Vida de escritor convergió con luchadores que intentaban construir un partido obrero revolucionario en Irán

Reza Baraheni: poeta, novelista, defensor de la libertad cultural y política

Por Steve Clark
9 de mayo de 2022
Reza Baraheni speaking at 1976 Committee for Artistic and Intellectual Freedom in Iran event at Southern Illinois University. CAIFI — launched in 1973 at initiative of Iranian students in U.S. and Socialist Workers Party leaders — helped win Baraheni’s freedom after 102 days of jail and torture by shah’s regime.
Chuck Fishman/Getty Images Reza Baraheni habla en evento del Comité para la Libertad Artística e Intelectual en Irán en 1976, en la Universidad del Sur de Illinois. CAIFI, lanzado en 1973 por iniciativa de estudiantes iraníes en EE.UU. y líderes del Partido Socialista de los Trabajadores, ayudó a obtener la libertad de Baraheni después de 102 días de prisión y tortura por parte del régimen del sha.

Reza Baraheni, un líder de renombre mundial en la lucha por la libertad política y artística en Irán, murió en Toronto el 24 de marzo a los 86 años. Fue uno de los poetas, novelistas y críticos literarios más destacados de Irán de los últimos 50 años.

Entre los más de 50 libros de Baraheni están <i>Persia sin máscara: El Irán actual y la represión</i> (Los caníbales coronados: Escritos sobre la represión en Irán), y <i>God’s Shadow: Prison Poems</i> (La sombra de dios, poemas de prisión), a la derecha.
 Entre los más de 50 libros de Baraheni están Persia sin máscara: El Irán actual y la represión (Los caníbales coronados: Escritos sobre la represión en Irán), y God’s Shadow: Prison Poems (La sombra de dios, poemas de prisión), a la derecha.

Entre los más de 60 libros que escribió Baraheni, tanto en farsi (la lengua oficial de Irán) como en inglés, se encuentran Persia sin máscara: El Irán actual y la represión (Los caníbales coronados: escritos sobre la represión en Irán), su colección de ensayos y poemas más conocida; God’s Shadow: Prison Poems (La sombra de Dios: Poemas de prisión); y la novela The Mysteries of My Land (Los misterios de mi tierra). Sus traducciones al farsi de obras de otros incluyen Ricardo III de Shakespeare y escritos del novelista checo Milan Kundera, del poeta ruso Osip Mandelstam y de los dirigentes obreros revolucionarios Carlos Marx y León Trotsky.

Mucho se ha escrito y se escribirá sobre estos logros literarios, así como sobre su defensa de la libre expresión. Este artículo se centra en los años cruciales de las décadas de 1970 y 1980, cuando su actividad convergió con la de jóvenes y trabajadores iraníes que se organizaban no solo para derrocar el Trono de Pavo Real del sha Mohammad Reza Pahlavi, sino para impulsar el trabajo para forjar un partido obrero revolucionario en Irán. Iniciados en el exilio, en gran parte en Estados Unidos, los esfuerzos para forjar ese tipo de partido se extendieron hasta los años que abrió  en 1979 la Revolución Iraní.

A pesar de la distorsión por parte del régimen del sha y su policía secreta (la Savak) de los puntos de vista y actividades políticas de Baraheni, que intentaba justificar una persecución implacable, él mismo nunca fue miembro de ninguna organización comunista ni defensor de su programa.

Sin embargo, cultivó lazos públicos de integridad y lealtad con los revolucionarios proletarios, quienes se encontraban entre los más capaces y desinteresados dirigentes y organizadores de la defensa de la libertad de expresión y de asociación en Irán, Norteamérica y otros lugares, metas a las que Baraheni dedicó toda su vida.

Lucha contra la represión del sha

Reza Baraheni nació en 1935 en una familia turca azerbaiyana en Tabriz, la capital de la provincia de Azerbaiyán del Este en el noroeste de Irán. Después de estudios universitarios en Tabriz y Estambul en literatura de habla inglesa, asumió responsabilidades de enseñanza y de administración en la Universidad de Teherán. En 1968 fue fundador de la Asociación de Escritores de Irán, cuya demanda por el fin de la censura la llevó a chocar con los secuaces del sha.

