Ejecución fallida en cárcel de Tennessee tortura a mujer

Por Janet Post
26 de octubre de 2026
Ambulancia afuera del centro de pena de muerte en Tennessee fue forzada a esperar media hora antes de llevar a Christa Pike al hospital tras fallido intento de ejecución el 30 de sept.
AP Photo/George Walker IVAmbulancia afuera del centro de pena de muerte en Tennessee fue forzada a esperar media hora antes de llevar a Christa Pike al hospital tras fallido intento de ejecución el 30 de sept.

Christa Gail Pike, una presa condenada a muerte en Tennessee, se encuentra en estado crítico en el Centro Médico de la Universidad de Vanderbilt tras un fallido, cruel y aberrante intento de las autoridades estatales de ejecutarla el 30 de septiembre en el Centro de Máxima Seguridad Riverbend de Nashville. Pike era la primera mujer que el estado había intentado ejecutar en más de 200 años y la única mujer bajo condena de muerte.

“Este evento es el peor que hemos visto y no se parece a ninguna otra ejecución fallida de la era moderna”, dijo Robin Maher, directora ejecutiva del Centro de Información sobre la Pena de Muerte. “No existe precedente alguno”.

El crimen por el que Pike fue condenada, cometido cuando ella tenía 18 años, era horrendo. Ella y su novio torturaron y asesinaron a sangre fría a Colleen Slemmer, porque Pike sospechaba que intentaba robarle el novio.

Pike había vivido una infancia brutal incluyendo dos violaciones, a los 11 y a los 17 años.

Es la primera persona que ha sobrevivido la inyección de drogas letales. Otras siete han eludido los intentos del estado de ejecutarlos cuando los verdugos no pudieron encontrarles una vena adecuada.

Sesenta opositores a la pena de muerte se manifestaron frente a la prisión, entre ellos Amanda Buck, una exprisionera que se había hecho amiga de Pike. Buck había pedido permanecer más tiempo en confinamiento solitario para estar cerca de ella.

Se le dijo a Pike que sería ejecutada a las 10 AM, pero una hora antes, un panel dividido de tres jueces del Tribunal de Apelaciones del Sexto Circuito ordenó la suspensión de la ejecución para revisar si su traumática infancia había sido tomada en cuenta durante el juicio. El estado apeló a la Corte Suprema, la cual votó 6 a 3 a favor de revocar la suspensión.

En un procedimiento que debía durar 10 minutos, el “equipo de operaciones especiales” intentó repetidamente durante una hora colocar una vía intravenosa para administrar pentobarbital, el fármaco letal. En un momento dado, cerraron la cortina para que los presentes en la ejecución no pudieran ver lo que sucedía. Cuando volvieron a abrirla, Randy Spivey, uno de los abogados de Pike, contó siete agujas tan solo en su brazo izquierdo.

Venas pequeñas, hemopatía

Pike tiene venas pequeñas y un trastorno sanguíneo que, según informaron sus abogados a las autoridades estatales, podría provocar la formación de coágulos en el sitio de la inyección o hemorragias que afectaran los pulmones. Consciente del dolor y otros problemas graves que probablemente enfrentaría con la inyección letal, Pike había solicitado a un tribunal estatal que la ahorcaran. Esta petición fue rechazada.

Con el reverendo Mikey Noechel, su consejero espiritual, presente en la sala a las 7:30 PM, Pike dijo las que creía que serían sus últimas palabras. “Voy a dejar este mundo tal como pasé la mayor parte de mi vida: con amor. Estoy lista para ser libre. Este es un día feliz”.

Los testigos situados junto a la cámara de ejecución la oyeron intentar ayudar a los verdugos a encontrar una vena. “Repetía una y otra vez: ‘Por favor, intenten más arriba, en el hombro; por favor, intenten aquí’’’, dijo Spivey.

Cuatro minutos después, Pike estaba obviamente adolorida. “La vena en mi brazo se siente como si fuera a estallar”, dijo. Pike le preguntó a Noechel: “¿Es así como tiene que ser?”. Él respondió: “Relájate”. “Lo estoy intentando”, dijo Pike. Will Puckett, un reportero de televisión de Knoxville, dijo a los medios: “Vi cómo le rodaba una lágrima por el ojo derecho y luego dijo: ‘Hay un punto que está palpitando mucho’”.

A medida que avanzaba el tiempo, testigos escucharon a Pike ahogarse y, posteriormente, roncar. Las autoridades penitenciarias ordenaron entonces una segunda inyección. “Los abogados dijeron que el equipo de ejecución nunca se dio cuenta de que las vías intravenosas no estaban colocadas correctamente”, escribió el Washington Post el 2 de octubre.

Mark Walton Fowler, el médico de la prisión encargado de administrar las inyecciones, fue el mismo de la ejecución fallida de Tony Carruthers meses atrás.

Las autoridades penitenciarias no tenían personal médico o vehículos de emergencia disponibles durante la ejecución. Ya que a los testigos no se les permite llevar teléfonos celulares, el equipo legal de Pike, que se encontraba en el exterior, intentó contactar urgentemente a las autoridades para detener la ejecución, diciendo que ella estaba sufriendo “agonía innecesaria” y que el procedimiento violaba su derecho a ser ejecutada sin sufrir castigo cruel e inusual. Ni la oficina del gobernador ni el Tribunal Supremo Estatal respondieron. Finalmente, se informó a los abogados que la oficina del fiscal general del estado acababa de llamar a una ambulancia.

Cuando Pike llegó al hospital tenía ambos brazos hinchados, quemados y con ampollas. “En este momento desconocemos las consecuencias de la tortura química a la que fue sometida”, dijo Spivey.

En una entrevista en 2006 la periodista Helen Roberts relató que Pike le había dicho que “había perdido la cabeza” cuando mató a Slemmer y que lamentaba profundamente lo que había hecho.

Tras la ejecución fallida, el gobernador William Lee suspendió la ejecución de Gary Wayne Sutton, prevista para el 3 de diciembre. El 3 de octubre renunció Frank Strada, comisionado del Departamento Correccional de Tennessee.