La postura de la administración de Donald Trump en sus esfuerzos por poner fin a los ataques de Moscú contra el pueblo ucraniano sigue cambiando casi a diario. Lo que no cambia es su meta de promover los intereses del imperialismo estadounidense. Trump se reunió con el presidente ruso Vladímir Putin en Alaska el 15 de agosto, y tres días después, en la Casa Blanca, con el presidente ucraniano Volodímir Zelenski acompañado por varios líderes europeos de alto nivel. Ahora dice que está tratando de organizar una reunión entre los presidentes ruso y ucraniano. No está claro hacia dónde va todo esto. Todas las partes tienen intereses contrapuestos.
Lo único cierto es que Putin sigue bombardeando edificios de apartamentos, escuelas y otros blancos civiles en Ucrania. Y que cada semana pierde a miles de soldados en sus intentos de conquistar unos pocos metros más de territorio en el este de Ucrania.
Los gobernantes estadounidenses buscan normalizar las relaciones con Putin, intentando acercar a Moscú a medida que se intensifica la rivalidad económica y militar entre Washington y Beijing. Trump está tratando de estabilizar la posición dominante del imperialismo estadounidense mediante una combinación de conflictos comerciales y acuerdos de paz.
En las reuniones de la Casa Blanca, Trump intentó obtener el apoyo de los líderes de gobierno del Reino Unido, Alemania, Francia, Italia y Finlandia, así como de la Comisión Europea y la OTAN, a la iniciativa de Washington. Todos estos “aliados” buscan promover los intereses de sus propias clases capitalistas en una posible “resolución” de la guerra, independientemente de la preocupación que profesan sobre la soberanía ucraniana.
Horas antes de la reunión en la Casa Blanca, los misiles y drones de Moscú llovieron sobre varias ciudades ucranianas, matando a 14 civiles e hiriendo a decenas más. La mitad de las muertes ocurrieron en Járkov, cerca de la frontera con Rusia, cuando un edificio residencial fue atacado.
‘Derecho inalienable a soberanía’
Cualquier “acuerdo de paz que viole la integridad territorial de Ucrania” solo preparará el terreno y concederá tiempo para nuevos ataques de Moscú”, dijo Mustafa Dzhemilev al Grupo de Protección de los Derechos Humanos de Járkov el 18 de agosto. Dzhemilev es el principal dirigente del pueblo tártaro de Crimea, expulsado de la península cuando fue ocupada por Putin en 2014. El objetivo de Trump es poner fin a la guerra, dijo, cueste lo que cueste. “A él no le preocupan los intereses de Ucrania”.
“Nadie tiene derecho a tomar decisiones sobre el destino de Crimea”, afirmó, sin garantizar “el derecho inalienable del pueblo tártaro de Crimea a la autodeterminación en su patria histórica como parte del estado ucraniano”.
Trump ha planteado “posibles intercambios de territorio, teniendo en cuenta la línea de contacto actual” para cualquier acuerdo de “paz”. Dice que las potencias europeas, en “coordinación” con Washington, implementarán medidas para “disuadir cualquier agresión futura contra Ucrania”. Como parte de sus intentos para obtener la aprobación de Putin, descartó la admisión de Kiev en la alianza de la OTAN, liderada por Estados Unidos, que Zelenski había solicitado.
La región metalúrgica y carbonífera del Donbás es el corazón industrial de Ucrania. Ha sido codiciada por los gobernantes capitalistas rusos desde que Ucrania se independizó en 1991, tras la desintegración de la antigua Unión Soviética. Moscú ocupa la mayor parte de la provincia de Luhansk, pero solo tres cuartas partes de la de Donetsk.
Ceder territorio más allá del que Moscú ya ocupa sería insostenible para Kiev. Además de perder recursos naturales e industrias claves, ceder a Moscú el conjunto de ciudades fuertemente fortificadas que forman parte de la región de Donetsk bajo control ucraniano, abriría una vía para que Putin avanzara hacia Dnipro y luego hacia Kiev en el futuro.
Pase lo que pase en estas negociaciones, Putin no tiene intención de renunciar a la conquista de toda Ucrania. Yuri Ushakov, el asesor de Putin, dijo a los medios en julio: “Nuestro presidente afirmó que Rusia alcanzará los objetivos que se ha fijado: es decir, la eliminación de las causas profundas bien conocidas que llevaron a la situación actual”. Añadió: “Rusia no cederá en estos objetivos”.
Y el pueblo ucraniano no tiene intención de permitir que Moscú conquiste su país.
Pequeños avances hechos recientemente por las tropas rusas amenazaron con rodear la ciudad de Pokrovsk, en el frente oriental, rompiendo las líneas defensivas ucranianas. Sin embargo, fueron repelidos por aguerridos refuerzos ucranianos. Para el 18 de agosto, más de 800 soldados rusos estaban rodeados, y sufrieron numerosas bajas. Decenas de tropas rusas se rindieron al inicio del contraataque.
Tropas rusas son carne de cañón
Contra el consejo de su esposa, Mijaíl Simdyankin, un trabajador de almacén en San Petersburgo agobiado por las deudas, se alistó el año pasado cuando el bono ofrecido por inscribirse alcanzó los 2 millones de rublos, unos 25 mil dólares. Fue uno de los cientos de miles de hombres atraídos al ejército ruso por la propaganda, ofertas de salarios lucrativos o para evitar la cárcel.
Los oficiales rusos emplean tácticas brutales en sus ofensivas masivas o intentan obtener pequeñas victorias desplegando escuadrones suicidas. En ambos casos, cientos de sus soldados mueren. Han tenido más de un millón de bajas en los tres años y medio de guerra.
Simdyankin fue lanzado al frente tres semanas después de alistarse. En menos de un mes, la mayoría de los 100 soldados de su grupo de asalto había muerto o resultado gravemente herido. Él tuvo suerte de resultar herido y capturado. Ahora se encuentra en un campo de prisioneros de guerra en Ucrania.
“Nuestros comandantes nos consideraban desechables”, dijo al Wall Street Journal. “No les importaba si sobrevivíamos o no”.
A medida que crece la oposición al régimen de Putin y su guerra, los trabajadores en Rusia —no Washington ni las otras potencias imperialistas “democráticas” que buscan su propio beneficio— serán los aliados más fiables del pueblo ucraniano que lucha por defender su soberanía nacional.