Después de dar clases en Texas y Utah de 1972 a 1973, Baraheni regresó a Teherán y publicó un artículo titulado “La cultura del opresor y la cultura de los oprimidos”. Ya era conocido por defender su lengua materna, el azerbaiyano, y las lenguas de otras minorías oprimidas, las cuales estaban prohibidas en las escuelas iraníes. Ya que los persas representan alrededor del 60 porciento de la población de Irán, el monarca, uno de los “caníbales coronados”, en las palabras de Baraheni, se ungió a sí mismo como “sha de shas” de la nación persa. No toleró la resistencia de los azerbaiyanos (el 16 porciento de la población), los kurdos (el 10 porciento), o los baluchíes, árabes, turcomanos y el resto.

El 11 de septiembre de 1973, Baraheni fue arrestado e interrogado sobre su artículo reciente y confinado y torturado en la prisión Comité durante 102 días. Una campaña internacional para exigir su liberación, incluida una carta en el New York Times firmada por 35 destacados artistas, escritores y figuras políticas, obtuvo su libertad en enero de 1974. Baraheni se exilió en Norteamérica.

Los Angeles, June 11, 1964: Some 200 students protest college having shah of Iran as a featured speaker and being given an honorary degree at that year’s University of California Los Angeles graduation ceremony. The protest was initiated by Iranian Students Association and Young Socialist Alliance.
Militante Los Angeles, 11 de junio de 1964: Unos 200 estudiantes protestan contra invitación como orador destacado y otorgamiento de título honorario al sha en la ceremonia de graduación de la Universidad de California en Los Angeles ese año. La protesta fue iniciada por la Asociación de Estudiantes Iraníes y la Alianza de la Juventud Socialista.

“Vine a Estados Unidos con la intención de exponer la represión del sha”, escribió en un relato de su cautiverio en The Crowned Cannibals. “Inmediatamente me uní a las filas de norteamericanos e iraníes que habían formado el Comité para la Libertad Artística e Intelectual en Irán (CAIFI), que había sido fundamental para obtener mi libertad de la cárcel del sha”.

CAIFI había sido fundado a fines de 1973 para organizar la campaña para obtener la libertad de Baraheni. Durante los siguientes cinco años defendió a numerosas personas perseguidas por el régimen del sha, ayudando a lograr la liberación de los escritores Ali Shariatti, Gholamhossein Sa’edi y otros. Baraheni se convirtió en el copresidente honorario de CAIFI y su vocero más destacado.

Los iniciadores centrales del comité fueron estudiantes iraníes en EE.UU., así como George Novack y otros dirigentes del Partido Socialista de los Trabajadores (ver recuadro). Desde la década de 1960, miembros del PST y de la Alianza de la Juventud Socialista  se habían unido a estudiantes iraníes y otros para organizar protestas —en Los Angeles, Nueva York y Washington— cada vez que el sha viajaba a Estados Unidos para cumplir con su principal asegurador y proveedor de armas, el gobierno imperialista norteamericano.

CAIFI organizó reuniones de casos de defensa muy publicitadas en ciudades, pueblos y universidades de EE.UU., en muchas de las cuales Baraheni habló y leyó sus poemas, compartiendo la plataforma con otras personas prominentes. Estos eventos fueron frecuentemente recibidos con provocaciones y disrupciones por matones de organizaciones estudiantiles iraníes maoístas ultraizquierdistas, a veces empuñando garrotes con clavos, cuchillos y otras armas.

Estos grupos estalinistas calumniaron a Baraheni y a los líderes de CAIFI como agentes del sha. Mientras tanto, los verdaderos agentes de Savak, con la ayuda y aprobación del FBI y la CIA, también lanzaban difamaciones y amenazas de muerte contra Baraheni. Muchos escritores, artistas y otros patrocinadores de CAIFI firmaron cartas que condenaban estos ataques a la libertad de expresión y reunión.

