Junto con la matanza de 1,200 judíos y otras personas, y la violación y mutilación de decenas de mujeres, el secuestro de 251 rehenes mantenidos en cautiverio en Gaza fue un elemento central del pogromo de Hamás el 7 de octubre de 2023.
Pero ahora que todos los rehenes que quedaban vivos han sido liberados, más detalles sobre la brutalidad de Hamás están saliendo a la luz. Sus testimonios ayudan a exponer el verdadero carácter de estos matones antisemitas.
Rom Braslavski, quien pasó 738 días en cautiverio, describió la perversidad de Hamás en una entrevista del Canal 13 de Israel. Fue secuestrado del popular Festival de Música Nova, uno de los objetivos principales de Hamás, donde trabajaba como guardia de seguridad. Tenía 19 años.
Braslavski fue mantenido solo durante todo el tiempo que estuvo retenido por la Yihad Islámica, aliada de Hamás, excepto durante las 48 horas que pasó en Rafah en mayo de 2024 con Sasha Troufanov, su compañero cautivo. Durante ese breve periodo, “hablamos durante horas, sin parar”, dijo Braslavski. Explicó que a menudo le daban menos de un pan de pita al día.
Las condiciones empeoraron en marzo de 2025 después de que se negó a convertirse al islam. Sus captores redujeron su ya escasa ración de comida y su ración de agua a medio litro al día. Solo le permitían ir al baño tres veces al día y lo mantenían con los ojos vendados casi todo el tiempo.
Los matones intensificaron la frecuencia de las palizas, y hasta lo golpearon repetidamente con un látigo de metal.
La tortura empeoró aún más después de agosto de 2025, cuando la Yihad Islámica publicó un video mostrando a un Braslavski demacrado describiendo lo poco que le daban de comer. Comenzaron a abusarlo sexualmente, desnudándolo y atándolo.
“Fue violencia sexual, y su principal objetivo era humillarme”, dijo. “La meta era destruir mi dignidad”.
‘Me torturaron porque soy judío’
“Me torturaron por una sola razón: porque soy judío”, dijo al Canal 13. “Me golpearon porque soy judío. Eso es todo”.
El trato que recibieron los rehenes fue variado. Algunos permanecieron principalmente en la superficie, en casas de partidarios de Hamás. Otros fueron encarcelados junto con otros rehenes, mientras que otros fueron mantenidos solos casi todo el tiempo en los túneles de Hamás. Algunos perdieron entre el 30% y el 50% de su peso corporal.
La pareja Keith y Aviva Siegel dieron testimonio ante el Comité contra la Tortura de la ONU, en Ginebra el 12 de noviembre. Aviva estuvo cautiva durante 51 días y fue liberada en un intercambio por miembros de Hamás encarcelados en Israel. Keith permaneció cautivo durante 484 días.
Keith Siegel fue obligado a presenciar cómo los matones de Hamás golpeaban a una mujer secuestrada mientras yacía en el suelo con las manos y los pies atados y la boca amordazada.
Aviva Siegel testificó que los peores momentos fueron ver cómo los matones “torturaban a mi esposo Keith [y] lo que les hicieron a las muchachas. Y ni siquiera me permitieron abrazarlas [a ellas]” después.
Estos testimonios, junto con los de otros rehenes, exponen las mentiras de Hamás y sus partidarios. El 7 de noviembre, Khalil Al-Hayya, miembro del Buró Político de Hamás, dijo que la “Inundación de Al-Aqsa” —nombre que Hamás dio al pogromo del 7 de octubre— “fue una restauración de la dignidad” frente a la “marginalización” de la causa palestina. El líder de Hamás, Khaled Meshaal, se refirió cínicamente a los rehenes como “invitados”.
Hamás afirma que el alto el fuego actual es solo una “tregua” temporal. Está aprovechando el tiempo para reafirmar su poder dictatorial en Gaza y ya ha comenzado a prepararse para el próximo 7 de octubre.