petroleros a invertir, prometiendo que “recuperarían su dinero lo más pronto posible” y luego se lo “dividirían todo”.

Aunque abiertos a la oferta, los patrones petroleros exigieron que Washington hiciera más para hacer “invertible” a Venezuela. “La compañía y los inversionistas tienen que salir ganando” dijo Darren Woods, director ejecutivo de ExxonMobil. “Nos han expropiado los bienes dos veces ahí, así que se pueden imaginar que reentrar por tercera vez requeriría algunos cambios bastante significativos” en las leyes de Venezuela. 

Se refería a la primera nacionalización del petróleo de Venezuela en 1976, a través de la cual el país hizo valer su derecho soberano sobre sus recursos naturales. Y a una segunda, 25 años después, cuando el gobierno venezolano trató de obtener mayor control de la industria, que aún seguía mayormente dominada por corporaciones norteamericanas. A principios del 2000, el gobierno de Hugo Chávez cambió los términos con que las compañías extranjeras operaban, y reorientó una mayor proporción de la renta petrolera a programas sociales. Las medidas fueron populares entre el pueblo venezolano, que sentía el orgullo de beneficiarse del patrimonio del país. 

Desde entonces, todas las administraciones norteamericanas han impuesto sanciones contra el petróleo y el gas de Venezuela, agravando el declive de la industria y empeorando las condiciones económicas para el pueblo.

EEUU impone su dominio

El control de la producción del crudo pesado y amargo de Venezuela tiene también importancia estratégica para los crecientes esfuerzos de los gobernantes capitalistas norteamericanos de “reindustrializar” su economía. El aumento de la capacidad productiva y el control de recursos estratégicos son preparativos necesarios para futuras guerras. 

Washington está ahora presionando a Caracas para que rompa vínculos con Moscú, Beijing y Teherán. Trump dijo el 9 de enero que si Beijing o Moscú quieren petróleo venezolano, pueden comprarlo de los Estados Unidos. 

Al no poder vender Venezuela su petróleo a la mayoría de países debido a las sanciones, Beijing se había convertido en el principal comprador e inversionista en Venezuela. Invirtió miles de millones de dólares en Venezuela, y Caracas acumuló una deuda que llegó a los 44 mil millones de dólares en 2017. Moscú también ha hecho grandes inversiones. 

“Si no lo hubiéramos hecho, China y Rusia hubieran estado ahí”, dijo Trump. “Cuando sumas a Venezuela y Estados Unidos juntos, tenemos el 55% del petróleo del mundo”, agregó. Para suplir a las refinerías en la Costa del Golfo en Estados Unidos, las compañías norteamericanas estaban importando crudo de Canadá. El asegurarse ahora el petróleo venezolano le dará ventaja a Washington en negociaciones comerciales y otros acuerdos con capitalistas canadienses. Washington ha usado la imposición de aranceles y otras amenazas —como la de atacar a los carteles de la droga en México— para presionar a los gobiernos de Canadá y México en anticipación de una revisión, en julio de 2026, del Acuerdo EEUU-México-Canadá.

Bloqueo a Cuba

Los barcos petroleros con destino a Cuba son un blanco especial del bloqueo naval estadounidense. Washington espera someter al pueblo cubano y su gobierno cortando el suministro de petróleo y su comercio.

“No habrá más dinero o petróleo yendo a Cuba. ¡Cero!”, dijo Trump. “Les sugiero encarecidamente que acepten un acuerdo antes de que sea demasiado tarde”.

Los gobernantes norteamericanos están determinados a borrar el ejemplo sentado por el pueblo cubano y su revolución socialista, que llevó a los trabajadores al poder, derrocó la explotación capitalista y demostró a los trabajadores en todas partes que existe una alternativa al fascismo y la guerra mundial.

“No tienen moral para señalar a Cuba en nada quienes convierten todo en negocio, incluso las vidas humanas”, dijo el presidente cubano Miguel Díaz-Canel en respuesta. “Quienes culpan a la revolución de las severas carencias económicas que padecemos, deberían callar por vergüenza. Porque saben que son fruto de las draconianas medidas de asfixia extrema que EEUU nos aplica hace seis décadas y amenaza con superar ahora. 

“Cuba es una nación libre, independiente y soberana. Nadie nos dicta qué hacer. Cuba no agrede. Ha sido agredida por EEUU por 66 años,” dijo el presidente cubano. “No amenaza. Se prepara, dispuesta a defender a la patria hasta la última gota de sangre”.