Estas agresiones no silenciaron a Baraheni u otros líderes de CAIFI. Para 1978, su denuncia efectiva de la tiranía del sha y las resonantes demandas de libertad cultural y política convergieron con crecientes acciones callejeras, huelgas y otras protestas de masas en el mismo Irán.

Lucha por un partido proletario

Muchos jóvenes opositores iraníes en contra del sha en EE. UU. se unieron al Partido Socialista de los Trabajadores y adquirieron una valiosa experiencia y educación en la política comunista, la actividad de propaganda proletaria y el trabajo de masas. A mediados de la década de 1970, en colaboración con el PST, establecieron una organización iraní en el exilio, a la que llamaron la Liga Sattar.1

Produjeron una revista, Payam Daneshjoo, y establecieron la editorial Fanus Publishing House para publicar obras marxistas básicas en farsi, que los miembros de la nueva organización distribuyeron ampliamente. Estos libros incluían El Manifiesto comunista de Carlos Marx y Federico Engels, El programa de transición para la revolución socialista y El joven Lenin de León Trotsky —todos ellos traducidos al farsi por Baraheni— así como títulos sobre la lucha contra la opresión nacional, por la emancipación de la mujer y la línea de marcha obrera hacia la conquista del poder.

Estos primeros cuadros regresaron a Irán varias semanas antes del derrocamiento revolucionario del régimen del sha el 11 de febrero de 1979. Apenas unas horas después de aterrizar en Teherán, en una conferencia de prensa del 22 de enero ampliamente cubierta por la prensa iraní y mundial, anunciaron la fundación de un partido proletario, el Hezbe Kargaran Socialist (HKS/Partido Socialista de los Trabajadores). La organización pasó a llamarse Partido de la Unidad de los Trabajadores (HVK) en enero de 1981, después de un par de años de experiencia en la lucha de clases, el debate político y la clarificación y realineación del liderazgo.2

Workers, students, soldiers, Tehran, Feb. 10, 1979, celebrate insurrection against U.S.-backed monarchy, which fell the next day. As the revolution unfolded, workers set up factory committees; peasants fought for land; oppressed nationalities demanded language rights; women fought for equal rights.
 Teherán, 10 de febrero de 1979, trabajadores, estudiantes y soldados celebran insurrección contra la monarquía, respaldada por Washington, que cayó al día siguiente. Los trabajadores establecieron comités de fábrica; los campesinos lucharon por tierras; las nacionalidades oprimidas exigieron derechos lingüísticos; las mujeres lucharon por la igualdad de derechos.

Baraheni, que había volado de regreso a Teherán con los dirigentes de HKS, abrió la conferencia de prensa y dijo que, aunque no era miembro del partido, “se debe restaurar la plena libertad de expresión en la prensa y en la cultura y la literatura”. Debería haber elecciones libres, dijo, con todas las asociaciones y partidos políticos capaces de competir por apoyo.

El programa del partido para el pueblo trabajador de Irán fue presentado por los dirigentes de HKS Babak Zahraie, Mahmoud Sayrafiezadeh y Parvin Najafi. Pidieron la participación del pueblo iraní en la toma de decisiones a través de la elección democrática de una asamblea constituyente. Señalando la revolución liderada por el Partido Bolchevique en octubre de 1917 en Rusia y la insurrección de masas y la huelga general de enero de 1959 en Cuba, Sayrafiezadeh dijo que el pueblo trabajador en ambas revoluciones había aprendido que “no era suficiente derrocar un régimen dictatorial. Era necesario continuar la lucha para arrebatarle el poder a la clase gobernante y establecer un gobierno de trabajadores y campesinos.

“Esto también es igual en Irán”, dijo. “Es necesaria una revolución socialista”.

Miembros del nuevo partido —los que regresaban del exilio, así como trabajadores, soldados y estudiantes que pronto se unieron— participaron activamente en muchos frentes de la lucha de clases. Eran trabajadores de refinerías de petróleo y petroquímicas, fábricas de ropa y textiles y otros lugares de trabajo industriales. Eran militantes en los shoras de las fábricas, consejos creados por los trabajadores para combatir el sabotaje capitalista y la aceleración del trabajo por parte de los patrones, así como sus ataques a la seguridad del trabajo y bajos salarios o, a menudo, impagos.

