Obreros de minas, refinerías y jubilados protestan en Irán

Escazes de agua, precios, guerra impulsan protestas

Por Seth Galinsky
8 de diciembre de 2025
Protesta y huelga en complejo de gas South Pars, exige alzas salariales y horarios más humanos, 4 de noviembre. Decenas de huelgas y protestas ocurren semanalmente en Irán.
Protesta y huelga en complejo de gas South Pars, exige alzas salariales y horarios más humanos, 4 de noviembre. Decenas de huelgas y protestas ocurren semanalmente en Irán.

“Nuestro recibo de pago es un sello de esclavitud”, coreaban el 10 de noviembre cientos de trabajadores temporales de la refinería de gas Fajr Jam, en la provincia de Bushehr, al sur de Irán, durante un paro laboral y marcha. “¡Basta de promesas, nuestra mesa está vacía!”.

A tan solo 60 millas de distancia, 3 mil trabajadores de 12 refinerías y sus familias marchaban por las calles de Asaluyeh, en el Complejo de Gas South Pars. Exigían ser contratados directamente por la empresa, en vez del súper explotador sistema de contratación. También reclamaban aumentos salariales, horarios de trabajo más humanos y otras mejoras.

Cuatro días después, trabajadores petroleros de por lo menos nueve refinerías, empleados directamente por las compañías petroleras, realizaron protestas en los campos petroleros y gasíferos del sur del país, exigiendo aumentos salariales, la eliminación del tope salarial, mejoras en las pensiones y medidas para proteger sus fondos de jubilación. Llevan más de un año realizando protestas semanales.

Esa misma semana, cientos de enfermeras se manifestaron durante tres días consecutivos frente a la Universidad de Ciencias Médicas y el Hospital Akbar en Mashhad, al noreste de Irán. “La inflación es en dólares, nuestros salarios en riales”, coreaban. “Nuestros derechos solo se conquistan en las calles”. La inflación en los productos básicos supera actualmente el 40% anual.

La Unión de Jubilados dice que el costo de “las verduras más básicas se ha multiplicado varias veces”. Añade que la gente se pregunta con indignación: “¿Hemos llegado al punto en que la fruta se ha convertido en un sueño de la familia?”, y advierte: “Si esto continúa, mañana el pan y los huevos también serán considerados artículos de lujo”.

Obreros de la mina de oro de Zarshouran, en Azerbaiyán Occidental, una provincia mayoritariamente kurda del noroeste del país, protestaron el 13 de noviembre frente a las oficinas de la mina. “Todos trabajamos en el mismo complejo, pero nuestros salarios y prestaciones son la mitad de lo que ganan los obreros de fábrica”, dijo uno de ellos. Encima de esto, la compañía les debe salarios atrasados.

Estas son solo algunas de las decenas de protestas y huelgas laborales que ocurren cada semana en Irán, en medio de una grave escasez de agua, una crisis económica cada vez más profunda y una oposición generalizada a las intervenciones militares del régimen en el extranjero, destinadas a extender su dominio y destruir a Israel, el único refugio para los judíos en el mundo.

“Un sorprende total de 19 represas —en comparación con nueve hace tres semanas— están a punto de secarse, llenas con menos del 5% de su capacidad”, informó Al Jazeera. En Teherán una caída de presión del agua entre medianoche y las 5 de la mañana prácticamente corta el suministro cada noche.

Las autoridades iraníes han agotado las reservas subterráneas de agua a tal punto que más de 800 pueblos y ciudades, Teherán incluido, corren riesgo de sufrir hundimientos de terreno. En septiembre, 40 escuelas y un complejo residencial fueron evacuados debido al riesgo inminente de derrumbe.

Si bien la escasez fue provocada por la poca lluvia en los últimos seis años, se calcula que un tercio del agua se desperdicia debido a infraestructuras anticuadas y prácticas de riego obsoletas, así como a la mala gestión burocrática. Muchos creen que una “mafia del agua”, controlada por empresas dirigidas por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica del régimen, construye represas y desvía agua hacia empresas y zonas de su preferencia.

Un incidente ocurrido recientemente en Ahvaz puso de manifiesto las profundas tensiones de clase. Ahmad Baledi, un estudiante de 20 años de edad, se prendió fuego en señal de protesta después que su familia fuera desalojada por la fuerza de su pequeño puesto de comida en un parque por la policía. El pequeño negocio había sustentado a ocho miembros de su familia durante dos décadas, pero las autoridades municipales decidieron ceder el local a otra persona. Baledi pertenece a la oprimida etnia árabe de Irán.

Según testigos, los policías se burlaron de él antes de que se prendiera fuego, preguntándole si quería “cerillas o un encendedor”.

Familiares de Baledi, comerciantes y otros trabajadores protestaron frente al hospital donde fue ingresado con quemaduras catastróficas.

Cuando falleció nueve días después, las autoridades, preocupadas por la posibilidad de más protestas, ordenaron a la familia celebrar el funeral de inmediato, sin previo aviso. Sin embargo, cientos de personas acudieron, convirtiéndolo en una manifestación contra las injusticias del régimen. Después del funeral, funcionarios municipales fueron arrestados y el presidente iraní, Masuud Pezeshkian, ordenó una investigación, en un intento del régimen de guardar las apariencias.