2006: Marcha de 2 millones por amnistía, un ejemplo para hoy

Por Róger Calero
15 de septiembre de 2025
Contingente de UNITE HERE en marcha del Primero de Mayo de 2006 en Chicago, parte de una huelga política nacional de millones para exigir amnistía para los inmigrantes.
Militante/Rollande GirardContingente de UNITE HERE en marcha del Primero de Mayo de 2006 en Chicago, parte de una huelga política nacional de millones para exigir amnistía para los inmigrantes.

Varios sindicatos en Estados Unidos se han pronunciado recientemente en defensa de miembros amenazados con deportación. Esto destaca el hecho de que la lucha por amnistía para todos los trabajadores indocumentados en Estados Unidos está interrelacionada con la fortaleza del movimiento obrero.

La capacidad del movimiento obrero de luchar eficazmente por mejores salarios y condiciones laborales depende de su habilidad de convencer a los trabajadores —tanto los nacidos en Estados Unidos como los de otros países— de la necesidad de unir fuerzas.

Si la clase gobernante logra convencer a un sector significativo de la clase trabajadora de que los inmigrantes deben ser tratados como parias con menos protecciones constitucionales y derechos legales, las luchas de todos los trabajadores se verán debilitadas.

A mediados de julio el New York Times publicó un artículo sobre una película de 2004, “A Day Without a Mexican” (un día sin mexicanos). La película muestra una California que se despertó un día y encontró que todos los mexicanos habían desaparecido de los campos de cultivo, obras de construcción, plantas empacadoras de carne, y de todos lados. El Times comentó que la película se parecía a lo que está sucediendo hoy, con la ausencia de feligreses en iglesias y el poco tráfico en tiendas y calles en Los Angeles después de que los agentes de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) descendieron sobre la ciudad y los trabajadores se quedaron en casa por miedo a ser detenidos.

Pero el artículo ni menciona las históricas movilizaciones masivas que tuvieron lugar el 1 de mayo de 2006 bajo el lema “Un día sin inmigrantes”. Dos millones de personas, en más de 140 ciudades de 40 estados, salieron a la calle a protestar. Se ausentaron de sus empleos no por miedo, sino en firme oposición al proyecto de ley Sensenbrenner, que habría convertido en delito grave vivir en Estados Unidos sin papeles.

Cientos de miles de trabajadores de todo el país no fueron a trabajar, en muchos casos alentados por sus sindicatos, y se unieron a las manifestaciones.

Por todas partes había debates sobre el proyecto de ley y el papel de los trabajadores inmigrantes. Muchos trabajadores nacidos en Estados Unidos fueron atraídos a participar impresionados por el ejemplo de unidad y determinación demostrado en las protestas.

La revista conservadora National Review señaló con alarma que las manifestaciones eran “inquietantes… porque eran indicio de que una gran población no asimilada existía al margen de las leyes estadounidenses y sin evidenciar ninguna timidez al respecto”.

Eso es precisamente lo que los patrones intentan inculcar: “timidez”, al mantener a una gran porción de inmigrantes con menos derechos que el resto de la clase trabajadora. Los trabajadores inmigrantes respondieron diciendo que no vamos a vivir con miedo: “¡No somos criminales! ¡Somos trabajadores!”.

Estas contundentes acciones pusieron la cuestión de la amnistía en la agenda política nacional. La AFL-CIO se unió a grupos defensores de los derechos de los inmigrantes, como la Caravana por la Libertad de los Trabajadores Inmigrantes, para pedir la amnistía. Autobuses recorrieron el país movilizando apoyo a los derechos de los inmigrantes. Muchos africano americanos brindaron apoyo, recordando las Caravanas por la Libertad originales, que ayudaron a construir el movimiento que derribó el sistema Jim Crow de segregación racial en la década de 1960.

Estas manifestaciones dieron un empuje a las luchas obreras y se apoyaron en el éxito de las huelgas y otras luchas ocurridas en la década anterior.

Dos luchas emblemáticas de aquel entonces demostraron cómo la incorporación de inmigrantes a la clase trabajadora había fortalecido el movimiento obrero. Una fue la campaña que en 1992 incorporó a 4 mil instaladores de paneles de yeso (drywaleros), en su mayoría trabajadores inmigrantes, al sindicato de Carpinteros del Sur de California. La otra fue la Campaña Justicia para los Conserjes, que afilió a miles de trabajadores de limpieza de edificios al Sindicato Internacional de Empleados de Servicios (SEIU) en los años 90.

Inmigrantes fortalecen sindicatos

El trabajo de instalación de paneles de yeso había sido tradicionalmente un trabajo sindicalizado bien remunerado para trabajadores nacidos en Estados Unidos. Pero los patrones lograron deshacerse de los sindicatos en el sector inmobiliario residencial reemplazando a los trabajadores sindicalizados con inmigrantes indocumentados, principalmente de México.

Antes de la huelga, los dirigentes del sindicato de Carpinteros trataban a los inmigrantes como “esquiroles” por ocupar el puesto de los trabajadores sindicalizados. Esto cambió drásticamente cuando esos mismos trabajadores solicitaron apoyo del sindicato durante una huelga de seis meses. Vale la pena ver el documental sobre la huelga producido por el sindicato, “The 30th Anniversary of the 1992 Southern California Drywall Strike”, disponible en YouTube.

Actualmente, se estima que en la ciudad de Nueva York el 40% de los obreros de la construcción son indocumentados. Entre ellos se encuentran los hombres y mujeres que se unirán y liderarán las luchas sindicales venideras.

Los dirigentes sindicales deben rechazar la demagogia de los políticos capitalistas que dicen proteger los “empleos estadounidenses” y luchar por defender el derecho fundamental de todos los trabajadores a un empleo.

Los patrones dependen de la mano de obra inmigrante. Lo demuestra las objeciones de los patrones a los crecientes ataques del gobierno contra trabajadores indocumentados en los sectores de agricultura, construcción, hotelería y restaurantes. Les preocupa que las redadas, deportaciones y la revocación del Estatus de Protección Temporal (TPS) y otros programas de parole humanitario estén reduciendo demasiado la reserva de mano de obra explotable que necesitan.

La meta de las familias capitalistas gobernantes no es expulsar a todos los indocumentados, sino ponerlos en una situación tan precaria que tengan que someterse y aceptar una condición de segunda clase.

Una convocatoria a manifestaciones masivas contra las deportaciones y por la amnistía movilizaría un amplio apoyo hoy, incluso entre muchos que votaron por Donald Trump y que rechazan los arrestos y deportaciones de sus vecinos, amigos y compañeros de trabajo.

A medida que se profundiza la crisis actual del capitalismo, las familias capitalistas gobernantes no tienen otra alternativa que intensificar su brutal ofensiva para reducir los salarios y el nivel de vida del pueblo trabajador en su totalidad. Para ello, necesitan fomentar divisiones dentro de la clase trabajadora y debilitar su capacidad de defenderse.

Esto es lo que está en juego en la lucha por la amnistía, para unificar a la clase trabajadora. Esta es la perspectiva que promueve el Partido Socialista de los Trabajadores. Lo invitamos a que se una a nosotros.