Teherán, 10 de febrero de 1979, trabajadores, estudiantes y soldados celebran insurrección contra la monarquía, respaldada por Washington, que cayó al día siguiente. Los trabajadores establecieron comités de fábrica; los campesinos lucharon por tierras; las nacionalidades oprimidas exigieron derechos lingüísticos; las mujeres lucharon por la igualdad de derechos.
 Teherán, 10 de febrero de 1979, trabajadores, estudiantes y soldados celebran insurrección contra la monarquía, respaldada por Washington, que cayó al día siguiente. Los trabajadores establecieron comités de fábrica; los campesinos lucharon por tierras; las nacionalidades oprimidas exigieron derechos lingüísticos; las mujeres lucharon por la igualdad de derechos.

El HKS exigió la distribución de la tierra bajo control de los shoras de campesinos, así como la autodeterminación nacional y los derechos de lenguaje de los kurdos y otros pueblos oprimidos. Se unieron a las mujeres trabajadoras que luchaban por la igualdad de salario por el mismo trabajo, el cuidado infantil y en contra de la obligación de llevar velo o cualquier otro trato degradante.

Desde el principio, hubo represión por parte del nuevo gobierno burgués, ya que fuerzas leales al ayatola Ruhollah Khomeini intentaron aprovechar la influencia de décadas en el exilio que tenía el clérigo como opositor del sha. Su objetivo era consolidar un régimen clerical-burgués de base chiita, para frenar y revertir los avances de la revolución.

El equilibrio de fuerzas de clase entre el pueblo trabajador y los oprimidos, por un lado, y lo que pronto se ratificó como la República Islámica, por el otro, continuó con altibajos durante casi cuatro años.

La primera reunión pública del HKS, celebrada el 2 de marzo, fue asaltada por bandas de matones islamistas y maoístas. Blandiendo navajas automáticas y cadenas, los atacantes gritaron difamaciones de Baraheni y los lideres del HKS, que estaban en la reunión.

Asistieron más de 2 mil personas, incluidas delegaciones de trabajadores del cemento, trabajadores de las plantas automotrices de General Motors e Irán Nacional, maestros, estudiantes, trabajadores ferroviarios y otros. Aunque la defensa logró impedir que los escuadrones de matones provocaran un enfrentamiento sangriento, los organizadores del evento lo suspendieron y lanzaron una campaña pública exigiendo que se garantizara el derecho de reunión y actividad política.

Menos de una semana después, decenas de miles de mujeres, trabajadores y jóvenes salieron a las calles de Teherán y otras ciudades en el Día Internacional de la Mujer para tratar de revocar el decreto inicial de Khomeini que obligaba a las empleadas del gobierno a llevar el velo y otras prendas tradicionales en el trabajo. Las manifestantes se defendieron de los atacantes instigados por el gobierno, lo que obligó al régimen no solo a retroceder por un período de tiempo, sino también a conceder a las mujeres en las fábricas y otros lugares de trabajo el derecho a participar y ocupar cargos en los shoras de los trabajadores.

In August 1979, a secret tribunal sentenced 12 members of the HKS to death and two to life in prison. Baraheni was among signers in Iran of international call for their release, which won freedom for all 14.
 En agosto de 1979, un tribunal secreto condenó a muerte a 12 miembros del HKS y a dos a cadena perpetua. Baraheni estuvo entre los firmantes en Irán de la campaña internacional por su liberación, que ganó la libertad de los 14.

En agosto de 1979, un tribunal secreto de la provincia de Juzestán, rica en petróleo, dictó sentencias de muerte a 12 miembros del HKS y cadena perpetua a otros dos. El gobierno se negó a anunciar los cargos. De hecho, el único “delito” de los militantes arrestados fue popularizar los puntos de vista proletarios revolucionarios del HKS entre trabajadores, muchos de los cuales pertenecían a la minoría nacional árabe de Irán, en los campos petroleros, refinerías, acerías y otros lugares. Para abril de 1980, una campaña de defensa internacional, entre cuyos firmantes en Irán estaba Reza Baraheni, había conseguido la libertad de los catorce.

