Washington redobla guerra económica contra Irán

Por Seth Galinsky
31 de agosto de 2026
Maestros y jubilados en cinco ciudades brindaron solidaridad a familia de líder de sindicato de maestros Masoud Farhikhteh, preso en confinamiento solitario en Karaj, Irán.
Maestros y jubilados en cinco ciudades brindaron solidaridad a familia de líder de sindicato de maestros Masoud Farhikhteh, preso en confinamiento solitario en Karaj, Irán.

La administración del presidente Donald Trump se ha distanciado —por ahora— de hacer amenazas de nuevos y mayores ataques aéreos contra Irán, a la vez que intensifica su asfixiante guerra económica, incluyendo un bloqueo naval de los puertos iraníes. Los trabajadores y las nacionalidades oprimidas de Irán son quienes sufren las mayores consecuencias de los intentos de Washington de estrangular la economía iraní.

Para el 10 de agosto, el Comando Central de Estados Unidos había obligado a 55 buques a cambiar rumbo e incapacitó a otros dos. Un helicóptero militar estadounidense disparó, impactando el timón de un buque con bandera panameña el 11 de agosto, después de que este ignorara las órdenes de detenerse.

El régimen capitalista reaccionario de Irán insiste en tener control del tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz. Exige que Washington levante todas las sanciones económicas y libere los fondos iraníes congelados.

Los ataques de Teherán con drones y misiles contra buques en esa zona han provocado una drástica caída del tráfico marítimo. Lo mismo ocurre con los ataques de los hutíes en Yemen, quienes cuentan con el respaldo de Teherán, contra una ruta alternativa a través del Mar Rojo. Si bien las amenazas del régimen le otorgan una influencia momentánea, a largo plazo esto podría fortalecer a sus rivales regionales.

Conscientes de que la “libertad de los mares” ya no está garantizada, incluso si se alcanza un acuerdo entre Washington y Teherán, los regímenes de los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita e Iraq están acelerando la construcción de oleoductos que les permitirían evitar el estrecho de Ormuz.

Hay dos guerras radicalmente distintas en juego contra los gobernantes de Irán: una guerra imperialista de los gobernantes norteamericanos para imponer una “Pax Americana”, saquear el petróleo, el gas y la mano de obra de la región y asestar golpes a sus competidores. Y una guerra defensiva de Israel para impedir que el régimen antisemita en Teherán desarrolle armas nucleares y los misiles necesarios para lanzarlas, con el fin de extender su poder regional y destruir a Israel.

Teherán ha sufrido duros golpes en su capacidad militar y en sus fábricas de acero, cemento y otros productos. Junto con el bloqueo marítimo y las nuevas sanciones financieras de Washington, esto ha acelerado la inflación y agravado la escasez de muchos bienes. Los conductores tienen que esperar todo un día bajo un calor intenso para comprar apenas dos galones de gasolina.

Trabajadores endeudados

“La vida endeudada de la clase trabajadora: ¡Los trabajadores han recurrido a las compras a crédito para sus comidas!”, era el titular el 10 de agosto de la Agencia Iraní de Noticias Laborales, que recibe financiamiento del gobierno. El artículo señala que para muchos trabajadores el salario mensual solo cubre los gastos de una semana. Además, con frecuencia los salarios suelen pagarse con meses de retraso.

“El costo de vida ha aumentado más del 100% en un solo año, solo en lo que respecta a los alimentos”, dice el artículo, mientras que “los salarios de los trabajadores con salario mínimo solo han aumentado a lo máximo un 60%”, y para otros, incluso menos.

La combinación de salarios bajos, desempleo masivo, salarios impagados y precios en alza ha obligado a muchos trabajadores a solicitar préstamos solo para poder alimentarse, con intereses y otros gastos que erosionan aún más sus ingresos.

A los gobernantes capitalistas de Irán, a la Guardia Revolucionaria Islámica, su principal instrumento de represión, ni a la fuerza paramilitar Basij, bajo su control, no les importa las precarias condiciones laborales que enfrentan los trabajadores. La Guardia también se beneficia de la propiedad de industrias clave, desde las telecomunicaciones hasta la construcción.

Ejecución de manifestantes

Pero el régimen teme la creciente oposición a su gobierno. Por eso continúa arrestando a dirigentes de sindicatos de maestros y trabajadores petroleros, entre otros, y ha condenado a duras penas de prisión o a la muerte a decenas de participantes de la ola de protestas contra el régimen que sacudió Irán a principios de este año.

La campaña “Martes de No a la Ejecución”, liderada por presos políticos, organiza una huelga de hambre semanal contra la pena de muerte que se ha extendido a 59 prisiones. En un comunicado del 4 de agosto, señaló que el régimen “no teme a la guerra” y considera la amenaza de una intervención extranjera casi como una “bendición”.

“A pesar de sus muchas diferencias, el mayor temor de todas las facciones gobernantes es el surgimiento de un levantamiento interno”, afirmaba la declaración.

Por eso, el régimen ha ejecutado a más de dos decenas de personas simplemente por participar en las protestas masivas contra el régimen en enero, y decenas más se encuentran en el pabellón de la muerte. Ahora, además, está presentando cargos penales contra periodistas, artistas y activistas de derechos humanos y civiles por oponerse públicamente a las ejecuciones.