Apoye el derecho de Israel a existir, luchar contra un nuevo Holocausto

Por Seth Galinsky
21 de julio de 2025

La Casa Blanca y los medios de comunicación capitalista presentan las actuales negociaciones sobre un cese del fuego en Gaza como si el gobierno israelí y Hamás, un grupo con inspiración nazi, tuvieran intereses igualmente legítimos y pudieran poner fin a la guerra, si tan solo fueran más “flexibles”.

El presidente Donald Trump se presenta como el único árbitro capaz de lograr este acuerdo, presionando a ambas partes para que hagan concesiones. Netanyahu “quiere resolverlo, yo quiero resolverlo y creo que la otra parte [Hamás] quiere resolverlo”, dijo Trump el 8 de julio.

Esto deja afuera los intereses y objetivos marcadamente opuestos que están en juego.

Hamás quiere garantías de que un alto el fuego temporal conduzca a uno “permanente” con la retirada total de las tropas israelíes de Gaza, lo que le permitiría restaurar su capacidad de realizar más pogromos como paso hacia una “solución final” a la cuestión judía. El gobierno israelí afirma que la guerra no puede terminar hasta que los líderes de Hamás sean exiliados, sus fuerzas completamente desarmadas y se le impida ejercer cualquier papel en el gobierno de Gaza.

La guerra actual fue iniciada por Hamás el 7 de octubre de 2023, cuando lanzó la mayor masacre de judíos desde el Holocausto. Fue planeada durante años en colaboración con el régimen reaccionario antijudío en Teherán. Los escuadrones de la muerte de Hamás asesinaron a 1,200 personas, entre ellas unas dos decenas de ciudadanos árabes de Israel y más de 50 trabajadores inmigrantes; violaron a decenas de mujeres y algunos hombres; y tomaron 251 rehenes.

Hamás planeó las violaciones

El 8 de julio, el Proyecto Dinah, con sede en Israel, creado para contrarrestar a los grupos que niegan la violencia sexual desatada por Hamás y sus aliados, publicó un nuevo informe titulado “En búsqueda de justicia: 7 de octubre y más allá”.

El informe se basa en el testimonio de 15 rehenes liberados, de una superviviente de un intento de violación el 7 de octubre, 17 testigos de más de 15 incidentes separados de agresión sexual en numerosos lugares, incluyendo violaciones en grupo, 27 socorristas y personal de la morgue que vieron los cadáveres de las víctimas, junto con pruebas fotográficas, incluyendo videos grabados por los propios matones de Hamás. Los autores del informe también revisaron las comunicaciones interceptadas de Hamás.

En más de un caso, las violaciones continuaron después de que la víctima había muerto. Los genitales de muchas de las mujeres y hombres asesinados por Hamás fueron mutilados o quemados.

El informe señala que una dificultad para obtener un panorama completo fue que “en la mayoría de los casos, las víctimas de violación fueron asesinadas durante o inmediatamente después de la agresión”. Y porque muchas de las víctimas y testigos aún están demasiado traumatizados para contar sus historias. Pero es más que suficiente para establecer que las agresiones sexuales formaban parte del plan de Hamás desde el principio.

Hamás no ha cambiado

Nada ha cambiado en los objetivos de Hamás y sus facilitadores en Teherán desde el 7 de octubre. Su meta es destruir Israel y expulsar o matar a todos los judíos allí.

La prensa burguesa liberal presenta a Hamás como una organización que, de alguna manera distorsionada, representa las aspiraciones del pueblo palestino en Gaza. Nada podría estar más lejos de la realidad.

Hamás instauró una brutal dictadura en Gaza que torturó y asesinó a sus oponentes políticos y a residentes de Gaza que son homosexuales, pisoteó los derechos de las mujeres y desmanteló los sindicatos. Hamás gastó cientos de millones de dólares para preparar su guerra de exterminio contra los judíos. Hamás construyó un sistema de túneles para sus tropas que rivalizaba con el metro de Nueva York, pero ni un solo refugio antiaéreo para la población de Gaza.

Sigue utilizando a los palestinos como escudos humanos. “Aunque Israel matara a 20 mil o a otros 100 mil [civiles], tenemos una carta fuerte en nuestras manos”, declaró el líder de Hamás, Ghazi Hamad, a principios de julio.

El grupo antiobrero sigue aferrado al poder, brutalizando a la población de Gaza, golpeando y asesinando a quienes desafían su dominio. Hamás ha asesinado a palestinos que han colaborado con el programa de distribución de alimentos de la Fundación Humanitaria de Gaza, que trabaja con Israel para eludir los esfuerzos de ayuda de la ONU, plagados de Hamás. Y sigue amenazando a quienes lideraron las protestas de miles de palestinos en mayo y junio que exigieron la salida de Hamás de Gaza.

Imperialismo EEUU quiere ‘trato’

Mientras que el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu quiere garantizar que Teherán desmantele por completo su programa de armas nucleares, “Trump tiene otros objetivos”, señala un artículo del diario israelí Hayom el 9 de julio. “Ve la oportunidad de presionar a Irán para que llegue a un acuerdo y logre la gran hazaña diplomática de restablecer las lazos con Irán”.

Al igual que el gobierno de Biden, Trump considera que poner fin a la guerra en Gaza es necesario para avanzar hacia la meta de Washington de mejorar las relaciones con los gobiernos árabes y musulmanes en todo el Medio Oriente y bloquear cualquier avance de Beijing, su principal rival: una nueva Pax Americana.

El único interés del imperialismo estadounidense es saquear los recursos humanos y naturales de la región, no defender la existencia de Israel como refugio para los judíos, ni las vidas y los derechos nacionales de los palestinos.

Israel, como cualquier país capitalista del mundo, está dividido en clases. Los trabajadores con conciencia de clase no apoyan políticamente a ninguna rama del gobierno, ni a sus instituciones, ni a ninguno de los partidos capitalistas del país.

Pero los trabajadores y otros que se oponen al odio antijudío entienden que una victoria israelí contra Hamás es necesaria para prevenir otro Holocausto. Y es una cuestión decisiva para promover los intereses de clase de todos los trabajadores —judíos, palestinos y otros— en la región.