El HKS postuló a 17 candidatos en las elecciones de la Asamblea Constitucional de agosto de 1979, incluidos tres de sus miembros encarcelados (Mustafa Gorgzadeh, Mahsa Hashemi y Hamid Shahrabi), así como el único soldado que se postuló para la llamada Asamblea de Expertos de la República Islámica (Nourik Agazian). En las elecciones de enero de 1980 para presidente de Irán, el HKS postuló a Mahmoud Sayrafiezadeh. Y en marzo de 1980, el partido presentó ocho candidatos para el parlamento nacional de Irán.

En septiembre de 1980, el dictador iraquí Saddam Hussein lanzó una invasión a gran escala de Irán, con el respaldo tácito y suministro de armas de Washington, París y otras potencias imperialistas. El pueblo trabajador en Irán vio la guerra como un intento de asestar un golpe mortal a la revolución. Miembros del nuevo partido se encontraban entre los cientos de miles de trabajadores que se ofrecieron como voluntarios para servir y luchar en el frente. Esta movilización contra el ataque reaccionario del régimen iraquí dio un segundo empuje a la resistencia popular a la contrarrevolución dentro del país.

Baraheni arrestado, luego despedido

En octubre de 1981, Baraheni, que había vuelto a dar clases en la Universidad de Teherán, fue detenido por la policía cuando salía de la universidad.  Retenido en secreto e interrogado durante 84 días, sin cargos ni noticias de su paradero, Baraheni volvió a ganar su libertad gracias a una campaña de defensa internacional, en la que tomaron parte activa los que habían fundado el nuevo partido en Irán.

Sin embargo, Baraheni fue despedido de su trabajo como docente universitario. Negándose a ser amordazado o enjaulado, ayudó a convocar una reunión clandestina de la prohibida Asociación de Escritores en 1994. Se unió a otros miembros para redactar y firmar una declaración, el Texto de 134, que exigía “libertad de expresión, sin límites o excepciones”. Tradujo el manifiesto al inglés e hizo que se sacara fuera de Irán y llegara al conocido dramaturgo estadounidense Arthur Miller. Miller lo leyó a los delegados del Congreso de PEN International, la asociación mundial de escritores, en Praga en 1994.

Con la policía secreta nuevamente pisándole los talones, Baraheni evadió a los guardias fronterizos y en 1997 encontró refugio en Canadá. Al establecerse en Toronto, reanudó su escritura y enseñanza cuando su salud se lo permitía, sirviendo como presidente de PEN Canadá de 2001 a 2003.

Cuando la muerte de Reza Baraheni fue anunciada por su familia en marzo, no hubo condolencias de la red de televisión monárquica Iraní Manoto, con sede en Londres, que transmite vía satélites ocultos por todo Irán. Baraheni “tuvo 43 años para decir que había cometido un error”, escribió un comentarista, “y podría haberse disculpado ante el pueblo iraní, pero prefirió dejar este mundo como un traidor”.

Un traidor a los caníbales coronados del capital de todo el mundo, sí. Y estaba orgulloso de serlo. Pero no a la lucha por la libertad de palabra y de expresión a la que dedicó su vida.

*  *  *Para fines de 1982, una ofensiva del gobierno en Irán con arrestos, ejecuciones y terror perpetrado por matones hizo imposible que los trabajadores con conciencia revolucionaria siguieran organizando y construyendo un partido proletario allí.

Sin embargo, unos 35 años después, desde finales de 2017, los que producen la riqueza de la que dependen los gobernantes de Irán para mantener sus ganancias y comodidades han comenzado a mostrar una creciente resistencia contra el régimen clerical-burgués  y todas sus alas.

Isfahan, Iran, November 2021: Farmers and workers protest on dried-up riverbed demanding government action in face of devastating drought. Since 2017 working people have mounted actions against Tehran’s bourgeois-clerical regime, especially deaths and sacrifice from the rulers’ expansionist wars.
Hamidreza Nikoomaram/Fars News Agency via AP Isfahán, Irán, noviembre de 2021: Agricultores y trabajadores protestan en el lecho seco de un río exigiendo acción del gobierno ante una devastadora sequía. Desde 2017, los trabajadores han organizado acciones contra el régimen clerical-burgués de Teherán, especialmente las muertes y sacrificios, productos de las guerras expansionistas de los gobernantes.

Trabajadores en ciudades, pueblos pequeños y áreas rurales —trabajadores petroleros y petroquímicos; azucareros, maestros, pequeños agricultores; persas, árabes, kurdos, azeríes y otros; jóvenes y viejos; mujeres y hombres— han tomado las calles una y otra vez en sus miles y decenas de miles. Han exigido salarios no pagados, derechos de agua, precios de combustible asequibles, dignidad para las mujeres y las nacionalidades oprimidas, y la libertad de decir lo que uno piensa y de organizarse y actuar a favor de sus propios intereses de clase.

Sobre todo, cada vez más trabajadores, agricultores y sus familias están hartos de las guerras contrarrevolucionarias de Teherán libradas para servir los objetivos expansionistas de los capitalistas iraníes. No quieren más aventuras militares, que se han extendido desde la frontera afgana, por Iraq, Siria y la península arábiga hasta las costas mediterráneas del Líbano. No más bolsas con cadáveres o funerales. No más sacrificios forzados a costa del pueblo trabajador y para el enriquecimiento de los gobernantes.

En un mensaje de felicitación al Hezbe Kargaran Socialist en enero de 1979, el secretario nacional del Partido Socialista de los Trabajadores, Jack Barnes, elogió la fundación del partido como “un evento histórico e inspirador”, preparado a través de “propaganda paciente” y “tareas minuciosas”.

Desde la formación de cuadros en Norteamérica e Irán hace casi medio siglo, hasta las crisis sociales y movilizaciones de hoy, el esfuerzo paciente y minucioso para traducir, mantener impreso y distribuir las lecciones programáticas que necesita el pueblo trabajador nunca ha cesado. Ha continuado y ha resultado en el creciente catálogo de libros producidos por Talaye Porsoo y otras editoriales de Irán. Continúa con la amplia circulación de esas publicaciones, incluidas dos traducidas por Reza Baraheni, en librerías, puestos en la Feria Internacional del Libro de Teherán, entre estudiantes y dentro de la clase obrera.

Ese trabajo continúa hasta el día de hoy.


  1. Nombrada en honor a Sattar Khan, un líder central de la Revolución Constitu-cional de 1905-11 en Irán, oriundo de la región de Azerbaiyán.
  2.  Vea “El comunismo, la clase obrera y la lucha antiimperialista: Lecciones de la guerra Irán-Iraq”, dos documentos del HVK, con una introducción de Samad Sharif. Publicado en el número 1 de Nueva Internacional, una revista de política y teoría marxistas publicada y distribuida por Pathfinder Press.

    Dos títulos en farsi publicados por Talaye Porsoo. De izq. El Manifiesto Comunista de Marx y Engels; Ha comenzado el largo y caliente invierno del capitalismo por Jack Barnes; y uno (derecha) publicado por Golazin, Los cosméticos, las modas y la explotación de la mujer de Joseph Hansen, Evelyn Reed y Mary-Alice Waters (también disponibles en pathfinderpress.com). Estas editoriales mantienen impresos y distribuyen libros que contienen lecciones programáticas importantes que trabajadores en Irán necesitan hoy.
    Dos títulos en farsi publicados por Talaye Porsoo. De izq. El Manifiesto Comunista de Marx y Engels; Ha comenzado el largo y caliente invierno del capitalismo por Jack Barnes; y uno (derecha) publicado por Golazin, Los cosméticos, las modas y la explotación de la mujer de Joseph Hansen, Evelyn Reed y Mary-Alice Waters (también disponibles en pathfinderpress.com). Estas editoriales mantienen impresos y distribuyen libros que contienen lecciones programáticas importantes que trabajadores en Irán necesitan hoy.